Concepto de Paisaje Cultural e Histórico

 

Los paisajes históricos, con sus correspondientes valores patrimoniales, son conocidos ahora como paisajes culturales, y han conseguido tener un lugar muy importante en el campo de la conservación y planificación del patrimonio cultural. El término “paisaje cultural” hoy en día es ampliamente aceptado internacionalmente. Un paisaje cultural puede alcanzar el estatus de Patrimonio Mundial si entra dentro de las siguientes tres categorías:

  • Paisajes claramente definidos diseñados y creados intencionalmente por el hombre.
  • Paisajes de evolución orgánica, en dos categorías:
    a) Un paisaje de reliquias o fósiles en el que un proceso evolutivo ha llegado a su fin, pero donde sus características distintivas aún son visibles.
    b) Paisaje continuo que mantiene un papel social activo en la sociedad contemporánea, asociado a un modo de vida tradicional, y en el que el proceso evolutivo todavía está en progreso, exhibiendo evidencia significativa de su evolución en el tiempo.
  • Paisajes culturales asociativos: la inclusión de estos paisajes es justificable en virtud de las poderosas asociaciones religiosas, artísticas o culturales del elemento natural, en lugar de la evidencia cultural material.

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Los paisajes históricos, como paisajes culturales, surgieron en la década de 1990 como un tema de gran interés para la comunidad internacional de conservación. Treinta años después, el concepto de valor y significado que los paisajes culturales traían consigo desafiaba la distinción sostenida entre los valores culturales y naturales y el concepto de patrimonio centrado en la década de los sesenta, predominantemente aplicado a monumentos y sitios de la antigüedad.

Entendemos que, en lo relacionado con el paisaje histórico, nuestro sentido del lugar y el patrimonio no se limita a localizaciones separadas en un mapa, cada una de ellas espacial y temporalmente aislada. Hemos aceptado el concepto de la interrelación entre lugares, personas y eventos a lo largo de los años. Vemos y sentimos en el paisaje la idea del paso del tiempo que promueve el apego a nuestro mundo. Además, y a través del estudio histórico del paisaje cultural, ha habido una creciente comprensión de que los paisajes culturales, como huella de la historia humana, son el registro histórico más rico que poseemos. Nos ayudan a aprender, comprender e interpretar sus narraciones sobre los logros y valores de nuestros ancestros, así como a conocer nuestros valores actuales y los de las generaciones futuras. Son una ventana a un pasado colectivo consolidado y un apoyo a nuestra cultura actual.

Stian Norum Herlofsen

Al estudiar los paisajes históricos, tal vez resulte interesante mencionar que son, literalmente, la mayor parte de lo que nos rodean. Representan los paisajes, los lugares, urbanos, suburbanos y rurales en los que vivimos, trabajamos y disfrutamos en nuestro tiempo de ocio. Tienen una extraordinaria riqueza y variedad de vida, mostrándonos cómo han sido modificados por las personas a lo largo del tiempo, y cómo se han convertido en fruto de nuestra idiosincrasia. Creamos y moldeamos el paisaje humano de acuerdo con nuestras ideologías, y de esta manera los paisajes históricos reflejan nuestras tradiciones culturales y valores intangibles. Como resultado, transformamos los elementos del paisaje natural y superponemos patrones humanos para crear paisajes culturales. Estos patrones representan una creación en capas a través del tiempo.

Leer y modelar el paisaje no es un fenómeno moderno. En tiempos prehistóricos, los cazadores y recolectores aprendieron a leer el paisaje mientras buscaban alimento, manipulándolo en sus asentamientos. Este fue el comienzo de la planificación del paisaje. Con la agricultura, se aprendió a cultivar plantas silvestres, ya que los cultivos implicaban un cambio deliberado y de manipulación del paisaje, incluso con el uso del fuego. Para muchas sociedades, los componentes naturales del paisaje mismo – montañas, ríos, bosques – han sido y siguen siendo un reflejo de sus creencias cosmológicas y, por lo tanto, han evolucionado desde un intenso sentido de espiritualidad relacionado con el paisaje, un sentido de lo sagrado donde la cultura y la naturaleza se combinan. Esto no representa lo sagrado en oposición a lo profano, sino lo que ahora podríamos denominar “lo sagrado en lo cotidiano”.

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La conciencia que hemos generado del espacio desde nuestros primeros antepasados, es decir, donde el espacio se impregna de significado y, por lo tanto, se convierte en sitio, continúa hablándonos sobre la forma en que vemos el paisaje que nos rodea, tanto en su sentido histórico como en el tiempo presente. Edward Relph ha clasificado los diferentes tipos de espacios, o sitios-lugares, que alcanzan significado para los seres humanos, de la siguiente forma:

  • Espacio pragmático o primitivo, estructurado de manera inconsciente por la experiencia individual básica. Este es un espacio orgánico donde nos sentimos seguros; puede tener raíces biológicas en nuestra necesidad de refugio y hogar.
  • Espacio perceptivo, que implica encuentros emocionales directos con los espacios de la tierra, el mar, el cielo o con espacios construidos y creados por el hombre.
  • Espacio existencial, donde se han creado patrones y estructuras de importancia a través de la construcción de ciudades, pueblos, casas y todo lo relacionado con la creación de paisajes. Este es un espacio o lugar que está definido culturalmente. Uno de los problemas a los que nos enfrentamos es al de la comunicación, es decir, interpretar el significado del espacio existencial de un grupo cultural para otros significados que pueden volverse opacos con el tiempo a medida que las sociedades cambian.
  • Espacio arquitectónico y urbanístico.
  • Espacio cognitivo, con sus cualidades reflectivas referenciadas en mapas, planos y diseños.
  • Espacio abstracto, que supone una creación de la imaginación humana y de las relaciones lógicas que nos permiten describirlo sin, necesariamente, fundar estas descripciones en observaciones empíricas, impregnando y estimulando la imaginación.

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Un tema común que vincula estos diferentes conceptos de espacio, que sustentan la idea de la ideología del paisaje como escenario de todo lo que hacemos, es aquel que valoramos como depositario de valores intangibles y significados humanos que nutren nuestra propia existencia. Aquí es donde el paisaje y la memoria se vuelven inseparables, porque el paisaje es el centro neurálgico de nuestros recuerdos personales y colectivos.

Por otro lado, las expresiones del patrimonio cotidiano se vinculan cómodamente con las nociones internacionales actuales sobre la importancia de los paisajes históricos y las ideas de lo sagrado. Para ello es fundamental comprender que, además de los iconos de nuestro patrimonio cultural, son los lugares, las tradiciones y las actividades de la gente común los que crean un rico tapiz cultural de la vida, particularmente a través del reconocimiento de los valores que las personas atribuyen a su vida cotidiana, a las ideas relacionadas con su identidad; la identidad es fundamental para tener sentido del lugar. Relph lo resume acertadamente en su propuesta de que “la identidad de lugar se crea a partir de tres componentes interrelacionados, cada uno inseparable del otro: características físicas o apariencia, actividades y funciones observables, y significado o símbolos”.

Christopher Wilson

Por lo tanto, tanto la identidad física tangible como la intangible, relacionada con el carácter distintivo existencial de nuestro mundo vivido y las experiencias humanas, están íntimamente relacionadas con el significado y la importancia de las personas. Esta asociación tiene consecuencias identificables también por la forma en que la necesitamos para observar la interrelación entre la interpretación del patrimonio cultural y la oferta de lugares en el contexto del turismo, que se está convirtiendo progresivamente en un tema relevante en todo el mundo. Aquí se hace muy importante la planificación, interpretación y presentación del entorno histórico paisajístico. Aunque antes de ponernos manos a la obra deberemos plantear una pregunta fundamental: ¿qué cultura estamos presentando y por qué? En muchos casos, la extraordinaria riqueza de la cultura y del paisaje cultural de una zona implica la necesidad de mostrar una pluralidad de presentaciones.

¿Qué tipo de acciones se deben desarrollar para alcanzar unos resultados correctos en la conservación de los lugares, garantizando un futuro económico y de conservación del entorno, es decir, del paisaje cultural histórico? Una de las cuestiones más importantes es la protección y la mejora de las tradiciones locales y los recursos del patrimonio cultural, al mismo tiempo que se debe involucrar a sus habitantes dentro de un plan integral de manejo de la conservación y turismo para la región. Este es el punto donde se fomenta el diálogo entre la conservación y el turismo- pero donde el turismo no impulsa y vende el patrimonio-; se trata de que el turismo encaje dentro de un marco de planificación patrimonial como parte de un extenso proyecto de mapeo cultural.

Dan Desroches

La creación de un Mapa Cultural para una región debe contemplar las siguientes acciones:

1. Identificar a todos los interesados ​​y grupos de interés e idear un programa para involucrarlos en la planificación futura. Esto significa que un grupo(s) en particular debe ser privilegiado sobre otros. También exige garantizar que el contexto cultural sea apreciado por completo y, si es necesario, cambiar la forma en que se reconoce e interpreta.
2. Recomendar que un equipo multidisciplinario prepare un estudio sobre el paisaje cultural histórico.
3. Diseño del sitio para estacionamiento y área de vendedores que promueva un sentido de llegada y dirección, señalización, centro de interpretación, recorridos para andadores y carriles bici.
4. Desarrollo de programas interpretativos para enriquecer la presentación del lugar en sí, ofreciendo la base para una “lectura” más amplia del paisaje cultural en forma de folletos, guías y flyers sobre el patrimonio. Es necesario promover la educación de guías y el desarrollo de un código de conducta exigible para todos los visitantes. En este sentido, es productivo organizar cursos de capacitación con expertos locales y operadores turísticos donde se discutan aspectos de autenticidad, comportamiento y gestión del público, limitaciones y oportunidades- una gestión y planificación del sitio con todos los interesados-.

5. Desarrollo de un plan de turismo cultural general que vincule éste con el paisaje social y cultural subyacente y con el bienestar económico de la zona, sin menoscabo del significado, la autenticidad y el esplendor del lugar y su entorno.
6. Abordar la cuestión de si se cree firmemente que el lugar y su entorno podrían cumplir con los requisitos para la reinscripción en la Lista del Patrimonio Mundial de Paisajes Culturales, pudiendo hacerse un Estudio del Paisaje Histórico Cultural, que cumpla al menos con las dos categorías siguientes:
– El paisaje, en su continuo, debe evolucionar orgánicamente en virtud de la manera en que conserva un papel social activo en la sociedad contemporánea, asociada a una forma de vida tradicional donde el proceso evolutivo todavía está en progreso y donde existe evidencia material significativa de su evolución a lo largo del tiempo.
– Paisaje cultural asociativo en virtud de la poderosa asociación religiosa, artística y cultural de los elementos naturales en el paisaje, relacionados con el significado cósmico del paisaje como una representación del universo y con la manifestación física y metafísica.
Existen innumerables lugares en el mundo que deben ser urgentemente considerados como paisajes culturales de valor universal excepcional. No queda tiempo que perder.


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