La Museología Adaptativa

 

A menudo, la aparición de un nuevo medio en sociedad parece implicar la muerte de los ya existentes. Sin embargo, si esos medios anteriores adquieren un valor diferente en el contexto de nuestra vida cotidiana, el reposicionamiento para cumplir con los requisitos cambiantes puede ayudar a mejorar, reinventar e innovar. La imagen en movimiento de la película y el cine podría ser un buen ejemplo; el declive del cine convencional está dando paso a la construcción de más centros de experiencia 3D-4D en todo el mundo.

Del mismo modo, los museos necesitan reinventar su posición con relación a la sociedad a la que pertenecen, y muchos de ellos se encuentran en un momento excelente para hacerlo. Sin embargo, visitamos museos que se sienten impotentes en medio de la decadencia y el abandono, abrumados por los cambios, la escasez de recursos y la falta del conocimiento adecuado, lo que contribuye a generar una sensación de incapacidad. Reinventar el espacio del museo requiere nuevos impulsos profesionales, nuevas ideas, más creatividad y una forma de aportar conocimientos innovadores asociados a diferentes campos académicos. Creemos que los estudios de medios pueden ser  una maravillosa contribución externa. Nos encontramos en el tiempo de la constante evolución – a enorme velocidad-, por lo que los estudios de medios han desarrollado formas diferentes de enfoque y adaptación. Desde la perspectiva de los análisis de audiencia, observar a las personas, a los destinatarios de los mensajes o a todos aquellos que se encuentran junto a nosotros – participantes en conversaciones, por ejemplo -, supone una excelente manera de posicionarse en un mundo inestable y cambiante. Por lo tanto, antes de intentar adivinar cuál será el siguiente gran dispositivo que cambiará el contexto y la mecánica de la comunicación, deberíamos dar un mayor sentido a las relaciones entre el museo y su público, algo realmente importante en nuestro ámbito profesional.

Mijail Tijonov

Conocemos poco acerca de los vínculos que mantienen actualmente los museos y la sociedad. Cuando Pille Runnel y Krista Lepik crearon la pirámide de relaciones potenciales, la pregunta clave que quedó sin responder fue cómo las personas se mueven entre los diferentes niveles de participación. Para intentar encontrar una respuesta, podemos hacer una primera distinción entre público, audiencia, usuario y participante, teniendo en cuenta que cada uno de estos grupos clave proviene de antecedentes disciplinarios muy diferentes (Runnel, Pruulmann-Vengerfeldt, Lepik, 2014). Pero además, debemos considerar diversos enfoques, no solo el de las relaciones de participación. Y mucho está en juego en el proceso de nombrar cada cosa, porque ese nombre, la etiqueta que el visitante le asigna al museo, da cuenta de las ideas. En la práctica, esos nombres pueden tener diferentes connotaciones, tanto en el lenguaje teórico como en los hábitos cotidianos y eso, evidentemente, nos condiciona.

Conscientes del necesario papel democrático (democracia popular) que otorgamos a los museos, el concepto de “participación” es uno de los más interesantes- teóricamente potentes y también un poco manidos- con los que se trabaja en los proyectos de comunicación de museos. Se trata de un concepto que, en la práctica, resulta difícil de entender, pues su significado varía mucho en función del museo al que hagamos referencia. Por ejemplo, en el lenguaje de la calle, si “participas” un día en una exposición de artesanía al aire libre, el objetivo es aprender activamente – fabricando cosas – sobre cómo se manufacturan esos objetos. Si ese museo plantea un enfoque muy práctico, la terminología más adecuada sería “interactuar con el museo”, pero, sin embargo, en un argot cotidiano, diremos que “participaste”. Desde el punto de vista meramente teórico, tu participación no tiene impacto alguno en el museo como institución. Simplemente acudes a el para divertirte y sentirte comprometido de algún modo, pero sin impactos; no contribuyes a nada. Como se ve, podemos emplear palabras diferentes para explicar la misma situación y cada una de ellas le dará un color diferente y un enfoque ligeramente distinto al que le otorgan los profesionales. Esa diferencia de enfoques tiene que ver con que los profesionales hacemos que la actividad forme parte del proceso de trabajo de los muchos departamentos del museo. La disparidad de ideas y conceptos entre profesionales y visitantes pueden ser tan pequeñas que apenas se perciban. Sin embargo, los conceptos que manejamos tienen un impacto en la forma en que ambos se relacionan, y ésto, a largo plazo, sí que marca la diferencia.

Gediminas Pranckevicius

Una de las grandes divergencias, en cuanto al uso de los conceptos, radica en los distintos roles públicos que asumen los museos, lo que se añade a sus expectativas respecto a la mejor manera de cumplir con dichos roles. Por poner solo un ejemplo, a parte del entorno cambiante de nuestra sociedad, su variable concepto de la educación y la forma de aprender también se ha transformado. Esto significa que, además de todo lo que aprendemos de las ciencias de la educación, acerca de cómo las personas realmente asimilan nuevos conocimientos, debemos reevaluar la forma de impartir el saber y el conocimiento en los museos. Es posible que necesitemos urgentemente replantear el concepto sobre la relación entre museo y aprendiz, al igual ocurre con otras disciplinas que establecen multitud de relaciones con los museos.

Son muchos los teóricos que han analizado esos diferentes vínculos a través del concepto de compromiso, partiendo de la base de que ninguna forma de comprometernos es mejor que otra. Más bien, los museos intentan cumplir con diferentes objetivos esforzándose por obtener un variado repertorio de relaciones, desde el que se puedan elegir modos de compromiso adaptados a diferentes propósitos.

HipShop

Uno de esos propósitos podría ser, por ejemplo, la difusión del concepto de democracia, algo que necesita ser actualizado y comunicado universalmente. El museo como institución pública debe asumir un papel activo y didáctico fundamental para la sociedad, no es nada nuevo. Pero aunque creemos que la democracia es la mejor de las muchas opciones de gobierno, debemos admitir que no es inherente a la naturaleza humana. Todos necesitamos aprender, ser socializados dentro de un comportamiento democrático. Enseñar acerca de la democracia y lo democrático, es vital para una institución museística. Y para ello necesitamos un repertorio de modos de participación que ayude a los museos a cumplir con ese rol tan importante.

Para poder dibujar el mapa de los distintos modos de participación, antes necesitamos comprender las posibilidades y capacidades de los diferentes museos de todo el mundo. Se requieren, por ejemplo, ejercicios de mapeo y sistematización. Además, son precisas más investigación sobre acciones, aquellas donde los museos se ven obligados a cambiar sus prácticas, a buscar activamente nuevas oportunidades para dar respuesta a diferentes formas de relacionarse con la audiencia. Y esto, deberían hacerlo a través de otros campos en los que inspirarse para probar cosas nuevas. Los museos como instituciones de difusión del conocimiento están acostumbrados a poner en valor los objetos, las historias y sus complejas relaciones, generando un sentido en sí mismos, en sus propias prácticas y en sus colecciones y relaciones. Entender a los museos como instituciones de comunicación debería ser algo más que mapear las formas existentes de hacer y entender, lo que implica que debe existir una investigación que parta de la búsqueda activa de cómo trabajar sobre la innovación.

Imagine That

Como cualquier otro tipo de investigación, se pueden producir fracasos. Creemos importante que los museos lo intenten y fracasen si es necesario, como sucede con los nuevos enfoques experimentales de participación; es imposible jugar de forma segura todo el tiempo, non stop. La investigación sobre innovación requiere una combinación de recursos de los propios museos y de los académicos y, en general, de todo aquel que pueda aportarlos (Pruulmann-Vengerfeldt, Tatsi, Runnel y Aljas, 2014). Para las instituciones participantes, las recompensas  pueden ser muy grandes. Generar asociaciones, entre académicos y profesionales, tiene un inmenso valor para todos y ayuda a generar nuevas alianzas para los museos en general. El objetivo de esta investigación participativa podría ser buscar innovadores modos de participación que enriquezcan los repertorios de los museos. Las asociaciones siempre atraen nuevos visitantes o participantes.

Los museos son grandes instituciones que han hecho frente a las cambiantes demandas de la sociedad durante bastante tiempo, y seguirán haciéndolo. Junto con otras instituciones de memoria, saber y conocimiento, constituyen potenciales lugares de aprendizaje, de autoaprendizaje, experimentales y abiertas. Enfocarnos en el estudio de las relaciones que los museos tienen con su público es algo prioritario. Por ello, hacemos un llamamiento para descubrir nuevos nombres e inventar otras relaciones con nuestros visitantes.



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