Ejemplo de Estudio Sobre Turismo Cultural

 

Desde hace años hemos puesto nuestra atención en el desarrollo y la promoción del turismo cultural. Los museos y las organizaciones culturales han entendido el turismo como una forma de extender sus misiones, al impactar de otra manera sobre audiencias antes no alcanzables (o mercados) y como factor de generación de ingresos adicionales. Actualmente, dichos ingresos son fundamentales en una era en la que disminuyen los fondos públicos y apenas existen patrocinios filantrópicos. La industria del turismo «convencional» apoya el desarrollo del «cultural» como una forma de satisfacer las necesidades y los deseos de un mercado turístico cambiante, principalmente para captar y aumentar su participación. Las organizaciones culturales entienden esto como un elemento crítico para obtener apoyo político, comunitario y financiero en sus programas e instalaciones. La industria del turismo considera que este es un criterio esencial para la inclusión de una atracción o experiencia en el sistema turístico, y se muestra interesada en demostrar ventajas económicas a las comunidades, regiones y estados, además de reconocer sus beneficios más tradicionales: educación, preservación, mejora de la calidad de vida. Como resultado, museos, sitios históricos, organizaciones de artes escénicas y otras instituciones culturales han encargado numerosos estudios de impacto económico. Con ellos se pretende demostrar su valor en términos comprensibles para la industria del turismo, los legisladores estatales y los políticos locales, las autoridades de desarrollo económico y comunitario, y otras entidades responsables de asignar esos recursos cada vez más limitados.

Si bien los resultados de estos estudios proporcionan la información de «fondo» deseada por los líderes empresariales y políticos, las conclusiones son importantes para la autoevaluación organizacional y una futura planificación. Los impactos económicos son simplemente un indicador de los factores subyacentes, y si resultan positivos en un turismo basado en museos (u otra organización cultural), se deben entender las razones por las cuales las personas deciden gastar su dinero en actividades relacionadas con la cultura. ¿En base a qué elige la gente los destinos turísticos? ¿Cuál es el papel o la importancia de los museos y otros sitios / eventos / experiencias culturales (en adelante denominados simplemente como «museos») en esas decisiones? ¿Cómo hacen los visitantes (o posibles visitantes) para visitar los museos? ¿Cuáles son los factores o características del sitio o experiencia que les atraen? ¿Cuánto están dispuestos a pagar por la entrada? ¿Cuáles son las partes más demandadas de una experiencia de museo? ¿Qué no les gusta, o les ha faltado, de su experiencia? ¿Cuáles son los factores que animarían a los turistas a regresar en el futuro (fidelización)? ¿En qué otras actividades participan durante su viaje, en el que se incorpora una visita al museo? ¿En qué emplean su dinero los turistas? Las respuestas a estas y otras preguntas subyacen al comportamiento del gasto turístico, tanto en la visita al museo como en la comunidad local.

Según Vander Stoep (2005), es difícil proporcionar una definición universalmente aceptada sobre turismo cultural, en parte porque el término «cultura» se interpreta de muchas maneras, y porque también la experiencia del turismo es intrínsecamente compleja, lo que hace que sean difícil de aislar los componentes «patrimoniales o culturales» de un viaje de aquellos que no lo son. Para estimar los impactos económicos, es fundamental poner en práctica una definición de la experiencia de viaje. Sin embargo, esto es menos importante para comprender los factores asociados sobre cómo y por qué los turistas potenciales deciden sus destinos de viaje, el modo de vivir experiencias específicas y los gastos que todo ello conlleva.

En cualquier caso, observamos que este tipo de estudios muestran una gran complejidad y, en general, aparecen bastante segmentados. Si analizamos un estudio-ejemplo proveniente de un país anglosajón, comprobamos que los visitantes locales son menos propensos a responder a las encuestas posteriores a su viaje, mientras que los que realizan viajes nocturnos están sobrerrepresentados en ellas. Por otro lado, en nuestro ejemplo se muestrea a visitantes adultos (más de 18 años), por lo que las estadísticas generalmente excluyen a un buen número de visitantes que formaban parte de grupos organizados de escuelas (público cautivo). Tampoco se incluye a las minorías, una población con niveles más altos de educación e ingresos. El informe no presenta diferencias significativas en los perfiles demográficos entre los tipos de viajes realizados por los encuestados (visitante local, turista diurno o turista nocturno).

Siguiendo con esta referencia, las edades de los visitantes a museos (adultos de 18 años y mayores) se distribuyeron en una curva de campana bastante normal, cuyos dos rangos de edad más altos (36-45 años y 46-55 años) representaba cada uno, aproximadamente, el 23% de todos los encuestados. También existía mayor número de visitantes en los rangos de edad más viejos (56-65 años y +65 años) que en los dos grupos más jóvenes (los de 26 a 35 años y los de 18 a 25 años). El grupo más pequeño (de 18 a 25 años) solo representaba alrededor del 5,5% de todos los visitantes. Aproximadamente, el 67% de los encuestados eran mujeres, a pesar de que es conveniente que haya equilibrio entre los encuestados masculinos y femeninos para lograr una proporción del 50:50. Entre las razones que podrían explicar este desequilibrio encontraríamos las siguientes:

  • Las mujeres suelen estar más dispuestas a hablar con los investigadores asociados en un museo.
  • Las mujeres, en general, aceptan completar una encuesta posterior al viaje cuando son contactadas.
  • Las mujeres visitan los museos más que los hombres.
  • Los asociados de investigación no siguieron o no pudieron seguir el protocolo del equilibrio por alguna razón.
  • Suponiendo que los contactos iniciales se dividieran en partes iguales entre hombres y mujeres, fueron más las mujeres que completaron las respuestas de la encuesta después de sus viajes en sus hogares – a pesar de que debe ser la misma persona la que complete la encuesta en el sitio y después del viaje -.

El 75% de todos los encuestados tenían educación universitaria o superior; el 50%, al menos, un título universitario; y un 18%  educación secundaria. Este perfil educativo es consistente con los resultados de numerosos otros estudios sobre segmentos del mercado turístico cultural o patrimonial, e indican que los turistas que participan del turismo cultural poseen, de media, una mayor educación que la población en general. El 90% de todos los encuestados eran blancos / caucásicos. Casi el 24%  estaban jubilados, y el 59% empleado, tanto a tiempo completo como parcial. La categoría más grande (poco más del 45%) fue la de aquellos que trabajaban a tiempo completo. Solo el 4% eran estudiantes.

De todos los encuestados, alrededor del 40% provenían de un radio de 100 kms del museo (considerados visitantes locales). El 14% eran visitantes diurnos que se desplazaban más de 100 kms desde su casa hasta el sitio. El 46% de los viajes involucraban 6 noches de alojamiento en el área local. La duración promedio de la estadía en la comunidad fue de 2.4 noches para los visitantes del hotel y 3.4 noches para los visitantes que se hospedaron en otros tipos de alojamiento.

El tamaño de los grupos para los visitantes a museos que se acerca a tres personas de media en todas las regiones y segmentos, pero lo más común eran dos personas (34%). Otro tercio (35%) viajó en grupos de tres o cuatro. Solo alrededor del 4% lo hizo solo, y casi el 8% en grupos de 10 personas o más. Poco más de la mitad de los encuestados (52%) viajaban en un grupo familiar que incluía, al menos, un niño. Aproximadamente, el 25% lo hacía con un cónyuge o pareja. La tercera categoría de grupo más grande la constituían aquellos que viajaban con varios amigos (12%). Un 6%, o menos (para cada tipo de grupo), pertenecían a un grupo organizado- por su cuenta o con un recorrido en autobús -.

Más de la mitad (52%) de los viajes fueron planeados, principalmente, para visitar el museo donde se realizó la encuesta, y el 20% de los encuestados visitó la zona de manera más general. El 10% acudía a visitar amigos y familiares, y el 9% a ver una exposición de arte u otro tipo de evento. El resto de los viajes se hicieron por otras razones: por negocios, como parte de un recorrido, por nostalgia, para asistir a un evento familiar o para ir de compras. Los viajes de un día eran los más habituales. La combinación de varios estilos de viaje varía considerablemente entre los diferentes tipos de museos. Si bien los museos incluidos en este estudio abarcan varias ubicaciones y son de tipología diferente, no se puede garantizar que la muestra resultante fuera completamente representativa de todos los visitantes que viajaban únicamente para visitar un museo – el 73% de las excursiones locales eran de un día y el 67% no locales realizadas principalmente para visitar un museo -. Comparativamente, solo el 30% de los viajes nocturnos se realizaron principalmente para visitar un museo. Los turistas durante la noche ofrecían más probabilidades de visitar la comunidad en general (36%) e incluían una visita al museo dentro de su experiencia global.

Tan solo un 33% de los turistas que pasaron una noche en destino, hicieron su viaje específicamente para visitar un museo. Podemos suponer que dicha visita estaba incorporada en la planificación del viaje, para tener alguna experiencia turística añadida. Se recurrió a dos preguntas para intentar comprender mejor la toma de decisiones generales relacionadas con las visitas al museo en los viajes de placer (no necesariamente el viaje durante el cual se contactó con los encuestados para el estudio). La primera estaba relacionada con el patrón general de visitantes que acuden al museo cuando viajan por placer. Poco más del 50% de los que respondieron indicaron que lo hacen generalmente (el 19% dijo que lo hacen siempre). Sin embargo, la respuesta más frecuente fue la del 38%, que solo lo hacen en ciertas ocasiones. Menos del 10% indicó que rara vez incluyen una visita al museo. El 2% dio otras explicaciones: «los museos se visitan si están en el camino», «si la visita al museo está incluida en los recorridos organizados» o «nunca visito museos». Otro pequeño porcentaje indicó que su visita al museo depende de varios factores, como el precio, el tema de las exposiciones o el grupo con el que viajan. Una persona indicó que harían un viaje especial para visitar un museo «premium».

La segunda pregunta tenía que ver con la importancia de visitar un museo a la hora de elegir un destino y durante la planificación del viaje. La respuesta más común (47%) fue: «no planifico específicamente las visitas museos, pero sí los visito si veo algo interesante anunciado en el destino». La siguiente respuesta más numerosa (44%) fue: «planeo viajes para tener una variedad de experiencias, y generalmente incluyo una visita a museos». Solo el 5% de los encuestados manifestó que «planean viajes específicamente para visitar museos». Esta proporción es considerablemente menor que ese 30% de turistas que pernoctaron manifestando que planearon «este viaje» específicamente para visitar el museo donde fueron contactados. Sin embargo, deberíamos tener en cuenta que los resultados a las dos preguntas se relacionan con la planificación y el comportamiento general de los viajes de placer (no solo para «este viaje»), e incluyen resultados de todos los encuestados, y no únicamente de los turistas que pasan la noche. También es posible que una parte de los visitantes que planearon «este viaje» específicamente para visitar el museo donde fueron contactados no basen todos sus viajes de placer ​​en una visita al museo.

Se preguntó a los encuestados sobre qué factores u oportunidades de experiencia de viaje se relacionan específicamente con el patrimonio u otros objetivos culturales, y si fueron considerados al planificar su viaje de placer. Estas fueron las respuestas:

  • Visitar comunidades que conservan su carácter histórico (arquitectura, centros históricos, etcétera.
  • Alojarse en hoteles históricos o bed & breakfast.
  • Comer en restaurantes étnicos locales.
  • Comer en restaurantes ubicados en edificios históricos.
  • Compras en tiendas de regalos ubicadas en edificios históricos.
  • Adquirir recuerdos que reflejen la historia local, artes y manualidades, y / o cultura.
  • Asistir a festivales culturales, históricos y étnicos y eventos especiales.
  • Disfrutar de música local, danza y / o teatro y actuaciones.
  • Caminar por senderos frente al mar, paseos marítimos y otras caminatas autoguiadas de la comunidad.
  • Hacer recorridos históricos o culturales con un guía.
  • Viajar en transporte histórico (p. Ej., carros, carruajes tirados por caballos, trenes, botes).
  • Visualización, lectura de letreros informativos, menú minihistorias, marcadores y monumentos históricos, y exhibiciones externas a lo largo de senderos que explican la historia y cultura local.
  • Otras sin especificar.

Se pidió a los encuestados que indicaran el nivel de importancia para cada opción (muy importante = 1; algo importante = 2; nada importante = 3) o que proporcionaran otros factores destacados a la hora de elegir un destino o planificar un viaje. Para los visitantes de todos los museos incluidos en este estudio, los tres factores que recibieron la mayor puntuación (calculando la media de las tres clasificaciones posibles) fueron:

  • Visitar comunidades que conservan su carácter histórico (arquitectura, centros históricos, etc.) (media de 1.52).
  • Caminar a lo largo de senderos frente al mar, paseos marítimos, otras caminatas autoguiadas de la comunidad (media de 1.52).
  • Visualización, lectura de letreros en la pared, señalizaciones históricas y monumentos (media de 1.63) y exhibiciones externas a lo largo de senderos que explican la historia y la cultura local.

Los siguientes, con puntuaciones medias de entre 1.75 y 2.0 – y  por lo tanto, al menos «algo importantes» -, fueron:

  • Comprar recuerdos que reflejen la historia local, artes y artesanías, y / o cultura, y (promedio de 1.89).
  • Comer en restaurantes étnicos locales. (media de 1.97).

El resto de factores recibieron calificaciones promedio inferiores a «algo importante». «Alojarse en hoteles históricos o instalaciones de alojamiento y desayuno» fue el motivo menos importante (media de 2.51) en la planificación de un viaje a un destino específico.

Los resultados anteriores tomaron consistencia cuando la encuesta se realizó dentro de un museo. Los encuestados proporcionaron setenta y nueve respuestas adicionales en la categoría «otras sin especificar». Los dos factores citados con mayor frecuencia se relacionaban con: 1) elegir atracciones y actividades que brinden oportunidades específicamente para los niños (20% en «otras»); muchos de ellos mencionaron la educación para niños; y 2) visitar sitios históricos o museos. Los motivos restantes, cada uno de los cuales contó con menos del 7% de las 79 «otras» respuestas, fueron: campamento cercano, ambiente / personal amigable, proximidad a familiares / amigos, precio, arte, eventos y festivales, antigüedades, arquitectura, limpieza, variedad, seguridad, acceso para sillas de ruedas, disponibilidad de recreación basada en la naturaleza, estacionamiento, proximidad a casa y el clima.

También se pidió a los encuestados que evaluaran su experiencia durante la visita específica al museo en la cual fueron contactados por primera vez para la encuesta. Debían identificar hasta tres elementos de la experiencia que consideraran su favorita. Se podían incluir cosas como: una exposición específica, un recorrido, una actividad, un video u otros medios, la tienda de regalos, o la calidad de preservación histórica. Sin embargo, los encuestados no se limitaron a contestar sobre categorías específicas. Algunos mencionaron elementos concretos de las instalaciones del museo, exposiciones o actividades; otros identificaron características más generales de la experiencia o cualidades del lugar (p. ej., ambiente, caminatas asociadas u oportunidades recreativas).

El análisis de contenidos se utilizó para clasificar los comentarios proporcionados originalmente como específicos para museos individuales, pero agrupados en todas las respuestas del museo, a fin de proporcionar una imagen amplia de las características de las experiencias preferidas. No se hizo ningún intento de ponderar o priorizar las respuestas. Las experiencias preferidas respondían, en general, a:

  • Actividades interactivas y prácticas (incluidas simulaciones).
  • Cosas para hacer con los niños (amigable para los niños).
  • Elementos que se relacionan con el individuo (detalles que difieren según la edad y la experiencia del visitante); nostalgia; elementos relacionados con «lo local».
  • Oportunidades para la investigación personal (biblioteca asociada, genealogía…).
  • Opción de llevar cosas a casa (recuerdos, plantas, libros, arte).
  • Estética de un sitio (p. Ej., paisaje, diseño, limpieza), ambiente, vistas.
  • Servicios, actividades de apoyo (tienda de regalos, senderos, áreas de picnic).
  • Interpretación con guías y docentes / personal amable y conocedor; intérpretes disfrazados y dramatizaciones.
  • Demostraciones y recreaciones (re-enacment).
  • Ver un «trabajo real en progreso» (por ejemplo, restauración del sitio, conservación de artefactos, excavaciones arqueológicas).
  • Autenticidad: objetos reales / artefactos / edificios / áreas naturales –si es “real”, asegurándose de que el visitante lo sabe.
  • Experiencias en movimiento (paseos, transporte alternativo excursiones: carros, carruajes, botes, trenes, autos viejos, ponis, carrusel…).
  • Experiencias de inmersión (donde se ofrecen).
  • Películas y videos (incluido IMAX).
  • Variedad («algo para todos» en el grupo).
  • Instalaciones bien mantenidas.
  • Oportunidades para socializar con familiares, amigos.
  • Experiencias gastronómicas únicas (comida de calidad).
  • Factores relacionados con una experiencia tranquila, la comodidad, facilidad de movimiento (incluido el alojamiento para visitantes con discapacidades), estacionamiento gratuito.
  • Algunos prefieren experiencia de autoguiado, a su propio ritmo.
  • Experiencias educativas mientras te diviertes.

A los visitantes del museo también se les preguntó cuáles eran los aspectos «no tan favoritos» de la visita. Se identificaron hasta tres elementos que el museo podría hacer para mejorar la experiencia. Las respuestas estaban relacionadas, entre otras cosas, con aspectos como el tipo y la calidad de las instalaciones, el acceso (p. Ej., transporte, señalización, adaptaciones para discapacitados o idiomas extranjeros), la calidad de las exposiciones y los programas interpretativos, las historias presentadas, la accesibilidad y las relaciones con el personal, horario de atención, variedad de experiencias ofrecidas e información. En algunos casos se identificaron experiencias negativas concretas vividas durante su viaje específico; en otros, cualidades más generales, como las características del museo o las oportunidades proporcionadas.

Las quejas, a menudo expresadas en términos de «lo que no nos gustó», podrían describirse así:

  • Cosas que no funcionaban o estaban cerradas, o faltaba «stock» (folletos, mapas, desinfectante para manos, etcétera).
  • Molestias físicas (falta de aire acondicionado, falta de bancos de descanso, falta de agua, demasiado lejos para ir a los baños, falta de áreas sombreadas para descansar), mal clima / temporada incorrecta para visitar el sitio.
  • Escasez de servicios (estacionamiento, baños, agua, comida, adecuada ayudas de orientación [señales, flechas, huellas en el suelo para complementar mapas; no hay suficientes mapas publicados], etcétera).
  • Pocas oportunidades interactivas y prácticas.
  • Insuficientes historias «locales».
  • Comentarios sobre las instalaciones, del tipo «es pequeño» o «esperaba un lugar más grande».
  • La experiencia no coincide con las expectativas (sobre un rango de factores).
  • Horario restringido de operación (en cuanto a espectáculos programados, demostraciones, alimentación de animales, etcétera).
  • Para algunos sitios, varios visitantes demandaban más intérpretes / docentes (o intérpretes más expertos).
  • Solicitud de nuevas exhibiciones / experiencias, exhibiciones itinerantes y temporales para complementar exposiciones «permanentes» (algunos se quejaron de la ausencia de exposiciones “antiguas”, especialmente aquellas que recordaban de la infancia).
  • Más oportunidades para socializar (interactuar / vincularse con los miembros del grupo).
  • En algunos casos (en sitios específicos) quejas sobre costos (admisión, entradas adicionales, precio de los souvenirs).
  • Comentarios sobre mala calidad o selección de alimentos (o costos demasiado altos).
  • Ausencia de personal interpretativo / docentes para proporcionar información, responder preguntas.
  • Falta de alojamiento para los visitantes que sufren diversas discapacidades (impedimentos físicos, de visión, impedimentos auditivos); no hay suficientes cochecitos ni alojamientos para personas con niños pequeños.

Muchas comunidades y atracciones de destinos turísticos, incluidos los museos, suelen afirmar que les gustaría aumentar las visitas repetidas. Esto se debe en parte a que cuesta menos atraer a los visitantes habituales que a los nuevos. Así pues, se preguntó al público si tenía la intención de visitar el museo nuevamente dentro de los próximos 12 meses y, de no ser así, por qué. Las respuestas se distribuyeron de manera bastante equitativa entre los que dijeron que volverían a visitar el museo dentro de los 12 meses, los que dijeron que no lo harían y los que no estaban seguros. Sin embargo, al analizar las respuestas en función de si el encuestado era un visitante local o un turista, las proporciones fueron considerablemente diferentes. Los residentes locales eran mucho más propensos que los turistas a volver, y un porcentaje mucho menor se mostraba «inseguro». Es mucho menos probable que los turistas tomen una decisión clara sobre una posible visita futura dentro de los 12 meses.

De todas las razones dadas para no volver, la más común fue que simplemente no habían hecho ningún plan de viaje para el año siguiente. La siguiente razón más numerosa fue que el sitio estaba demasiado lejos de sus casas. Y por último, dos categorías, ambas probablemente con la misma razón subyacente, los visitantes simplemente prefieren visitar lugares nuevos y diferentes en cada viaje en lugar de regresar a los mismos. Solo unos pocos dieron razones relacionadas con una «mala experiencia» específica, que se les cobró de más o que el museo no cumplió con sus expectativas.

Con respecto a los costos y otras conclusiones – pensando en las cosas que los visitantes compran pagando las entradas u otras tarifas de participación, alojamiento y alimentos, o la compra de recuerdos -, existen elementos que no tienen precio y que crean el ambiente, el carácter y la calidad única de un lugar. Una vez que un turista decide visitarlo, en función de los factores identificados anteriormente, pagará por las variadas experiencias, actividades, servicios y comodidades disponibles dentro del sitio. Por lo tanto, se recomienda que las comunidades inviertan en preservar el carácter y los recursos únicos de su lugar, realzándolos a través de una variedad de oportunidades recreativas interpretativas y pasivas, programando la promoción de una experiencia de calidad dentro de la comunidad. Los negocios (atracciones, establecimientos de alojamiento, restaurantes, tiendas y otros negocios de catering al turista) deben reconocer, apoyar y contribuir a esta experiencia positiva. Los turistas no pueden gastar su dinero en dichos negocios a menos que primero se sientan atraídos por la comunidad. Un incentivo adicional sería crear un programa mediante el cual parte de las tarifas del turista se añadieran a los esfuerzos de preservación histórica, a la creación de senderos y para mejorar los programas interpretativos. Dicho turista habría de estar informado de estas mejoras, ya que es más probable que acepte tarifas y proporcione donaciones adicionales si sabe que su dinero está contribuyendo a lo que percibirán como una «buena causa».

En segundo lugar, aunque algunos turistas eligen un destino en función de una atracción o experiencia única (a veces incluso un museo), otros prefieren una comunidad con un abanico de cosas para hacer. Por lo tanto, las empresas y organizaciones comunitarias deben trabajar en asociación, en lugar de ser competencia, a fin de desarrollar un conjunto de sitios, actividades y experiencias para los turistas. Asimismo, deben promoverse conjuntamente para que los visitantes potenciales comprendan la diversidad de experiencias disponibles. Es interesante generar «vínculos» adicionales entre atracciones turísticas, los sitios y las experiencias, con objeto de incluir enlaces para peatones y otros medios de transporte entre sitios, promoción cruzada de un sitio a otro, entradas conjuntas con descuento y una historia unificada que vincule los componentes del patrimonio de la comunidad, de esta forma los visitantes entenderán el carácter único y las historias del lugar que visitan.

Tercero, aunque esforzarse por brindar experiencias de calidad y desarrollar la lealtad de los visitantes/clientes es un objetivo loable, los resultados de un estudio como éste indican que es poco probable que muchos regresen a la misma atracción o comunidad, al menos en un futuro cercano. Por lo tanto, los trabajos deberían centrarse no tanto en atraer visitas repetidas como en alentar la promoción de la atracción o la comunidad; un boca a boca por parte de los visitantes entre sus amigos y colegas. El estudio muestra claramente, además, que la fuente de información más común sobre un sitio turístico potencial es ese boca a boca, por lo que proporcionar una experiencia de calidad sigue siendo fundamental. Los museos y otras atracciones, así como sus comunidades de acogida, podrían focalizarse más en los programas de referencia, ofreciendo, quizás, tarifas con descuento en atracciones, alojamiento, restaurantes o centros comerciales a los nuevos visitantes que hayan sido informados por otros anteriores.

Finalmente, tanto los museos individuales como las comunidades anfitrionas de turismo deberían revisar la lista de elementos «favoritos» y «menos favoritos» de las experiencias de los visitantes, con objeto de dirigir su planificación y desarrollo. En general, hemos de considerar una estrategia para la creación de experiencias de inmersión prácticas, auténticas, utilizando una variedad de medios y canales de entrega experienciales, en un entorno limpio, atractivo y seguro. Los servicios y las funciones de apoyo, las posibilidades de interpretación / educación y las oportunidades para enriquecer la visita (recuerdos, libros, hojas de actividades en el hogar, opciones para tomar fotografías) deben incorporarse al trabajo general. Asimismo, las comunidades y los museos tienen que tratar de proporcionar una innovadora gama de experiencias accesibles e inclusivas que satisfagan las necesidades de la familia y otros miembros del grupo, a menudo con diversas preferencias a la hora de escoger su experiencia personal.

Recursos bibliográficos:

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