La Comunicación Mediada del Museo

 

Desde el esfuerzo por mantener la memoria de otros tiempos, y en la reconstrucción de toda clase de conocimientos, los museos luchan, desde siempre, por adaptarse a un mundo en constante transformación. La historia de nuestros museos muestra su acoplamiento a contextos políticos cambiantes, desarrollando entornos sociales, con muchas dificultades casi siempre. Necesitan actuar frente a las alteraciones del perfil demográfico de sus visitantes y a las transformaciones de su entorno, incluída la economía. Son sensibles al clima filosófico que les rodea, y se ven obligados a elegir nuevas formas de trabajar, influídos, a su vez, por los paisajes tecnológicos en constante y vertiginosa evolución. Lejos de ser entidades estables, de forma y hábitos fijos, los museos, en realidad, se han convertido en el permanente objetivo de los cambios en el contexto cultural e intelectual ocurridos a lo largo de la historia, y ahora más que nunca.

La potencial agilidad y capacidad de respuesta del museo es lo que le permite no solo encontrar nuevas formas de mecanizar las oportunidades de aprendizaje -dentro y fuera de su edificio-, sino explorar, incluso, la definición del aprendizaje en sí. El museo brinda innumerables oportunidades para que diferentes comunidades participen, con diversos grados de autoría, propiedad y colaboración activa. Es esta potencial capacidad de adaptación la que permite al museo seleccionar nuevas plataformas y canales para su comunicación, y si es necesario, reinventarse, en su forma organizativa y en sus modelos de gestión.

Otro tipo de acomodación podría tener que ver con la forma en que el sector de los museos conceptualiza el alcance y las cualidades de la comunicación, particularmente la digital. Son cambios que se relacionan con la «comunicación mediada por el museo» dentro del apartado de los estudios de museos y con las características de la futura investigación en comunicación, un área donde actualmente podemos encontrar nuevos líderes de opinión.

En cuanto al progreso tecnológico aplicado a la comunicación, se está produciendo una fusión entre lo que antes eran discursos distintos y divergentes sobre «la comunicación y la educación del museo», y los «medios digitales». Dentro de lo que conocemos como estudios de museos,  al menos en las primeras tres décadas de sus cincuenta años de historia se produjo una separación entre «comunicación» y «medios» (concretamente, medios digitales). La comunicación del museo estuvo estrechamente implicada y aliada con la revolución en la educación museística que tuvo lugar -en la práctica profesional y en la académica- durante la década de 1980. El término y discurso de la «comunicación», en consecuencia, se vinculó al «aprendizaje», muy importante para la siguiente generación de museólogos y curadores. Los «medios», por otro lado, tenían una relación -en la práctica y en los estudios- más estrechamente alineada con la llegada de la tecnología informática, especialmente dentro de la gestión de colecciones. Los «nuevos medios», a partir de la década de 1960 -aunque inicialmente se denominaron «automatización» e «informatización»- se han aplicado, en gran medida, a procesos internos de gestión de documentación y registros, más que a la participación y fomento de la experiencia del público en los museos.

Fue durante la década de los 90, con el surgimiento de medios digitales aplicados a las exposiciones y, de manera más notoria, con la llegada de Internet, cuando estas áreas divergentes de «comunicación» y «medios» lograron conectarse para siempre. Más que herramientas para la gestión de la información, los medios digitales eran, además, un entorno y un instrumento para la misión de aprendizaje del museo. De repente, reflexionar sobre esa comunicación supuso, entre otras cosas, valorar la experiencia que el visitante podía tener en línea, o la que un usuario podría percibir como visitante conectado con su dispositivo propio en el museo, capaz e inclinado a interactuar digitalmente dentro del entorno físico del mismo.

Sin embargo, de divergente a convergente -de separación a conexión-, tal vez hoy estemos observando otra fase en el desarrollo de la «comunicación del museo» y de los «medios del museo», y seamos testigos de la fusión de ambos. La museología actual, después de todo, no esconde los medios detrás de la importancia del objeto. Es cierto que los «medios» pueden definir una experiencia en nuestros museos por encima de las colecciones, pudiendo llegar a desvituarlas, pero a su vez son «aquello» de lo que depende la experiencia del objeto en el museo; resulta, pues, una paradoja. Reconocemos, cada vez más, el papel decisivo que la comunicación mediada ha tenido a lo largo de la historia del museo. Con el tiempo, el museo ha sido moldeado por sus medios y formas de adaptación y actualización en las diferentes etapas históricas de su «comunicación mediada»: el gabinete, la galería, la cartela, la vitrina, el catálogo, el interactivo, el sitio web, la aplicación. Hoy conceptuamos el museo como una entidad que utiliza múltiples sistemas de mediación, que es complejo y multimodal, y que, al mismo tiempo, actúa como un soporte único de comunicación pública.

Proporcionalmente, cuando la práctica de la innovación -en cuanto a la investigación sobre la evolución de la comunicación mediada en los museos- requiere soluciones nuevas, el grupo de expertos se amplía. Actualmente, quizás de manera más significativa, crece el grupo de líderes de pensamiento potenciales en torno a este tema. La visión para el futuro de la mediación en los museos, su investigación y sus ideas definitorias, probablemente provengan de un conjunto más diverso de perspectivas. En cualquier caso, en la medida en que continuamos reconociendo y reflexionando sobre el sector de los museos después de la revolución digital, aceptando una realidad, que se asume, en la que lo digital es normativo en lugar de disruptivo, tomamos consciencia de las implicaciones que tiene este estado de lo «postdigital» en la práctica e investigación de la comunicación en nuestros museos.

La perspectiva, a medida que formulamos acciones futuras, es un lenguaje en evolución, un alcance cada vez mayor, un nuevo liderazgo de pensamiento e , incluso, un razonamiento alterado. En otras palabras, para analizar adecuadamente la «comunicación mediada del museo», será útil ampliar la visión de los medios usados y aplicados a modo de referencia para la creación de la experiencia, valorando dichos medios como una experiencia en sí misma. Y debería hacerse no solo buscando la investigación en los medios digitales de los museos, sino también aplicando, de un modo más amplio, el pensamiento digital. Repensar el razonamiento típicamente inductivo en torno a la comunicación de medios digitales, podrá facilitar un planteamiento más seguro y clarividente, capaz de ayudarnos a operar de manera deductiva a partir de principios más amplios. Se deben extender los ámbitos de influencia sobre el tema -más allá de los estudiosos y profesionales de los museos-, a un conjunto de talento y experiencia multidisciplinaria y multisectorial.

La práctica del estudio de la mediación digital para los museos ha de ser aún más abierta, proactiva, colaborativa y productiva. La investigación que es racional en su pensamiento, deberá ser también muy creativa en su enfoque teórico y metodológico, y coherente con los resultados. Esta práctica, en resumen, podría denominarse «La comunicación del Museo Postdigital».

Recurso:

Ross Parry (2015): Prospecting postdigital museum communication. Conferencia DREAM: Museum Communication: Practices and Perpectives. Real Academia Danesa de las Ciencias y las Letras, Copenhague, Dinamarca.


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