¿Qué es Patrimonio?

Referencias: André Desvallées y François Mairesse (Eds.). Key Concepts of Museology. 2010. Disponible en 9 idiomas en: http://icom.museum/professional-standards/key-concepts-of-museology/

PATRIMONIO

S. m. (del latín: patrimonium). Equivalente inglés: heritage; francés: patrimoine; alemán: Natur und Kulturerbe; italiano: patrimonio; portugués: patrimônio.

La noción de patrimonio designa, en el derecho romano, el conjunto de bienes recibidos por sucesión, bienes que según las leyes descienden de padres y madres a hijos, bienes de familia por oposición a los bienes gananciales. Más tarde, por analogía, nacieron dos usos metafóricos: (1) En época bastante reciente, la expresión “patrimonio genético” designa las características hereditarias de un ser vivo; (2) Antiguamente, la noción de “patrimonio cultural” que parece surgir en el siglo XVII (Leibniz, 1690), antes de ser retomada por la Revolución Francesa (Puthod de Maisonrouge, 1790; Boissy d’Anglas, 1794). No obstante, el término conoce usos más o menos amplios. A partir de 1930, la noción que de él se infiere por su etimología conoce una mayor expansión en el mundo latino (Desvallées, 1995) que en el mundo anglosajón, el cual, durante largo tiempo prefiere usar el término property (bien) antes de adoptar, en los años ‘50, heritage (herencia), distinguiéndolo de legacy (legado). También la administración italiana, aunque es una de las primeras en conocer el término patrimonio, utiliza por mucho tiempo la expresión beni culturali (bienes culturales). La idea de patrimonio está vinculada a la de pérdida o desaparición potencial – tal fue el caso a partir de la Revolución Francesa – y de allí surge la voluntad de preservación de los bienes. “El patrimonio se reconoce por el hecho de que su pérdida constituye un sacrificio y su conservación supone sacrificios” (Babelon y Chastel, 1980).

35940c2f322734ad4f49142224d3e762Collection MNY

1. A partir de la Revolución Francesa y durante todo el siglo XIX, el patrimonio designa el conjunto de bienes inmuebles que se suele confundir con la noción de monumento histórico. El monumento, en su sentido original, es una construcción destinada a perpetuar el recuerdo de alguien o de algo. Aloÿs Riegl distingue tres categorías de monumentos: los concebidos deliberadamente para “conmemorar un momento preciso o un acontecimiento complejo del pasado” (monumento intencional); “aquellos cuya elección se determina por las preferencias subjetivas” (monumento histórico) y finalmente, “todas las creaciones del hombre, con independencia de su significación o de sus destinos originarios” [monumento antiguo] (Riegl, 1903). Las dos últimas categorías degeneran al ritmo de los principios de la historia, la historia del arte y la arqueología, al modo del patrimonio inmueble. En Francia, y hasta una fecha reciente, la Dirección de Patrimonio, cuyo objetivo esencial consistía precisamente en la preservación de los monumentos históricos, estaba disociada de la Dirección de Museos. Aún hoy, no es raro encontrar partidarios de una u otra de las definiciones expresadas por Riegl. Aunque ampliada a nivel mundial bajo la égida de la UNESCO, la suya es una visión fundada en el monumento, en los conjuntos monumentales y en los sitios, puesta en valor en el seno del ICOMOS (equivalente del ICOM para los monumentos históricos). Es así como la Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial estipula que “para los fines de la presente Convención son considerados “patrimonio cultural” los monumentos, ya sean obras arquitectónicas, de escultura o de pintura monumentales (…); los conjuntos: grupos de construcciones aisladas o reunidas (…) en razón de su arquitectura, (…); los sitios: obras del hombre u obras conjuntas del hombre y la naturaleza (…).Los fines de la presente Convención son considerados “patrimonio natural”: los monumentos naturales (…); las formaciones geológicas y fisiográficas (…) y los sitios y las zonas naturales (…)” (UNESCO, 1972).

tumblr_mu1pvzfcnt1qzd1nwo1_500Región de Wulong Karts (Chongqing, China), UNESCO

2. Desde mediados de los años ‘50, la noción de patrimonio se amplía considerablemente al integrar, en forma progresiva, el conjunto de testimonios materiales del hombre y de su entorno. Es así como el patrimonio folclórico, científico e industrial se incluyen en la noción general de patrimonio. Al respecto, la definición de Québec da testimonio de ello al señalar que “Puede ser considerado patrimonio todo objeto o conjunto, material o inmaterial, reconocido y apropiado colectivamente por su valor de testimonio y de memoria histórica, merecedor de ser protegido, conservado y puesto en valor” (Arpin, 2000). Esta noción remite al conjunto de todos los bienes o valores naturales o creados por el hombre, materiales o inmateriales, sin límite de tiempo ni lugar, heredados de generaciones anteriores o reunidos y conservados para ser transmitidos a las futuras generaciones. El patrimonio es un bien público cuya preservación debe ser asegurada por las colectividades cuando los particulares fallan. La suma de las especificidades naturales y culturales de carácter local contribuye a la concepción y a la constitución de un patrimonio de carácter universal. El concepto de patrimonio se distingue del de herencia en la medida en que uno y otro reposan sobre temporalidades sensiblemente diferentes. Mientras que la herencia se define después de un deceso o en el momento de la transmisión inter-generacional, el patrimonio designa el conjunto de bienes heredados de los ancestros o reunidos y conservados para ser transmitidos a los descendientes. En cierto modo, el patrimonio de define por el linaje.

matt-emmett-forgotten-heritage-photography“Patrimonio Olvidado”, Mathew Emmet

3. Desde hace algunos años, la noción de patrimonio, definida sobre las bases de la concepción occidental de transmisión, se encuentra afectada por la globalización de las ideas, de lo que da testimonio el principio relativamente reciente de patrimonio inmaterial. Esta noción, originada en los países asiáticos (especialmente en Japón y Corea) se funda en la idea de que la transmisión descansa, en esencia, sobre una activa intervención humana; de allí el concepto de tesoro humano viviente: “persona promovida al grado de maestro en la práctica de la música, las danzas, los juegos, las manifestaciones teatrales y los ritos que tengan valor artístico e histórico excepcional en sus países”, tal como fue definido en la Recomendación sobre la Salvaguarda de la Cultura Tradicional y Popular (UNESCO, 1993). Desde hace poco tiempo, este principio comienza a lograr algunos resultados a nivel mundial: “Se entiende por patrimonio cultural inmaterial las prácticas, representaciones, expresiones, conocimientos y saberes, así como los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales asociados que las comunidades, los grupos y, llegado el caso, los individuos, reconocen como parte integrante de su patrimonio cultural. Este patrimonio cultural inmaterial, transmitido de generación en generación, es recreado permanentemente por las comunidades y los grupos en función de su medio, su interacción con la naturaleza y su historia, procurándoles un sentimiento de identidad y de continuidad que contribuye a promover el respeto por la diversidad cultural y la creatividad humana. Para los fines de la presente Convención, sólo será tomado en consideración el patrimonio cultural inmaterial conforme a los instrumentos internacionales existentes relativos a los Derechos del Hombre, así como a la exigencia de respeto mutuo entre comunidades, grupos e individuos y de un desarrollo sostenible” (UNESCO, 2003).

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4. El campo, cada vez más complejo, constituido por la problemática de la transmisión – lo patrimonial – ha generado en estos últimos años una reflexión más precisa sobre los mecanismos de constitución y extensión del patrimonio: la patrimonialización. Más allá de la aproximación empírica, numerosas investigaciones intentan hoy analizar la institución, la empresa del patrimonio, como la resultante de intervenciones y estrategias. La idea de patrimonialización también se impone a fin de comprender el status social del patrimonio, del mismo modo que otros avanzan sobre la idea de “artificación” (Shapiro, 2004), en lo que se refiere a las obras de arte. “El patrimonio es un proceso cultural o su resultado, que se relaciona con los modos de producción y de negociación vinculados con la identidad cultural, la memoria colectiva e individual y los valores sociales y culturales” (Smith, 2007). Esto significa que si se acepta que el patrimonio representa el resultado de un proceso basado en un cierto número de valores, son justamente esos valores los que fundamentan el patrimonio. Tales valores ameritan ser analizados, aunque a veces, también rebatidos.

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5. La institución del patrimonio conoce también detractores: aquellos que se interrogan sobre su procedencia y la valorización abusiva y “fetichista” de los soportes de la cultura en que se origina, en nombre de los valores del humanismo occidental. En sentido estricto, es decir, antropológico, nuestra herencia cultural no está hecha más que de prácticas y saberes muy modestos y reside ante todo en la aptitud de fabricar instrumentos y no utilizarlos como tales, sobre todo cuando están fijados como objetos dentro de la vitrina de un museo. Pero se olvida a menudo que el utensilio más elaborado y más poderoso que el hombre ha inventado es el concepto, instrumento de desarrollo del pensamiento, difícil de guardar dentro de una vitrina. El patrimonio cultural, entendido como la suma de los testimonios comunes a la humanidad, es objeto de una crítica muy severa que le reprocha ser un nuevo dogma (Choay, 1992) en una sociedad que ha perdido sus referencias religiosas. Sin embargo, es posible enumerar las etapas sucesivas en la formación de este producto reciente: la reapropiación patrimonial, (Vicq d ́Azyr 1794), la connotación espiritual (Hegel, 1807), la connotación mística y desinteresada (Renan, 1882) y finalmente, el humanismo (Malraux, 1947). El concepto de patrimonio cultural colectivo no hace más que traspasar el léxico jurídico- económico al campo moral. Aparece así como sospechoso y emparentado con lo que Marx y Engels califican de ideología: a saber, un subproducto del contexto socio-económico destinado a servir intereses particulares. “La internacionalización del concepto de patrimonio de la humanidad no es (…) sólo falsa, sino también peligrosa en la medida en que se le añade un conjunto de conocimientos y prejuicios cuyos criterios son expresiones de valor elaboradas a partir de datos estéticos, morales y culturales; en resumen, la ideología de una casta en una sociedad cuyas estructuras no se reducen a las del Tercer Mundo en general ni a las de África en particular” (Adotevi. 1971). Es por lo tanto sospechoso que coexista con el carácter privado de la propiedad económica y parezca servir de premio consuelo para los desheredados.

MNY18125Collection MNY

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Fotografía principal y para redes sociales: “Ruina Columnada”, Mathew Emmet

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