Museos y Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial

 

La dualidad entre la vida y el patrimonio cultural inmaterial, con su valor universal y significados especiales en las comunidades locales y en los creadores, representa un desafío para su conservación y exhibición en nuestros museos. El patrimonio, como valor universal y global, ha sido el enfoque predominante en el establecimiento de políticas culturales internacionales desde la segunda mitad del siglo XX , pero actualmente la importancia que esto supone para las comunidades locales ha ido en aumento. Hablamos de una dualidad particularmente desafiante con respecto a la implementación de la Convención Internacional para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial (UNESCO: 2003). Mediante la adopción de este tratado, el paradigma de la política – y la elaboración de leyes – ha pasado de valorar monumentos, lugares, objetos, artefactos y otros elementos, a salvaguardar un patrimonio vivo que se encuentra principalmente en las habilidades, el conocimiento y la experiencia de la sociedad actual.

Con respecto al papel de los museos en la salvaguarda del patrimonio cultural inmaterial (PCI), encontramos otro documento de gran importancia: La Recomendación sobre la Protección y Promoción de Museos y Colecciones, su Diversidad y su Rol en la Sociedad, adoptado por la UNESCO en 2015. Se trata de un documento innovador que reconoce, no solo la gran importancia de la preservación, el estudio y la transmisión del patrimonio cultural – tanto tangible como intangible -, la cohesión social y el desarrollo sostenible, sino también el papel central que pueden desempeñar los museos para ayudar a conseguirlo. Esto, responde a la comprensión recientemente desarrollada del potencial del patrimonio cultural para desempeñar un papel como recurso social, cultural y, a veces, económico para las comunidades (Consejo de Europa: 2005; UNESCO: 2013; UNESCO: 2016), en particular, en referencia a los aspectos intangibles del patrimonio. Por otro lado, el derecho internacional demanda, actualmente, una mayor democratización del paradigma en la protección del patrimonio, en particular a través de la participación de la comunidad en su identificación, salvaguarda y gestión. Así pues, el papel que los museos pueden desempeñar con respecto a la salvaguarda de los aspectos intangibles del patrimonio es fundamental.

A primera vista, puede parecer algo paradójico intentar debatir la forma en que los museos contribuyen a salvaguardar el PCI, una forma de patrimonio cultural que predominantemente no tiene forma física. Como respuesta inicial, podríamos recurrir a la definición aportada sobre el patrimonio cultural inmaterial en el Art.2 (1) de la Convención de la UNESCO de 2003: »[…] las prácticas, representaciones, expresiones, conocimientos, habilidades, así como los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales asociados con ellos: que las comunidades, los grupos y, en algunos casos, los individuos reconocen como parte de su patrimonio cultural…».

A partir de esta definición, queda suficientemente claro que el patrimonio cultural inmaterial no solo abarca aspectos no físicos (expresiones orales, danzas y actuaciones musicales, prácticas sociales, rituales, conocimientos ecológicos y medicinales tradicionales, artesanías, etcétera) sino también una gama de objetos que están «asociados a» este patrimonio. Puede tratarse de elementos artísticos, como instrumentos musicales, disfraces, máscaras, alfombras u otros artículos de artesanía, etcétera. O puede englobar una amplia gama de objetos cotidianos aparentemente mundanos, como las herramientas para trabajar la madera o los telares textiles. Sin embargo, lo que le da a esta última gama de objetos su valor o «importancia cultural» es la conexión con el conocimiento intangible, las habilidades y los saberes con los que se utilizan. Así, por ejemplo, las herramientas de un carpintero, que podrian no ser en sí mismas de gran valor patrimonial, cuando se asocian a la construcción de un templo japonés de madera al estilo tradicional – utilizando el conocimiento adquirido durante siglos a través de un aprendizaje muy exigente -, adquieren un enorme valor patrimonial inmaterial (Deacon y Beasley: 2007). De esta manera, objetos varios que normalmente no se exhiben, se convierten en exposiciones.

En los últimos años, los museos han comenzado a gestionar el modo de presentar el PCI (una práctica cultural, actuación, representación) en su propio contexto. Curiosamente, este trabajo se ha desarrollado con un especial y creciente interés en museos comunitarios, museos de culturas minoritarias e inmigrantes y, en el Reino Unido, los Estados Unidos, América Latina y el Caribe y África Occidental; incluso en museos que abordan el comercio de esclavos. Así , podemos hallar nuevas formas de presentar e interpretar el PCI en los museos, formando parte de un movimiento más amplio hacia una concepción más comunitaria, menos conservadora y menos elitista. Este nuevo enfoque coincide con la forma en que la Convención de 2003 introdujo un nuevo paradigma de gestión y protección del patrimonio, que ubica a la comunidad de ese patrimonio (en particular, el patrimonio portadores) en el centro (Blake: 2016). Se trata de una operación predominantemente dirigida por el estado que, si la Convención del 2003 se implementa fielmente, podría llegar a convertirse en una actividad realizada por las autoridades estatales con la participación activa de comunidades culturales, grupos e incluso agentes individuales. Este cambio relevante se puede observar en la definición presentada en el Artículo 2.1 de la Convención, según la cual, el patrimonio ya no se entiende como un «tesoro nacional» sino como un recurso social y cultural de las comunidades que lo crean, mantienen y transmiten, identificándose directamente con ellas.

Este cambio fundamental en la estrategia de protección del patrimonio resulta para las administraciones gubernamentales un serio desafío, ya que requiere que las instituciones culturales – como los museos – reconsideren su papel frente al patrimonio que poseen y exhiben, pero también para las comunidades que lo crean. Finalmente, los museos representan un actor muy significativo entre varios agentes locales importantes, aquellos que pueden desempeñar una serie de funciones clave con respecto a la implementación de las medidas de salvaguarda nacionales establecidas en la Parte III de la Convención de 2003 (Artículos 11 a 15). Por tanto, y a modo de conclusión, salvaguardar el PCI involucra a los museos en una serie de actividades de divulgación que van más allá del rol tradicional de tenencia, conservación y exhibición de bienes culturales.

Recurso:

Janet Blake (2018): Museums and Safeguarding Intangible Cultural Heritage – Facilitating Participation and Strengthening their Function in Society. Museums and Safeguarding ICH. Vol. Nº: 13 – 2018 International Journal of Intangible Heritage.


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