Pedagogía Crítica en Museos

 

“Las palabras clave del nuevo pensamiento del museo son accesibilidad, entrada gratuita, diversidad, mediación, representación, apertura, participación y comunidad”.

Diferentes marcos teóricos dentro del campo de las ciencias educativas han contribuido a la educación museística a lo largo de los siglos. Así, por ejemplo, las teorías cognitivas y el constructivismo han influido en el pensamiento pedagógico tanto en las escuelas como en los museos. Podemos reflexionar sobre esta teoría de la actividad didáctica y utilizarla para desarrollar museos como entornos de aprendizaje informal, así como para aplicarla a la pedagogía crítica, que es más adecuada para aquellos museos interesados, por ejemplo, en la divulgación de la justicia social. Estos conceptos muestran a los museos como medios y lugares únicos para el aprendizaje de sus visitantes.

El Museo del Trabajo de Finlandia ha llevado a cabo una investigación sobre los resultados del aprendizaje en el museo mostrándonos datos muy interesantes. Lo primero que debemos recordar es que los museos no son especialmente buenos para conseguir objetivos de aprendizaje concretos, ya que los visitantes aprenden una gran variedad de cosas. A veces, incluso, pueden llegar a interpretar los contenidos de forma imprevista. La pregunta que surge es: ¿cómo apoyar tales experiencias de aprendizaje? Una orientación interesante en las ciencias de la educación es la pedagogía crítica, que recoge un grupo incoherente de teorías y pensadores que tienen mucho en común con la llamada «nueva teoría de los museos». Estas ideas, y sus pensadores, ayudan a iluminarnos con preguntas relacionadas con la autoridad de las instituciones del museo, el elitismo, el conservadurismo o la exclusión. Las palabras clave del nuevo pensamiento museístico, como accesibilidad, diversidad, mediación, representación y participación, pueden desarrollarse aún más a partir de la pedagogía crítica.

El aprendizaje en museos se ha identificado también con conceptos como el libre albedrío, lo informal, lo espontáneo o voluntario. Estos puntos de vista, a su vez, pueden combinarse para definir a los museos como entornos de aprendizaje abiertos, lo que les diferenciaría de otros más cerrados, como pueden ser las escuelas. Por otro lado, el aprendizaje no se limita en absoluto a la escolarización formal, porque la gente adquiere conocimientos en todas partes. En realidad, la mayor parte del aprendizaje se produce accidentalmente, en situaciones no formales. Aprendemos hablando unos con otros, o mirando la televisión (sobre todo si son documentales, no tanto con los bodrios que se ven normalmente en televisión). También se aprende en los museos, pero es complicado reconocer y rastrear lo que los visitantes pueden llegar a asimilar como conocimiento y el modo en que lo hacen. Los museos, no obstante, deben facilitar una gran variedad de formas de estudiar, descubrir, interactuar, emocionar y disfrutar.

Los entornos de aprendizaje abiertos, como las bibliotecas, Internet o los mismos museos, pueden utilizarse para buscar información basada en intereses individuales. De todos ellos, los museos son, además, plataformas muy especiales para difundir el arte y la cultura. En teatros, cines, conciertos o eventos deportivos, por ejemplo, el público permanece en sus asientos y contempla el espectáculo de manera pasiva. Esto no sucede en un museo, donde la vitrina permanece inmóvil pero el público se mueve. Los espectadores exploran la misma exposición, pero cada uno a su manera, vagan casi al azar, observan y aprenden cosas diferentes según diseñen sus propios recorridos individuales, que responden a intereses muy personales.

Cuando los museos desarrollan sus servicios educativos, es crucial comprender la estructura y el específico concepto abierto. El Museo del Trabajo de Finlandia ha renovado su exposición principal en 2010. Teóricamente, la exposición central del museo, denominada «Nuestra ciudad», intenta apoyar el aprendizaje en el espacio del museo, experimentando y permitiendo diferentes tipos de acceso al conocimiento de manera accesible. En esta exposición se describe el trabajo, la vida cotidiana y la sociedad civil en la Finlandia del siglo XX. Lo excepcional es la ausencia de paneles de texto impreso: todo el texto de la exposición está recogido en quioscos multimedia y en un solo libro de consulta. Los objetos permiten muchas interpretaciones personales, que no se ven incluidas con la aplicación de un texto interpretativo. La exposición es óptima para visitas guiadas, talleres y acciones de historia viva. El abismo que normalmente separa al visitante del contenido en un museo, aquí se reduce al máximo nivel para transformarse en una comunicación amable.

Como muchos otros museos, el Museo del Trabajo de Finlandia realiza encuestas anuales a sus visitantes para valorar la satisfacción de los mismos. Sin embargo, los cuestionarios estandarizados no cubren la diversidad del aprendizaje que tiene lugar en los museos. Es por ello que este museo, en concreto,  implementó una pequeña investigación para identificar los diferentes resultados de aprendizaje que surgieron específicamente a partir de la exposición «Nuestra ciudad». En total, 30 visitantes fueron seleccionados y entrevistados justo después de su visita. Quince de ellos fueron convocados para entrevistas de seguimiento. Sus respuestas fueron analizadas aplicando el Modelo Conceptual de Aprendizaje presentado por Falk y Dierking (2000), que divide el aprendizaje en un contexto personal, sociocultural y físico. El cuarto contexto es el tiempo. Los ejemplos escogidos sobre los datos obtenidos muestran cómo estos contextos también están presentes en el aprendizaje sobre el patrimonio.

Para concretar este concepto, y a modo de ejemplo, una empleada de oficina jubilada destacó cómo las mujeres siempre han estado oprimidas en la vida laboral. Ella formaba parte del movimiento obrero y mencionó que incluso los hombres socialistas no siempre habían estado del lado de las mujeres. Quiso compartir sus reflexiones después de ver las exposiciones sobre lavanderas y mujeres transportistas de ladrillos en el museo. Se trata de exposiciones que no incluyen el feminismo declarado, pero ciertamente permiten tal interpretación. El aprendizaje es un proceso individual que se ve muy influenciado por el conocimiento previo de cada persona, las expectativas personales y las creencias de los visitantes.

El contexto sociocultural se puede observar fácilmente con las familias. Una traductora y su familia fueron a visitar la máquina de vapor y terminaron dibujando en el taller. Ella disfrutó de la interacción con los niños y mantuvo una animada discusión con su esposo acerca de los problemas laborales. El contexto sociocultural es muy importante porque la mayoría de las personas no vienen solas a los museos sino con amigos, sus familias o en grupos.

El cuarto contexto en el modelo de Falk y Dierking es el tiempo. Una visita al museo es solo un eslabón en la cadena de experiencias de por vida, y los visitantes pueden ampliar su conocimiento en el futuro. Por ejemplo, en su entrevista final, la familia de la traductora habló, principalmente, sobre la máquina de vapor que habían venido a ver. Medio año después, comentó, principalmente, cómo su hija continuaba entusiasmada con la reproducción de la tienda de la cooperativa (economato), con estantes llenos de todo tipo de cosas. La experiencia del museo, asimismo, había despertado la imaginación de su hijo para interpretar a un viejo comerciante. Es por ello que las visitas a los museos pueden dejar fuertes huellas en la memoria que luego dan sentido y motivación a las vidas de las personas. Cuando se estudia el comportamiento de los visitantes, es importante realizar entrevistas de seguimiento para reconocer algunos resultados de la experiencia de aprendizaje a largo plazo.

La visita al museo puede volver a nuestra mente en muchas situaciones inesperadas. La educación museística siempre ha estado vinculada a las teorías del aprendizaje. Recientemente, el Museo del Trabajo de Finlandia se ha interesado especialmente por la pedagogía crítica. Ésta, tiene muchas tendencias y promotores diferentes, pero desafortunadamente no es muy conocida en el sector de los museos. La pedagogía crítica trata de liberarnos de las cadenas visibles e invisibles, los convencionalismos que están anclados en nuestra sociedad. Los conceptos clave son la conciencia crítica y el desafío a la voz de la autoridad. Los teóricos críticos se han interesado por temas como la participación, la crítica de la escolarización, la clase, la raza y las cuestiones de género, los roles de la ideología, etcétera.

Resulta muy interesante que la pedagogía crítica tenga mucho en común con la «nueva teoría de los museos», la museología moderna. Hoy en día, muchos museos contemplan cuestiones muy similares y se enfrentan a un animado debate relacionado con la autoridad, el elitismo, el conservadurismo y la exclusión de las instituciones museísticas tradicionales y monolíticas. Recordemos los términos fundamentales del nuevo pensamiento del museo: accesibilidad, entrada libre, diversidad, representación, mediación, apertura, participación y comunidades.

La pedagogía crítica se halla presente en el corazón de la misión del Museo del Trabajo de Finlandia, y en otros, para generar una «historia justa». Su objetivo es luchar por la justicia social y dar voz a las personas mal representadas y en situaciones desfavorecidas. Trata de ayudar a las personas y a varias comunidades a entender su pasado, y las anima a seguir trabajando por un mundo mejor y más sostenible. La pedagogía crítica es una herramienta prometedora para implementar la misión social del museo en la práctica.

RECURSO:

NEMO, 23 Conferencia Anual (2015): Revisión del valor educativo de los museos: conexión con el público. Pilsen, República Checa.


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