Estudios de Comportamiento del Visitante en el Museo

Desde un punto de vista teórico, la observación del comportamiento de los visitantes dentro del museo nos permite analizar algunos problemas, y fenómenos particularmente importantes, que tienen lugar durante su experiencia museística. Esto incluye el tiempo que dedican a la visita, la elección de las zonas del museo para la misma y la capacidad de éste para generar atención y una buena difusión de la información, tal y como lo entendemos nosotros. Se trata de observaciones fundamentalmente centradas en el estudio del comportamiento de los visitantes y, en particular, sobre la conducta no verbal manifestada durante la visita, lo que nos permite evaluar cómo el entorno (el espacio arquitectónico y su disposición museográfica, es decir, el diseño, la densidad y el número de objetos expuestos, métodos de comunicación y exhibición, etcétera) afecta a la forma en la que participan e interactúan con el museo.

Peter Musterd

Las teorías recientes sobre el aprendizaje y la construcción de significados en los museos, tienden a considerar al visitante como un sujeto activo no neutral, tirando por tierra las hipótesis añejas (vintage) anteriores, valorándolo como una persona que desea asimilar información y conocimiento a través de un proceso de estimulación unidireccional (desde el museo-emisor hacia el visitante-receptor). Los visitantes son sujetos activos y factores determinantes en la (re)construcción de significados: cuando todo está dicho y hecho, son las personas-visitantes quienes formulan posibles significados para aquellos objetos expuestos que encuentran en su camino. En otras palabras, no existe una única propuesta predefinida en la producción de significado, sino toda una gama de posibilidades. Actualmente, esas propuestas están dirigidas, en casi la totalidad de los casos, desde preferencias curatoriales individuales – muy pocas veces articuladas pensando en el perfil cultural y existencial de los visitantes – y bajo criterios de accesibilidad universal. Los curadores deberían tener muy en cuenta aquellas teorías que consideran al museo como un lugar en el que los procesos informales de aprendizaje dependen, tanto de la situación subjetiva e individual del visitante (experiencia personal, base cultural, intereses, etcétera), como del entorno en el que tiene lugar el proceso (estimulación sensorial, forma de interpretar el museo, morfología del espacio y disposición de los objetos).

Business Wire

Si reflexionamos sobre la importancia del entorno en el comportamiento de los visitantes, cabe destacar cómo la base cultural y el conocimiento específico previo que poseen se hallan relacionados con un mayor impacto del contexto y del área de exposición, lo que influye en su comportamiento y forma de interpretar los contenidos. El visitante es libre de explorar el recorrido, pero también lo es de ignorarlo, asimilando la información solo parcialmente o incluso sin prestarle atención alguna: el visitante “común”, en numerosas ocasiones, ignora por qué los objetos y obras en exposición resultan relevantes (excepto aquellos que son universalmente conocidos y sometidos a una publicidad continua). La mayoría de los visitantes no son capaces de hacer una selección personal o establecer una jerarquía sobre los objetos expuestos. En base a ello, la visualización de los mismos es, por lo tanto, de particular importancia, al igual que lo es su relación con otros elementos que tienen que ver con la visita (la mayor o menor densidad de objetos a lo largo del camino). También debemos tener en cuenta la información que, en cierto sentido, complementa los objetos en la colección o exposición temporal, generando un poder de atracción e interés. En opinión de Bourdon y Chebat (2001), cuando los objetos y obras de arte requieren un cierto esfuerzo intelectual para ser comprendidos (como en el caso de las obras de arte abstracto y conceptual contemporáneo), los visitantes prefieren encontrar sus propios puntos de referencia en las características físicas de los mismos a la hora de encontrar un significado. A través de enlaces débiles con los objetos expuestos, establecen un fuerte vínculo con las características físicas del espacio expositivo, creándose así puntos de referencia que luego utilizan para planificar su propio circuito cognitivo.

Andy Norton

Está claro que la observación por sí sola no logra evaluar los procesos reales de aprendizaje de los visitantes; ni tampoco la capacidad real del museo para transmitir conocimiento y describir a lo largo de qué recorridos se dirige la construcción de sentido e interpretación. El valor del estudio de observación reside, sin embargo, en la posibilidad de influir sobre unas condiciones previas que permitan al museo consolidar objetivos ambiciosos. Para conseguir que un objeto “hable”, el visitante primero debe notarlo y, después, mirarlo; del mismo modo, para que un panel de información transmita conocimiento, debe ser leído durante un tiempo suficiente para que la información llegue a su destino. Los estudios de observación permiten evaluar empíricamente si un museo, o una exposición, puede garantizar unas condiciones adecuadas durante toda la visita, con el fin de que los procesos de aprendizaje y la producción de significado sean asimiladas por todo tipo de visitantes. Recordando las contribuciones de Eco (1962) y Macdonald (1996) podríamos decir que un estudio de observación consigue medir el grado de correspondencia entre el “visitante modelo” y el “usuario modelo”, teniendo en cuenta que ese ” visitante modelo” es el que los curadores tienen en mente cuando organizan una exposición o una visita, y para quien diseñan sus estrategias de comunicación, utilizando la gramática y la sintaxis propias del diseño de la exposición: la inclusión o exclusión de posibles narrativas y objetos, el sistema de iluminación, el uso del espacio disponible, la información o la decisión de no proporcionarla, y las relaciones espaciales que regulan su utilización. El “usuario modelo” parte de su encuentro real con el museo y de la forma en que ayuda a predeterminar su experiencia: ¿cómo se accede al museo? ¿Cuál es la orientación general del espacio? ¿Cuáles son las posibles formas de visita durante un tiempo determinado? ¿Quién es el objetivo? ¿Quién es discriminado y quién es tenido en cuenta?

Quick Tap Survey

Creemos que existe un considerable potencial en la planificación del uso y evaluación de los estudios de visitantes que ayudan y verifican los procesos de toma de decisiones en nuestros proyectos museológicos y museográficos. Estos estudios nos sugieren algunas pautas precisas para el trabajo futuro. Hoy intentaremos centrarnos en una serie de conceptos que forman parte de las preocupaciones rutinarias en el trabajo de museólogos y museógrafos, y ciertamente no hay nada verdaderamente nuevo acerca de ellos, pero el hecho de que se generen a partir de un análisis del comportamiento de grupos particulares de usuarios, nos permite identificar la intensidad y distribución de los fenómenos que les afectan . A continuación, os mostraremos algunas consideraciones que, a modo de ejemplos, surgen de estos estudios:

  1. Caliente / Frío. El tiempo y la capacidad de atención del visitante son siempre, y en todos los casos, escasos, y constituyen uno de los parámetros a partir de los cuales se deben evaluar las producciones museológicas y museográficas. La representación de la temperatura en el comportamiento del usuario muestra zonas calientes (donde el visitante se detiene más) y zonas frías (donde se distrae). Si analizásemos estos puntos, los más calientes y los más fríos, resultaría fácil encontrar diversas explicaciones a este fenómeno: las posibles respuestas incluyen, por un lado, una visibilidad / accesibilidad limitada hacia los objetos, el amontonamiento de las vitrinas, material de lectura largo y/o erudito, y , por otro, emergencia en el ambiente, mala iluminación, el enfoque en algunas características emocionales, etcétera. En cualquier caso, las zonas calientes y las frías no necesariamente indican una jerarquía de valores, o una configuración diferente sobre niveles de importancia. El empleo metafórico de la termografía, ofrece un uso práctico potencial interesante: las zonas calientes y las zonas frías deben diseñarse para diferentes objetivos del usuario, como una forma de administrar los escasos recursos del visitante: su tiempo y atención.
  2. Situación / Localización. Los estudios demuestran que en cada área se producen ciertos puntos clave, que actúan como centros en la visita y que tienen un poder de atracción ciertamente independiente del contenido y de los objetos expuestos. El espacio, obviamente, no es igual en todas partes, sino que se divide en diferentes formas y configuraciones en función de cada exposición en particular. En localizaciones importantes, como encrucijadas, intersecciones y desvíos, la mayoría de usuarios espera encontrar objetos e información que respondan a la peculiaridad de ese punto determinado en el espacio. La falta de reconocimiento de este mecanismo, implica catalizar la atención y detener al visitante de una manera que puede resultar contradictoria con la narración y la comunicación del contenido. La capacidad de las instrucciones relacionadas con la disposición del espacio para generar expectativas en términos de información y significado, es muy importante: la colocación de asientos frente a una zona concreta de la exposición influye- incluso sobre aquellos que no se van a sentar o a detenerse- en la dirección de la mirada hacia el espacio enfrentado al asiento. La silla o asiento pueden constituir un método para dirigir el significado, lo que podría interpretarse de la siguiente manera: un museólogo / museógrafo de buena fe nunca proporcionará asientos frente a objetos que no sean realmente relevantes. Esto nos muestra el papel tan sutil que desempeña la organización del espacio a la hora de dirigir la atención y generar una percepción diferente en cada zona, un recurso importante que se debe implementar para mejorar la comunicación entre la colección y los visitantes.
  3. Recorridos complejos. Cuando el recorrido serpentea por un trayecto en particular, es extremadamente importante crear un “curso de agua” que guíe al visitante instintivamente a lo largo de la ruta, sin necesidad de que exista una confirmación reiterada de que está yendo por el camino correcto. Si se toman direcciones “equivocadas”, se producen diversas formas de interferencia y perturbación en la visita. Algunas personas pueden entenderlo como una cierta “confusión”, tanto en la visita como en el diseño de la exposición, obligándoles a volver y repetir algunas zonas en su recorrido. Otras, manifiestan tener dificultad para interpretar la organización del espacio al no estar acostumbradas a mantener dos niveles de percepción: la atención centrada en los objetos expuestos, y la decisión de a dónde ir. Ser capaz de identificar grupos uniformes, en base a los problemas y las dificultades para percibir el espacio, es una herramienta muy útil para definir las características importantes sobre las que se debe planificar las visitas.
  4. Museología / Museografía: son una percepción global. El estudio del comportamiento del usuario nos puede mostrar una reacción y una adaptación recurrente, útiles para la organización del espacio como un todo, desde la articulación del recorrido hasta los contornos de los volúmenes y los objetos contenidos en las vitrinas individuales. Es la totalidad de la información contenida en varias escalas dimensionales lo que da forma al comportamiento: así, las decisiones museológicas sobre el orden de los materiales se entrelazan indisolublemente con su visualización y la forma en que deben ser “escenificadas”. Esto nos permite evaluar con detalle la interacción entre los componentes museológicos y museográficos como si fueran un solo elemento. Por ejemplo, aparte del diseño de la forma en que se presenta, una vitrina puede parecer descuidada debido a la gran cantidad de piezas que contiene, lo que dificulta su comprensión y lectura. Por el contrario, un solo elemento-objeto puede convertirse en el foco de atracción si se muestra en un contexto con pocas distracciones, y dentro de un espacio particularmente bello. En este caso, lo que no es más que un simple “clavo” puede llegar a ser percibido como una gema preciosa. Los estudios de observación simplemente registran el tipo de acción, el tiempo dedicado, los recorridos realizados y el comportamiento no verbal del público, reflejando un tipo de actitud estimulada y dirigida a partir de un conjunto de signos y objetos. De esta manera, podemos evaluar el efecto global que parte de las múltiples interacciones entre elementos museológicos, museográficos y la disposición espacial.
  5. Tiempo percibido / Tiempo real. Como ya hemos mencionado, el tiempo del visitante es un bien escaso: el tiempo total dedicado a la visita a menudo se subestima, o no resulta suficiente para una visión ideal y completa de las colecciones expuestas. El uso de diferentes métodos de encuesta durante los estudios, (observación y entrevistas cara a cara) nos permite hacer una comparación interesante entre la duración real de la visita y la percepción subjetiva de los visitantes. Por lo general, las discrepancias tienden a sobreestimar el tiempo real: piensan que han pasado mucho más tiempo en el museo de lo que realmente ha sido. El fenómeno podría explicarse teniendo en cuenta que la experiencia de la visita, en la mayoría de los casos, es un proceso “agotador” en términos de consumo de energía física e intelectual (el agotamiento del museo), lo que significa que el tiempo dedicado al museo resulta, en cierto sentido,”denso” y “extraordinario”. Es “denso” por la hiperestimulación sensorial y por la activación de procesos cognitivos no habituales, y “extraordinario” en el sentido de que la visita a un museo, para muchos usuarios, es una actividad única, no relacionada con comportamientos y prácticas rutinarias (ir al trabajo, tomar un descanso para almorzar, ir de compras, etcétera) y, por lo tanto, difícil de cuantificar.

Henry Art

Estas son solo algunas de las posibles consideraciones surgidas de los diferentes estudios. Es importante señalar que estos estudios de observación no permiten inferir nada sobre los procesos intelectuales reales de los visitantes o sobre sus características socio-culturales. Como hemos dicho anteriormente, se trata de análisis que, simplemente, nos permiten evaluar si las hipótesis básicas sobre una configuración espacial y una disposición de contenidos determinadas son correctas o no, a partir del comportamiento de los visitantes: si se sigue realmente el recorrido sugerido, si un objeto se observa o no, si el visitante dedica una cantidad mínima de tiempo frente a un panel descriptivo para poder leerlo. Básicamente, los estudios nos revelan si se cumplen las condiciones previas necesarias para que se produzca un intercambio de información, en consonancia con las expectativas que están implícitas en la organización espacial y en la disposición del museo.

Glasgow Caledonian University

El modelado a partir de los estudios de comportamiento de los visitantes – que aporta temas muy interesantes, objeto de reflexión – se convierte en una herramienta innovadora y de amplio alcance cuando se combina con otros análisis específicos sobre grupos de usuarios, utilizando técnicas de estudio diferentes, como cuestionarios o entrevistas directas, con el fin de obtener una mayor comprensión de los procesos cognitivos que tienen lugar dentro de nuestros museos.



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Fotografía principal: Digital Spy

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