25 Ideas para el Museo Local | Idea 3

El museo como herramienta socializadora

Sabemos que las funciones básicas del museo han sido siempre las de conservar los vestigios de nuestro pasado, investigarlos y hacer accesible ese contenido a todo el mundo. La función socializadora del museo debemos diferenciarla de la simple función de comunicar el contenido. Decimos función socializadora porque el museo pone al servicio de la comunidad, nos hace a todos copartícipes del conocimiento que surge de la exposición de los objetos y del arte. No solo se trata de transmitir información con mensajes y punto. La función socializadora es un acto que debe ser controlado, consciente y voluntario. La comunicación del museo, por si misma, es un acto que existe de forma espontánea y se recibe como cada uno lo entiende. Los museos, al igual que nosotros los humanos, tiene muchas formas de comunicar y puede hacerlo a través de la arquitectura, de un cartel, de una pancarta anclada a la fachada, de una página web, del trato que nos ofrece su personal, de su perfil en Facebook, etcétera. En cambio, para hacer llegar el contenido del museo a todos los públicos hay que desarrollar una trabajo didáctico, un proceso que denominamos “museografía didáctica”, tema del que ya os hemos hablado alguna vez.

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El término “socializar el conocimiento” incluye el de “educar”, y los museos deben ser los medios de comunicación cultural más potentes de la sociedad si realmente cumplen su función correctamente. Deben aspirar a transformarse en instrumento educativos, ser “socios de la educación” (Silvia Alderoqui).

Si la didáctica es la disciplina que facilita la educación y la enseñanza del conocimiento humano, el museo debe utilizar la técnica de la museografía didáctica o no cumplirá con sus funciones fundamentales. Para el visitante, no debe ser suficiente que el museo encierre objetos en cajas de cristal o que cuelguen los cuadros en la pared con su consiguiente cartelito a un lado. La museografía didáctica es una técnica creada para que el museo enseñe eficazmente la mayor cantidad de información de una forma rápida y divertida. No concebimos la enseñanza en el aburrimiento, la monotonía, la desidia educativa monoforme, pesada, cansina. El museo debe educar eficazmente siempre desde lo lúdico, nos debe ayudar a pasarlo bien.

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¿Cómo hacer posible una enseñanza en el museo de forma amena y divertida? Para ello existe un decálogo que os formularemos a continuación:

1. Es preciso buscar un punto de encuentro entre lo que el visitante suele saber y lo que el museo le quiere mostrar.

2. Lo más importante del museo es el guión: lo que queremos enseñar al visitante. Nunca dejando de pensar que el museo lo hacen los objetos expuestos. Los textos deberían estar prohibidos.

3. Un guión debe ser como el de una película: principio, desarrollo y final. De lo contrario todo el contenido expuesto estará descontextualizado – aquí no incluimos a los eruditos que todo lo saben, hasta lo desordenado que mata de aburrimiento -.

4. El guión puede ser trágico, cómico, descriptivo, misterioso, de acción, todo esto junto en función del tipo de museo y el mensaje que quiera transmitir al visitante.

5. Hay que ordenar los objetos e ideas en el orden de lo que es más sencillo a lo que es más complicado, de lo concreto a lo abstracto.

6. Debemos estimular el razonamiento, pero siempre a través de las emociones y sensaciones. Debemos ofrecer tiempo para pensar, para sentir, para experimentar, para sorprendernos.

7. La acción didáctica debe comenzar desde el kilómetro cero del museo. No hay que esperar a que esté terminado de construirse para comenzar con la didáctica. Al arquitecto, si hablamos de un correcto proceso de creación de un museo, se le llama el último y siempre aclarándo que “zapatero a tus zapatos”. La versión del arquitecto todopoderoso no funciona, no estamos en el Renacimiento precisamente.

8. El museo debe ser capaz de formular preguntas al visitante y estimularlo para que intente encontrar las respuestas por si mismo.

9. Las personas somos diversas, diferentes, hay que comunicar de muchas formas, no solo de una. Hay personas de diferentes edades, sexo, condición cultural, raza; a unas les gusta observar, a otras escuchar, unas son pasivas, otras muy activas. Hay un sector del visitante como son los niños, que les encanta tocar, manipular, debemos invitarles a experimentar.

10. Por último, hay que tener muy en cuenta que el museo es un servicio que está a disposición de las personas; en este sentido, el museo no es diferente a un teatro o a un centro comercial: el usuario debe salir satisfecho. Los museos locales con un contenido que es un galimatías incompresible no funcionan, y son muchos desgraciadamente.

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IDEAS QUE NO CUESTAN DINERO:

Los documentos que alguien olvidó…

Podemos dejar pequeños documentos escritos a mano sobre las sillas de las salas de exposición o encima de algún mueble, en las mesas del bar, como si se tratara de notas que alguien olvidó y que contienen ideas, interrogantes o reflexiones sobre las obras expuestas o los objetos. A veces estos pequeños escritos pueden mostrar también opiniones de los propios visitantes sobre el contenido expuesto.

Foto principal y para redes sociales: Gameboy de Elise Siegwall

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