Turismo + Patrimonio

“El viajero ve lo que quiere ver. El turista ve lo que ha ido a ver”. G.K. Chesterton

Cuando se reflexiona sobre cultura social ya entrado el siglo XXI, para analizar los términos y circunstancias en que esta cultura general se desarrolla, es inevitable girar la vista hacia el turismo cultural – con la explosión del low – y su incidencia en museos, monumentos históricos, patrimonio cultural e industrial y su planificación.

1600175208595_Fl29hh7Q_lFoto: John Faier

El turismo se ha democratizado y es accesible a casi todos los estratos sociales, ahora quizá menos con la crisis, pero el que más y el que menos se da un garbeo. Los países sin tradición turística a nivel cultural se han visto obligados a reaccionar porque el que viaja se lo quiere comer todo, que no quede ni una miga en el plato. Por otro lado los países receptores de ese turismo en masa no son tontos y quieren sacar tajada. Todo por el bien de la libre circulación de las divisas.

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Esta adaptación a la capacidad de acogida significaba entonces planificar y gestionar el patrimonio, los museos y el propio turismo cultural. Es muy necesario gestionar los bienes culturales con programas de conservación y restauración – no vaya a ser que se muera la gallina, que ya está pachucha -, que afectan sobre todo a ciudades a las que se les supone un atractivo turístico derivado de su patrimonio. Lo mismo ha tenido que hacerse con los museos, ya que era necesario una renovación con nuevos proyectos y planteamientos museológicos y museográficos, desde la red estatal a las redes locales. En unos países se ha hecho más que en otros, eso está claro. Hubo otros tiempos que nosotros recordamos con mucha nostalgia, cuando los fondos europeos subvencionaban equipamientos culturales. Hasta se nos salta alguna lagrimita que otra recordándolo.

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En España se dio el fenómeno de la multiplicación de los centros de interpretación. Proliferaron como setas. Todos los alcaldes querían uno. Hoy están casi todos cerrados. Había una cosa que se llama “mantenimiento” que parecía que no entendían. La cosa era inaugurar equipamiento, había dinero para ello. A algunos no les dio tiempo a construir. Conocemos un alcalde que en un municipio de 3.500 habitantes quiso construir su mausoleo sin deceso personal “Centro de las Artes Escénicas”, que no llegó a ver la luz, pero ahí se fueron 1,5 millones de euros. Cuando le preguntábamos por la gestión del centro del que nosotros no teníamos nada que ver, se encogía de hombros. Ahora es un esqueleto de edificio abandonado. Pero no todo fueron despropósitos. Países como Portugal, supieron aprovechar el momento y fueron capaces de hacer cosas muy buenas para uso y deleite del turismo y de los locales. Nos encanta Portugal por ello y por mucho más.

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Ahora parece que los países nórdicos se están moviendo mucho, con inauguraciones de museos en serie, aunque ya disfrutan de museos, “paramuseos” y ecomuseos excelentes, ellos miran mucho para los suyos. Lo mismo ocurre con los países del este y sureste de Europa, y nos alegramos mucho porque si lo hacen bien va a ser muy bueno para ellos. Solo recordar algo fundamental: la suma de museo + cultura + turismo tiene que ser igual = “sentido común”*, y todo saldrá bien.

(*) Y ponerse en manos de buenos profesionales.

Foto redes sociales: Mount Buzludzha (Bulgaria)

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