Tres Normas Básicas para el Diseño de Exposiciones

 

Los museos se encuentran entre los medios más importantes en nuestra sociedad de la información, incluso más que las bibliotecas, teatros y universidades. En un museo, la conexión entre el visitante y el museo es la exposición, ya sea permanente o temporal, o ambas. En este sentido, la exposición funciona como un medio de comunicación. Con la creación de ese nuevo vínculo entre las colecciones, las reservas técnicas y la investigación, y el público, el museo contemporáneo ha transformado la antigua concepción clásica de aquellos primeros museos de los siglos XIX y XX, según la cual directores y curadores entendían que su tarea consistía exclusivamente en coleccionar y preservar los objetos de la historia cultural.

Dezeen

El museo de hoy tiende a ser un espacio público que llega a una amplia franja de la población. Una visita a una exposición es un buen uso de nuestro tiempo de ocio – algunas exposiciones blockbuster están casi invadidas por los visitantes -. Como diseñadores de exposiciones para museos, debemos preguntarnos qué es lo que realmente puede seducir a un visitante. A los visitantes, ante todo, les fascinan las historias.

La historia en sí debe apoyarse en la fascinación, pero solo si la narramos bien. Por lo tanto, la pregunta deberíamos formular sería: ¿cómo narrar una buena historia?

Disponemos de varios medios y herramientas para crear una narración fascinante:

  • El lenguaje: hablar, dramatizar o incluso cantar.
  • La escritura: narrativa, poema, documental o novela.
  • El medio: cine, televisión u ordenador.

Pero el museo, y esto le hace único, narra sus historias a través de los objetos- en su mayoría, objetos originales de su propia colección-. Vayamos, pues, a las tres normas básicas de las que queremos hablaros hoy.

Libeskind Studio

Primera Norma: el respeto a los objetos.

Como ya hemos mencionado en muchas ocasiones, los objetos, además de constituir la esencia de los museos, son los que generan la narrativa de la historia. Y estas historias tienen que atraer al público, ser atractivas y despertar nuestro interés provocando momentos emocionantes. El primer principio, entonces, sería: «no mostrar nunca un objeto en una exposición si no tiene nada que narrar».

Un cráneo no cuenta una historia concreta en sí mismo. Podríamos utilizarlo, por ejemplo, para describir los peligros del consumo de tabaco para nuestra salud. O dar un giro de 180º y explicar cómo fue el comienzo de la creciente industria del tabaco. Se dice que en la Pomerania del siglo XVIII, fumar se convirtió en algo popular. A partir de ahí, puede surgir una pequeña sub-historia: los soldados fumaban tabaco con pipas de arcilla blanca- puede verse en las marcas que dejaba en la cara cuando disparaban sin quitársela de la boca-. Ese es el tipo de cosas que llegan a fascinar a los visitantes.

Si los objetos a exhibir no son demasiado delicados, creemos que es posible organizarlos de una manera más escenográfica que permita realzar la narrativa. La iluminación y la disposición de la vitrina pueden llegar a revelar una historia de poder y orgullo, de némesis y muerte, del orden militar y el caos del campo de batalla. También pueden generar una profundidad espacial, como un paisaje abstracto antes del amanecer, recordándonos  un escenario en el epílogo de un drama.

Por otro lado, y es bueno tenerlo muy en cuenta, los objetos nos hablan acerca de la cruda historia, pero a veces es bueno contar esa historia con un toque de humor.

Kistelos Sculpture Park

Segunda Norma: respetar el edificio.

En ciertas ocasiones, el edificio en sí mismo se convierte en un objeto de exposición cuando se trata de un monumento o construcción de importancia histórica. Por lo general, estos edificios están protegidos por patrimonio, y son innumerables los casos que se pueden mencionar alrededor del mundo. Pero la arquitectura contemporánea también puede potenciar el carácter o el estado de un objeto de exposición.

Podemos hablar, entre otros, del edificio del Museo Judío en Berlín, que podría considerarse un monumento. La arquitectura de Daniel Libeskind es reconocida como un objeto de exposición. Cuando se estaba finalizando la construcción básica del edificio, con el interior todavía vacío, resultaba increíblemente impresionante y hermoso. Pero evidentemente no podía quedarse así. Un museo no puede existir sin sus exposiciones y contenidos. Würth y Winderoll Design crearon el interior- desde el primer boceto hasta la apertura- en solo un año. La museografía de la exposición permanente trató de emparejar el diseño del lenguaje de Daniel Libeskind y contentar a los museólogos al mismo tiempo. Los curadores querían exhibir los objetos en una atmósfera interior determinada, por lo cual, los museógrafos se vieron obligados a ocultar las ventanas con paredes claras y cortinas lisas densas.

Pero un año después de su apertura (2001), el museo decidió evaluar la exposición de cara a sus visitantes. El resultado mostró que una gran parte de la exposición permanente no era comprendida por el público. En consecuencia, el museo abrió una nueva etapa para rediseñar esa parte de la exposición. El concepto museográfico propuesto por Bertron Schwarz Frey partía de las siguientes premisas:

  • Hacer visible la arquitectura de Libeskind.
  • Volver a abrir las ventanas para que entrara la luz.
  • Mantener los elementos de la exposición alejados de las paredes.
  • Utilizar un solo objeto para cada tema.
  • Hacer uso de nuevos medios tecnológicos.

Eso es lo que entendemos por «respetar el edificio y su arquitectura». Como segundo ejemplo, y sin marcharnos de Berlín, podemos citar el nuevo Museo de Historia Natural de Berlín. Se trata de un monumento histórico construído en 1889, por lo que era imposible, entre otras cosas, diseñar un paisaje inmersivo – tipo Jurassic Park – dentro del edificio. El museo de Historia Natural de Londres no podía servir como referente por el mismo motivo. Un buen modelo de referencia fue el nuevo Dinosaur Halls, en el Museo Americano de Historia Natural en Nueva York, donde se observa lo importante que es que la exposición no resulte demasiado seria, ni aburrida; se debe abrir a un poco de entretenimiento y emoción.

En cualquier caso, «respetar el edificio» implica, a su vez, no «dañar» el interior histórico. Las vitrinas históricas del Museo de Historia Natural de Berlín datan del siglo XIX. Se decidió restaurarlas y emplear una nueva técnica de climatización e iluminación de fibra de vidrio. Las nuevas vitrinas permitieron que los gabinetes de las exposiciones se hallaran a prueba de polvo.

Actualmente, unos 2.500 objetos nos ofrecen una imagen viva de la biodiversidad. No aparecen cartelas dentro de las vitrinas – que contienen únicamente los objetos más fascinantes -; se colocan en el exterior, en una diapositiva gigantesca legible a distancia.

Pinterest

Tercera Norma: respetar al visitante.

Hay, entre los visitantes, verdaderos expertos en museos. No los subestimes, especialmente a los jóvenes. Muestran auténtico interés y se llevan a casa el tema si realmente el museo les ha conmovido. Gracias a los más jóvenes muchos museos se han planteado, y han llevado a cabo, la total renovación de las exposiciones, ya que a menudo se quejan de encontrarlas vetustas y desfasadas.

¡Atención, museógrafos diseñadores de exposiciones!, Poned, por favor,al ser humano como prioridad, con sus posibilidades, capacidades, necesidades y deseos; colocadlo en medio de todas vuestras consideraciones de diseño. La museografía aplicada a las exposiciones no supone exclusivamente un bonito diseño. Ni meter tantos objetos como sea posible en la exposición. Tampoco consiste en ganar el Golden Architecture o el Design Award. Se trata de narrar historias. Se trata de la comunicación – a partir de la exposición de los objetos o de los contenidos -. Esto es lo que debe hallarse detrás de una nueva exposición.

Existen otras premisas que también pudieran incluirse en nuestros principios fundamentales:

  • Respetar el tema principal de la exposición.
  • Respetar al curador/a encargado/a del proyecto.
  • Y, por último, pero no menos importante, respetar profundamente a quienes hacen posible cada nuevo proyecto.


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