Diseño y Activismo

El activismo, con la utilización del diseño como plataforma de reivindicación, se ha convertido en un tema de creciente interés, sumando el apoyo de investigaciones importantes a lo largo de la última década (ver, por ejemplo, Borasi & Zardini, 2008; DiSalvo, 2010; Fuad-Luke, 2009; Markussen; Mogel & Bhagat, 2008; Thorpe, 2008). Generalmente, el activismo en el diseño se define en base a la idea de que éste desempeña un papel importantísimo para:

  1. Promover un cambio social.
  2. Crear conciencia sobre los valores y creencias (cambio climático, sostenibilidad, etcétera).
  3. Cuestionar las limitaciones de la producción en masa y el consumismo en la vida cotidiana de las personas (véase, por ejemplo, http://designactivism.net/).

El activismo, en este contexto, no se restringe a una sola disciplina, sino que abarca desde diseño de productos a diseño de la experiencia, diseño urbano, industrial, arquitectura, moda y algunas otras áreas (véase, por ejemplo, Fuad-Luke, 2009).

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Sin embargo, lo que se echa en falta respecto a la comprensión actual del activismo del diseño es una fijación teórica más firme sobre cómo y por qué resulta tan importante. ¿Cómo funciona el activismo en el diseño? ¿Cuál es su impacto en la vida cotidiana de las personas y qué es lo que lo distingue de otras actividades creativas estrechamente relacionadas, como puede ser el activismo en el arte. Intentaremos ofreceros algunas respuestas al respecto.

Obviamente, el término “activismo” pretende enfatizar la posible relación entre el activismo de diseño, el activismo político y los movimientos “anti” de diversa naturaleza: anticapitalista, antiglobal, antitrust, etcétera. Esto ha llevado a algunos autores a suponer que la naturaleza del activismo del diseño puede entenderse adecuadamente en términos de conceptos e ideas que surgen de la sociología (Thorpe 2008) o de la teoría política (DiSalvo 2010). Pero a pesar de que el activismo en el diseño pueda compartir muchas características con el activismo político, no debe modelarse de manera unilateral sobre la base de enunciados eminentemente teóricos. La sociología y la teoría política tienen, sin duda, un vocabulario muy suyo que nos permite arrojar luz sobre “democracia”, “espacio público”, “participación” y otros conceptos explorados por los activistas del diseño, pero no dispone de un lenguaje concreto para expresar lo que es verdaderamente único y singular en el acto de diseñar. Se trata de un acto que no representa un boicot, ni una huelga, protesta, manifestación o alguna otra acción política, sino que presta su poder de resistencia convirtiéndose en una herramienta social que pueda llegar a intervenir para mejorar las vidas de las personas. Este es un tema crucial para la investigación del activismo en el diseño.

But does it float

Por la misma razón, el activismo del diseño se ha interpretado a partir de las prácticas inventadas por ciertos movimientos artísticos de vanguardia, como el “intervencionismo social” y el “arte comunitario”. Diseño y arte se aproximan cuando se justifica que las técnicas subversivas utilizadas en el activismo contemporáneo del diseño se basan más o menos deliberadamente en las prácticas de producción de arte que fueron introducidas por los situacionistas (Internacional Situacionista) en la década de 1960 (Holmes, 2007). Sin embargo, para comprender mejor las peculiaridades del activismo en el diseño, necesitamos desviar nuestra atención desde el arte hacia el acto del diseño en sí mismo. Las técnicas utilizadas por los activistas del diseño pueden ser similares a las de la vanguardia, pero los efectos que se logran son diferentes a la acción artística de reivindicación. No obstante, es precisamente en el entrelazamiento íntimo entre lo estético y lo político donde podemos encontrar una respuesta interesante sobre la potencial naturaleza activista del diseño.

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Thorpe (2008) argumenta que el diseño carece del marco conceptual adecuado para el activismo, pero la sociología moderna tiene su teoría propia, una sobre la tipología de activismo. Esta tipología se utiliza para sistematizar una gran cantidad de proyectos de diseño sobre un conjunto limitado de categorías de actos del diseño. El activismo del diseño puede así manifestarse en forma de: (I) un artefacto de demostración que revela alternativas positivas que van más allá del estado actual de las cosas; (II) un acto de comunicación, en el sentido de hacer que la información sea visual, idear sistemas de calificación, crear mapas y símbolos, etcétera; (III) generación de acciones convencionales que propongan nuevas leyes, redactando reivindicaciones, manifestándose en reuniones políticas, etcétera; (IV)  creación de un objeto destinado a proporcionar ayuda humanitaria o para un grupo o población necesitada; (V) fomento de eventos tales como conferencias, charlas, instalaciones o exposiciones; y por último (VI), un instrumento de protesta, que se use deliberadamente con el fin de aumentar socialmente la reflexión sobre el estado de la moralidad en nuestra sociedad.

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Como siempre, todas estas tipologías y categorías deben evaluarse de acuerdo con su capacidad para describir y proporcionar una nueva comprensión sobre el tema. En este sentido, mencionaremos que, junto con Fuad-Luke (2009: 81), el marco que propone Thorpe es insuficiente. Primero, porque utiliza los conceptos de acción de la sociología como sus herramientas conceptuales preferidas. Enfatiza que el activismo del diseño está relacionado con las prácticas sociales, pero dice muy poco sobre los elementos centrales del ejercicio del activismo del diseño aplicado a la sociedad: sus técnicas, diseño métodos activistas, los usuarios finales previstos, etcétera.

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En segundo lugar, los conceptos en el marco de Thorpe parecen ser demasiado vagos y generales como para permitirnos hacer distinciones conceptuales y entender los diferentes tipos de activismo en el diseño. A menudo, al aplicarlos para diseñar proyectos activistas, se termina describiendo en términos de híbridos conceptuales, como los objetos de protesta-demostración-servicio. Por ejemplo, el proyecto “Recetas Urbanas” de Santiago Cirugeda, en lo que se denomina “Arquitectura Social”, se encuentra entre las tres categorías. Si los proyectos de los activistas del diseño tienden a caer entre las categorías como una regla, más que como la excepción, dichas categorías resultarán demasiado imprecisas y quedarán dentro de un marco que debería modificarse sustancialmente para parecer más sensible a la naturaleza particular del activismo del diseño.

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En tercer lugar, los conceptos de acción sociológica revelan poco sobre el alcance previsto del activismo del diseño y, lo que es más importante, sobre sus efectos en cuanto a provocación de cambios sociales y de comportamiento. Curiosamente, Fuad-Luke (2009) señala que la disrupción es una noción central para entender el efecto del activismo del diseño: “Las formas de activismo también son un intento de alterar los paradigmas existentes de significado, valores y propósito compartidos para reemplazarlos por otros nuevos” (Fuad-Luke, 2009, p 10). Además, combina la noción de disrupción con la estética cuando, al final de su libro, argumenta que el activismo del diseño exige una noción revisada de la belleza: “necesitamos nuevas visiones de belleza, pudiendo llamar a esta belleza una hermosa rareza, una belleza que no nos es muy familiar, teñida de novedad, ambigüedad e intriga, que atrae a nuestro sentido innato de curiosidad”. Al incorporar la noción de ” belleza” a la discusión, Fuad-Luke pretende captar nuestra atención sobre la estética, una disciplina esencial para explicar cómo los objetos y soluciones del diseño activista promueven el cambio social a través de su impacto estético en nuestros sentidos, la percepción, las emociones y la interpretación en las personas.

Co-Opline

Desafortunadamente, Fuad-Luke no profundiza en cómo la relación entre disrupción y estética podría ser valiosa para entender el activismo del diseño. En cambio, su argumento principal es que dicho activismo debe analizarse de acuerdo con los problemas del mundo que nos rodea. Para este fin, propone el denominado “Marco de las Cinco Capitales” como un medio para examinar dónde el activismo pretende ejercer un efecto sobre diferentes áreas de interés: Capital Natural: preocupación por los recursos ambientales, reciclaje, eco-diseño, bio-diseño, soluciones sostenibles, etcétera; Capital Humano: interés por todas las necesidades y habilidades humanas; Capital Social: afán por fortalecer las relaciones en el entramado social para aumentar el compromiso cívico, la salud comunitaria, la inclusión social, etcétera; Capital Financiero: banca alternativa y microcréditos; y, finalmente, el Capital Manufacturado: soluciones y objetos realizados por el hombre que permiten y mejoran la producción (por ejemplo, arquitectura, infraestructura e innovación tecnológica).

Sobre esta idea, proponemos el siguiente diagrama que representa un nuevo marco para la práctica y el estudio del activismo del diseño.

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Sobra decir que este marco no debe valorarse en términos detallados, ya que deben agregarse muchas más categorías de experiencia humana. El marco tampoco incluye un mapeo de los métodos utilizados en el activismo del diseño. Entre las técnicas involucradas en proyectos escogidos al azar, podríamos observar, por ejemplo, la “cartografía táctica”, como la que ha desarrollado el Proyecto iSee, o la “regulación urbana pirata”, o el proyecto “Recetas Urbanas” de Santiago Cirugeda. Existe una multitud de soluciones parecidas a éstas. En cualquier caso, no es la técnica en sí misma la que define el activismo del diseño, sino el efecto que es capaz de generar en el usuario. 

CNET

Necesitamos desarrollar un nuevo contexto para comprender la importancia del activismo del diseño en nuestra sociedad; demostrar cómo funciona y cuál es el valor y efecto que proporciona en la vida cotidiana. Debemos crear nuevos marcos teóricos que se desenvuelvan fluidamente en lo práctico, ya que la mayoría de las teorías existentes son insuficientes, al no tomar en cuenta los elementos y el material del activismo del diseño práctico. Por ejemplo, Thorpe basa su marco en conceptos sociológicos, mientras que Fuad-Luke toma su punto de partida en el pensamiento ambientalista, es decir, en cómo está representado por el “Marco de las Cinco Capitales”.

Por otro lado, es necesario fijar la atención en el efecto provocado por el activismo del diseño para generar conceptos más claros sobre esta práctica. Seguramente, muchos de los actos de diseño mencionados por Thorpe (actos de comunicación, protesta, expresión, etcétera) pudieran estar involucrados en el activismo del diseño, pero el punto importante es que solo deberían ser considerados como modelos del activismo en el diseño, a través de medios y expresiones estéticas, evocando los efectos establecidos por DiSalvo: revelación, debates y retos.

Mientras DiSalvo recorre un largo camino para desentrañar el lado político de estos efectos, ignora su dimensión estética, fundamental en el acto de diseñar. Un giro hacia lo estético, en las ideas proporcionadas por Rancière, resulta muy útil a la hora de describir cómo los objetos y soluciones activistas promueven el cambio social al alterar la condición de la experiencia de lo humano. Dicho ésto, debemos considerar la reflexión anterior como un paso hacia la creación de un concepto más completo sobre lo que es el diseño, algo que no puede lograrse sin antes haber llevado a cabo más trabajos y estudios sobre la práctica del diseño actual.


RECURSO:

Markussen, T. (2011): The disruptive aesthetics of design activism: Enacting design between art and politics. Nordic Design Research Conference 2011, Helsinki www.nordes.org. Aarhus School of Architecture, Nørreport 20, Aarhus C, 8000 Aarhus C, Dinamarca.

Fotografía principal: Design Boom


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