Museos Amables con los Niños

 

La comunicación es la habilidad vital del siglo XXI. Es fundamental para las oportunidades de vida de los niños, apuntalando directamente el aprendizaje, el logro, las amistades y su bienestar.

– Virginia Beardshaw, CEO de «I CAN».

La comunicación está en el centro de nuestras vidas. Sin buenas habilidades comunicativas, los peques pueden tener problemas para hacer amigos, socializar y aprender de manera efectiva. Las consecuencias de crecer con retraso en el lenguaje incluyen un bajo nivel educativo y malas perspectivas laborales. Pero lo más importante es que nos comunicamos para poder satisfacer nuestras necesidades, para indicar nuestros gustos y disgustos, para solicitar información y confirmar algo, así como para establecer y mantener relaciones. La capacidad de comunicación constituye la base de nuestro bienestar social, económico y emocional.

Resulta de vital importancia ser conscientes de lo relevante que es establecer una comunicación regular con los niños desde un principio, y que éstos reciban apoyo en cada etapa de su desarrollo. Se debe trabajar más allá de los límites tradicionales para abordar sus necesidades de comunicación.

La evidencia ilustra que existe una comprensión insuficiente sobre la importancia del habla, el lenguaje y la comunicación entre los encargados de formular políticas a nivel nacional y local, los profesionales y proveedores de servicios, y a veces los propios padres y familias.

– Informe de Bercow.

El desarrollo de buenas habilidades de comunicación debe ser un pilar de la política gubernamental para los más pequeños. Nuestra sociedad demanda niños que sean comunicadores hábiles y seguros, y para ello hemos de hacer hincapié en la necesidad de desarrollar el lenguaje para pensar y para comunicarnos. La comunicación, el lenguaje y la alfabetización, unido al desarrollo personal y social, son áreas muy importantes que todos los gobiernos deberían atender, estableciendo programas de capacitación que ayuden a los profesionales en este campo a ser más efectivos a la hora de alentar y apoyar el desarrollo de los niños como comunicadores.

Las investigaciones y estudios, a menudo promovidos por los servicios de terapia del habla y lenguaje, nos muestran altos niveles de retraso del lenguaje en niños en edad preescolar. En algunas zonas del mundo occidental, el 70% de los alumnos que ingresan en la escuela presentan un lenguaje deficiente. Estas estadísticas impactantes deben obligarnos a generar iniciativas que aborden las causas de ese retraso. Entidades pertenecientes a los sectores de educación, salud y, por supuesto, los museos, deben unir fuerzas para crear un proyecto conjunto a largo plazo, donde niños y jóvenes puedan aprovechar al máximo las oportunidades y progresar. Todos han de aportar su experiencia para ayudar a resolver los problemas subyacentes y mejorar las habilidades de comunicación.

¿Y dónde encajan exactamente los museos en todo esto? Es ampliamente reconocido que un propósito fundamental del museo es comunicarse y alentar la discusión. Pero, ¿pueden los museos ayudar a los niños a desarrollar habilidades lingüísticas y apoyar su comunicación con los adultos? Es posible contemplar la idea de que los museos son espacios de comunicación amigables donde aprovechar una experiencia.

Cómo podemos crear museos amables para los niños y sus familias:

Hay cosas que siempre funcionarán. Las familias con niños pequeños se benefician enormemente si desde el principio descubren aquello que está disponible específicamente para ellos en el museo. El personal de recepción debe dar la bienvenida al grupo, ofreciendo información de este tipo a su llegada. Podría hacerse mediante el uso de una explicación verbal, un folleto o un paquete de actividades. El material publicitario dirigido a este perfil de visitantes, como los flyers que anuncian eventos especiales -o una sección especial en el sitio web-, es igualmente importante. Eso sí, el personal del museo podría requerir capacitación específica relacionada con todo lo que mencionamos.

Una buena señalización, orientación clara y actividades bien explicadas siempre tendrán éxito al iniciar y apoyar la comunicación entre el museo y los niños. Esto puede obligarnos a cambiar las gráficas o a rediseñar los iconos -que sean muy claros y entendibles-, pensando en las audiencias más jóvenes. Debemos crear una «marca» bien definida para las actividades, de modo que los recursos tengan un aspecto similar. Con todo ello, se fomenta la participación de las familias, ya que reconocen la identidad del recurso como algo para ellos y la buscan como su próxima actividad.

Si tenemos dudas respecto a qué hacer con los adultos cuando tienden a no interactuar con sus peques, e incluso cuando los vemos que se sienten incómodos en el contexto del museo, debemos proporcionar actividades que les otorguen un papel claro, sin demasiadas instrucciones; que sea un proceso intuitivo. El hecho de que los adultos sepan cómo ayudar y qué pueden (y no pueden) hacer contribuye a que el museo se «relaje». De esta manera, generaremos más probabilidades de que los grandes se comuniquen con los pequeños.

Las indicaciones del personal del museo pueden ser útiles, pero han de realizarse con cuidado. No deben resultar demasiado prescriptivas; esto ayudará al niño a tomar la iniciativa. Con los adultos, formularemos preguntas y palabras abiertas que sugieran actividad, como: «Dinos si tu hijo está interesado en…» y/o «¿Por qué no intentas …?». Evitaremos las preguntas de tipo cuestionario, que solo funcionan si se muestra una posible «respuesta correcta».

Para promover, apoyar y mantener la comunicación entre todos, los espacios del museo deben resultar acogedores, acercando a los adultos a sus hijos (en vez de separarlos). Si un adulto puede llegar al nivel de su hijo, es más probable que se comunique con él. Siempre que sea posible y no interfiera con los elementos de la exposición, hemos de proporcionar cojines, alfombras, tapetes o asientos apropiados junto a las exposiciones, ya que es algo que anima a las familias a quedarse más tiempo, mirar más de cerca y conversar. En un espacio relajante, los niños tienen muchas más probabilidades de iniciar actividades, y los adultos de involucrarse. Colocaremos asientos cómodos y bien iluminados en el centro de una actividad, directamente al lado de la exposición relacionada.

Las zonas que independizan al niño del adulto pueden ser una parte importante de la experiencia en una exposición, pero no son útiles en términos de comunicación. Los espacios «íntimos»- como lugares para jugar en el suelo-, fomentarán la interacción, siempre y cuando resulten acogedores y los niños no se sientan forzados a entrar en ellos. Los recorridos ordenados -un corredor temático que nos traslade a una exposición, por ejemplo- también promueven la cercanía. Pero ten en cuenta que proporcionar un espacio demasiado interactivo o estimulante puede provocar que los padres se relajen, se sienten, dejando que los niños jueguen a su aire, algo muy perjudicial para el mantenimiento de la comunicación.

El uso de instrumentos musicales, por ejemplo, aunque son amigables para los niños, pueden bloquear esa comunicación. Demasiado ruido es capaz de provocar que algunos grupos se alejen de una actividad o que se comience a gritar por encima de la música. Planificar actividades más tranquilas y usar materiales absorbentes de sonido en aquellas áreas más ruidosas, ayuda a mantener el equilibrio adecuado.

Ofrecer cosas que se puedan llevar del museo generará oportunidades para que adultos y niños hablen después sobre ese día. Esto permite a los niños explicar lo que han estado haciendo a otros miembros de la familia, brindándoles la oportunidad de recordar en voz alta. Las pegatinas o adhesivos para coleccionar, o los dibujos realizados en el museo, pueden dar pie a comentar luego en casa. También es una buena idea que el museo permita tomar fotos, de este modo la visita contará con su «álbum de fotos» para ser revisada y recordada posteriormente.

Trata de proporcionar actividades que sean abiertas y que no tengan resultados específicos (pero que brinden una sensación de logro). Este tipo de acciones, que implican explorar, resolver problemas, crear y tomar decisiones, dan razones reales para que adultos y niños se comuniquen.

Las oportunidades de comunicación se propician donde hay más posibilidades de juego entre adultos y niños. Los museos descubren que los juegos de té y ordenar la mesa, así como los de pesca magnética y las imágenes de tela, funcionan particularmente bien. Los clasificadores de formas también han demostrado ser excelentes para provocar conversaciones: los rompecabezas de animales en 3D, donde los niños empujan al animal correcto a través de los agujeros con forma de animal, suelen dar buenos resultados: proporcionan opciones simples, son divertidos y su disposición permite a los padres sentarse con el niño para ayudarle.

Deja que los niños se acerquen a las colecciones, aun cuando se hallen detrás de un vidrio -las marcas de deditos se pueden limpiar después-. Las ideas que funcionan son el uso de mirillas, lupas, solapas elevadoras, cúpulas transparentes y exhibiciones donde los visitantes puedan asomar la cabeza. Ofrecer material para poder «observar» no tiene por qué ser costoso.

Sabemos, porque lo hemos visto con frecuencia, que a los niños y adultos les gusta mirarse a través de vitrinas. Este simple efecto lleva a las personas a comunicar su placer y emoción. Parece que  funciona mejor cuando las vitrinas no son muy altas y las familias pueden moverse en todas las direcciones. Por otro lado, los niños se emocionan mucho si pueden tocar cosas, especialmente animales, objetos grandes y elementos con formas inusuales. También les encantan las diferentes texturas y las cosas que esconden elementos inesperados -un sonido que suena o algo que sale-. Los adultos responderán también tocando y hablando sobre el objeto. La actividad funciona mejor con objetos fácilmente reconocibles, como artículos para el hogar, o artefactos más curiosos de las colecciones. Algunos se pueden ocultar objetos detrás de las cortinas, o en «agujeros lisos», para añadir un elemento sorpresa. Avisa previamente a los visitantes sobre qué se puede tocar y qué no: si está permitido tocar las cosas, asegúrate de que todos puedan alcanzarlas. El uso de dados introduce un elemento de juego más para estar centrado en las colecciones.

Las máscaras, sombreros y tocados fomentan una gran comunicación entre los adultos y los niños, tanto verbalmente como no. Procura tener también algo para los adultos; un sombrero que llama la atención de un niño incita a jugar; pero si el sombrero interesa tanto a niños como a adultos promueve la comunicación. Sabemos que ponerse máscaras y tocados anima a niños y cuidadores a reír, establecer contacto visual y comunicarse de diferentes maneras.

Tener actividades en cajas para desempacar es otra buena idea. Las cajas les muestran a los padres un papel claro, y los niños realmente disfrutan sacando cosas de ellas, mostrando a los adultos lo que han encontrado y comentándolo

Los adultos pasarán tiempo con sus hijos en las mesas de actividades de los makerspaces, trabajando juntos, charlando, alentando y haciendo preguntas. Como muchas de las otras ideas que te mostramos aquí, este tipo de actividad proporciona una experiencia valiosa y compartida tanto para el adulto como para el niño. Es esencial contar en estas áreas con asientos adecuados para adultos. Las hojas para colorear no generan conversaciones, ya que restringen las opciones y la propiedad, y, como resultado, la conversación. Deben emplearse con moderación, si es que las usamos. Sin embargo, las actividades de dibujo y creación cuidadosamente diseñadas apoyan la comunicación.

Ofrecer actividades usando objetos coincidentes que se relacionen con las colecciones, fomentará un escrutinio más detallado de las vitrinas e incitará a los adultos a iniciar una discusión. Por ejemplo, las figuras de animales para combinar con los animales en exhibición funcionan muy bien. Si decidimos organizar juegos- como rompecabezas o juegos de cartas-, necesitaremos haberlos diseñado y probado previamente, ya que no siempre son apropiados para los más pequeños. Es muy recomendable que los adultos apaguen su teléfonos móviles dentro del museo.

Para terminar, recuerda monitorear los desarrollos comparando tus hallazgos y tomar notas de referencia, a fin de mejorar continuamente las actividades e interacciones. Las introducción de nuevos cambios nos dará una idea de los logros conseguidos.

Recurso:

Ian Blackwell (2009): Communication Friendly Museums. National Literacy Trust. Editora: Amanda Heath. Jo Graham, Director, Learning Unlimited.


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