Ideas para el Museo Local – XI

Para explicar historias, recurrid a sistemas baratos y versátiles: las historias a través de aplicaciones de realidad aumentada (RA).

Los marcadores de realidad aumentada son los herederos de los códigos QR, ya sabéis, esas cosas cuadradas tan raras y feas que, cuando las enfocamos con el teléfono móvil-celular y los escanéa una aplicación, nos facilita visualizar un contenido preconfigurado. Esos códigos QR han evolucionado mucho, transformándose como os decimos en marcadores. La aplicación que usamos es otra también, la denominaremos realidad aumentada (RA). Todo pasa por el uso de esa extensión de nuestra mano que nos convierte en una espacie de androides: el smartphone y las tabletas. Estas experiencias de realidad aumentada, a partir de ahora: RA, son fáciles de producir ya que hay websites en internet que nos ayudan a generar la gráfica en diferentes colores, con textos, ilustraciones, fotografías, sonido, etcétera.

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Para descargar estas aplicaciones solo hay que ir al website del desarrollado tecnológico, por ejemplo Total Inmersion entre otros muchos, y seguir los pasos de sus tutoriales. La ventaja que tiene las aplicaciones que sustituyen a los códigos QR, es que reconocen cosas y nos cuadraditos extraños en blanco y negro. Podemos pre-programar el sistema de RA para que reconozcan objetos, fotografías, ilustraciones e incluso rostros. Así, el museo puede ofrecer desde una simple información textual a geolocalizaciones, direcciones web, vídeos o solo audio. Estos sistemas de RA pueden generar dioramas digitales, es decir, dotar al objeto de un escenario virtual que podremos visualizar a través de la pantallita de nuestro smartphone o paleta, pudiendo añadirle audio en diferentes idiomas, algo que deja en el pleistoceno a los headphones actuales que ofrecen los museos y, además, al usuario de la aplicación le sale gratis.

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Además, estos sistemas incentivan la interactividad con los usuarios, les estimula, les puede plantear preguntas, enigmas, juegos y, además que no menos importante, a los niños les encanta.

No es necesario que insistamos en que estos sistemas pueden utilizarse en el museo para interesantes juegos de pistas, pueden geolocalizar los lugares de procedencia de los objetos, así como ayudar a descargar información complementaria y almacenar contenidos de todo tipo. Creemos que es una fórmula eficaz y barata de explicar la historia, publicitar el museo y ampliar el espacio físico transformándolo en un fabuloso mundo virtual. Las posibilidades son infinitas. Estos sistemas se pueden usar tanto dentro del museo como fuera ya que en principio la mayoría no necesita conexión a internet para que funcionen. Por lo tanto, para los equipamientos patrimoniales al aire libre son muy útiles, también en el casco urbano se pueden usar, solo necesitan una idea detrás. Podemos enumerar sus usos y bondades en 10 puntos:

1. Nos pueden ayudar a que sigamos indicaciones para hacer un recorrido interior (dentro del museo) o exterior (ciudad o lugar patrimonial). Un ejemplo fantástico es lo que se hizo para la catedral de Amiens.

2. Pueden ayudarnos a identificar lugares incluso como si fuera un juego. Promueven actividades culturales educativas que tienen éxito sobre todo entre los más pequeños.

3. Pueden desarrollar campañas educativas. Podemos crear marcadores efímeros, es decir, que sean reconocibles solo durante un tiempo determinado, aquel que dura la campaña en cuestión. Se distribuyen con el apoyo ciudadano, en la vía pública, en las tiendas, entidades y asociaciones, etcétera. Pueden convertirse en auténticas campañas de sensibilización y de educación alrededor del museo y del patrimonio.

4. Pueden desarrollar concursos educativos. Se pueden plantear concursos de toda índole y naturaleza muy variada que incluyen concursos de fotografía, pequeños filmes, relatos, música, y todo tipo de acciones relacionadas con uno o varios temas educativos que involucren a todo tipo de personas.

5. La RA facilita la narración de historias. Pueden convertirse en un excelente recurso para que el ciudadano narre y comparta episodios de su historia vividos en diferentes escenarios de nuestra ciudad. Es una forma de transmisión de la cultura usando recursos sencillos de expresión oral.

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6. El antes y el ahora: “observar” la historia como si viajáramos en una máquina de transporte espacio-temporal. La comparación antes-después relacionada con la historia es una manera impactante de aprender y disfrutar del conocimiento de las cosas que ya han pasado. Podemos enfocar nuestro smartphone a un sitio concreto de la ciudad y visualizar como era ese mismo lugar hace, 500, 100 años, por ejemplo.

7. Los sonidos del tiempo: las distintas posibilidades que este sistema ofrece para recrear sonidos (el fragor de una batalla), en la ciudad, en el campo, en el sitio arqueológico, etcétera.

8. Escenarios de celuloide: muchos lugares se han convertido en platós de cine y televisión. La RA es una excelente herramienta para poder visualizar esos “corte” cinematográficos relacionados con lugares de una importancia especial.

9. Los sabores de la historia, el paladar del tiempo: el patrimonio gastronómico como forma educativa a través de las recetas o la complicidad de algún restaurante del lugar que rehaga menús ancestrales. También puede mostrar vídeos con elaboraciones de platos, fotografías, textos con información nutricional, etcétera.

10. Reconocer el patrimonio cultural: zonas de interés natural, jardines urbanos, parques, zonas verdes, etcétera, pueden ser los principales protagonistas de un recorrido cultural muy agradable. Desde el punto de vista educativo patrimonial, es tan importante saber quién construyó la catedral de una ciudad como qué árboles, arbustos y plantas hay en los jardines y calles por donde paseamos todos los días.

949807035417_9z2abXHZ_lImagen: HDR 3º nº: 6

Y los usos de la RA se siguen multiplicando… Solo necesitamos ideas, tiempo y un poco de conocimiento tecnológico para desarrollarlas.

IDEAS QUE CUESTAN POCO DINERO:

Saca el museo a la calle.

Si os ponéis de acuerdo con un grupo de teatro de aficionados de vuestra ciudad, seguro que podréis ofrecer a todo el mundo que lo quiera ver un espectáculo relacionado con el museo en la misma calle, si da lugar. Ahora, como somos muy modernos, a estas acciones las denominamos flashmobs, pero ya existen desde el año que se inventó la patata, y se pueden hacer también con música instrumental, a capella, mimo, pregones, etcétera. Solo necesitamos a un grupo de gente comprometida con la difusión del museo, que no se corten en público e imprimir unos grandes cartelones (banners de calle) dónde vaya a desarrollarse la acción, para que podamos ver claramente la imagen del museo que promueve el espectáculo.

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