Las 10 Cosas que NO QUEREMOS en los Museos

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La entrada de hoy nos va a salir un poco reivindicativa, lo vemos venir. Dejaremos el tono académico – ese que nunca hemos tenido – para contar lo que nos disgusta de los museos. Se trata de mencionar algunas de esas cosas que NO queremos ver, sentir, oír, oler, tocar, experimentar, relacionadas con los museos y que, en ocasiones, no vienen predeterminadas por consecuencia del mal hacer de los propios museos sino por las personas, las de dentro y los visitantes. Puede que nos encontremos con algunos tópicos muy sabidos, pero es lo que hay y se repite como en el “día de la marmota”, es decir, con insistencia. Mientras este tipo de cosas no se solucionen no dejaremos de insistir sobre ellas, aun sabiendo que lo relacionado con alguno de estos horrores es imposible de solucionar.  Tenemos problemas nacionales que resolver y muchos que van más allá de nuestras fronteras. Algunas de las faltas son innatas en la propia cultura del país en cuestión (idiosincrasias) y hay que saber perdonar, otras son injustificables porque ocurren en países que presumen de la falta de fallas. No hemos puesto un orden lógico, han ido saliendo espontáneamente. Bueno, en resumen, hoy teníamos ganas de patalear un poco y así nos desahogamos, que buena falta hace, ¿o no?

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1. PRECIO DE LAS ENTRADAS: NO es admisible que en algunos museos paguemos más de 40 euros dos personas por el acceso y, por si no fuera suficiente, saliendo con la certeza de que se han reído de nosotros a mandíbula batiente. Ejemplo que nos viene a la mente sobre la marcha: Museo “Chateau” de Clos-Lucé (45 eurazos dos entradas) por ver cuatro tonterías. Muy mal favor le hacen a la memoria de Leonardo. Pedimos un respeto a su legado y a la gente que se desplaza hasta allí (muy lejos de todo) para VISITAR un museo que finalmente NO lo es. No lo anuncien como tal amigos franceses, no le den autobombo, es todo fachada. Cuidado amigos franceses porque están ustedes comenzando a tener leyenda negra en relación a sus museos de colas tan interminables como el dineral que piden por las entradas.

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2. ACCESOS: Esto va para todos aquellos megamuseos ultramodernos que no son accesibles y a los que son menos mega también, y que tampoco lo son. Si es usted una persona con movimiento limitado, desgraciadamente se tiene que olvidar de acceder a muchos museos de es estos países que no están preparados en absoluto para recibir silla de ruedas. Allí no se han enterado tampoco que en los servicios las sillas deben tener espacio para girar sobre sí mismas. El este y levante no son los únicos lugares que se han olvidado de estas personas. Y en general recordar que existen personas en el mundo que tampoco pueden ver, que no pueden oír y que les gusta ir a los museos aun siendo hostiles. Habría que hacer algo ya de una vez para que la accesibilidad sea total en todos los sitios, al menos en los más importantes. Que sea obligatorio en todo el mundo.

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3. EDUCACIÓN: Esto ya no está relacionado directamente con los museos en sí, sino con determinadas actitudes que hemos observado en las “personas”. Hemos visto tocar cuadros con la mano, ya no solo con el dedo. Hemos visto como alguien se apoyaba directamente sobre un lienzo y no digamos sobre esculturas. Imperdonable. Si se coloca usted a para mirar un cuadro a 10 centímetros de la superficie del lienzo a contar el número de pinceladas que el artista ha usado para crear una sombra, sepa usted que le está haciendo la puñeta a todas las personas que esperan mirándole la nuca, y no con buenas intenciones precisamente. Los museos no son pistas de carreras para los niños, hagan el favor padres de los niños que corren y saltan y gritan en los museos. Hay museos que están hechos precisamente para que los niños hagan lo que quieran, y los padres también: Ejemplo: NEMO.

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4. EDUCACIÓN II: En los museos no se come, para eso hay cafeterías, algunas incluso dentro de ellos. En los museos no se grita, salvo que el grito forme parte de una acción interactiva. Los cristales de las vitrinas no están hechos para que coloquemos nuestras manazas, ni siquiera para apoyar un dedo. Sus huellas dactilares son directamente contrarias a la función asignada al cristal de la vitrina (contención). En los museos no se corre, es un peligro para el propio museo y para los visitantes a los que se atropella. No es necesario ofrecer discursos a todos los que nos rodean en voz alta demostrando nuestro amplio saber. Posiblemente al resto de los mortales que nos rodean les importe un comino lo que estamos contando y, si encima es erróneo lo que dice (que suele ser así), les puede explotar la vesícula biliar. Muy peligroso. Este perfil de visitante y del dueño de la nuca se pueden encontrar con demasiada frecuencia en el Thyssen-Bornemisza, por ejemplo, curioso.

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5. GRUPOS: Entendemos que existen los viajes que se organizan para grupos de turistas. También entendemos que los turistas se sientan más seguros y apoyados viajando con guía. El problema es cuando estos grupos con guía llegan al museo. Los museos se inundan de grupos de turistas seguidos por alguien con una bandera o un paraguas multicolor alzado en el aire. No tenemos derecho a quejarnos, el mundo debe ser un lugar libre y accesible para todos. Lo que sí es cierto es que hay museos a los que hemos renunciado visitar por la incontinencia de multitud de grupos de turistas con guía que quieren verlo todo. El Louvre es uno de los museos que, si queremos observar el cuadro de La Giocconda, por ejemplo, deberemos alquiler unos prismáticos primero. También ocurre en otros museos como es el caso del Prado, en determinadas galerías. Pero hay muchos más, sobre todo los museos estrella o los muy pequeños pero famosos. La capilla Sixtina recibe 20.000 personas todos los días, es inaceptable. La condensación que se forma por emanaciones humanas está destrozando los frescos. Con lo que el Vaticano gana con las entradas, bien se podían poner las pilas e instalar ya de una vez un sistema nuevo de ventilación. Y si no, que hagan como en Altamira, instalen una réplica.

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6. LIMPIEZA: Nos da coraje hacer referencia a este tema por muchas razones. Si hablamos de la limpieza en los museos, la mente nos traslada automáticamente a las personas que hacen las labores de limpieza. Sabemos que no es culpa del todo de estas personas. Hay quien quiere hacer bien su trabajo pero no disponen de productos de limpieza porque el museo no se lo puede permitir; así ocurre aunque parezca increíble. Hay museos que tienen suelos que huelen mal. Es muy difícil disfrutar un museo que huele a pies sucios. En los museos de objetos hay mucho cristal y no ayuda lo de las manazas dibujadas. Las vitrinas que albergan objetos llenos de polvo resultan terribles a la vista y muy malo para los que son alérgicos. Tenemos que colaborar, son tiempos muy difíciles, y para los museos también. Ser parte activa en su mantenimiento es responsabilidad nuestra también. No nos vamos a meter en profundidad en materia de aseos y WCs; solo mencionar que hay personas masculinas que deberían plantearse seriamente orinar sentados. No todo el mundo está dotado de buena puntería – incluso para atinar en el inodoro el papel ya usado y otras lindezas -, y por consideración hacia el prójimo. Sin mencionar el tema de no tirar de la cadena. No entraremos en más detalles.

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7. NOS GUSTA LEER LIBROS: No nos gusta leer interminables textos colocados en paneles sobre paredes, en el mejor de los casos. Algunos de estos paneles son incomprensibles para los niños y otros muestran una letra demasiado pequeña para los mayores. No todos nos llamamos “Ojo de Águila”. Hemos visto incluso textos interminables pegados en el suelo. Puede resultar increíblemente original desde el punto de vista estético, pero resulta ilegible, lo podemos asegurar. También combina mal el mix de paneles con la ausencia de luz. Mencionar que el hecho de la reivindicación nacionalista no tiene porqué estar relacionada con los paneles de los museos. Bastante es tener que leer, para que encima nos obliguen a leer en un idioma que no entendemos en nuestro propio país. ¿Creen que eso es positivo como lectura desde el exterior para su labor reivindicativa? En ocasiones hemos llegado a decir palabras que creíamos que no se encontraban en nuestro vocabulario cuando no enfrentamos a tamaña falta de respeto. Señores, señoras, vivimos, querámoslo o no, en un mundo globalizado, no se empeñen en hacerlo más pequeño, es inútil. Lo autóctono es un tesoro que hay que preservar para siempre. Muéstrenos lo propio pero sin faltar al respeto, o a la dignidad del prójimo.

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8. CADÁVERES, NO POR FAVOR: Lo sentimos por los taxidermistas pero es que no podemos entender que aun se sigan usando animales disecados, momificados, en los museos de ciencias naturales. Es un horror, lo mismo que los frasquitos, grandes o pequeños, con cosas dentro bañadas en formol. Es cierto que no tenemos obligación alguna de visitar ese tipo de museos, pero es que no sabíamos de antemano con que nos íbamos a encontrar yendo con los niños – habría que usar algún tipo de señalización que prevenga de sustos -. Ya dedicamos en su día una entrada completa a este problema. Hay museos que no avisan en sus sitios web o en los catálogos, si los tienen, de que pueden o no deben ver los niños en esos museos. Hemos visto llorar desconsoladamente a niños delante de “cosas” porque no lo entendían o por el miedo a “ello”. Tampoco vamos a entrar en detalles. El horror más sofisticado que hemos llegado a ver en uno de los museos de ciencias “más avanzados” del país, fue el cajón con varios pollitos muertos – y algún que otro niño cogiéndolos con cara muy extrañada -, con el que se intentaba explicar el crecimiento de los animales, creemos. Aprovechamos para recordar que la moda generalizada de poder tocar peces en los acuarios es una salvajada, que lo sepan los que lo hacen. No todos los niños entienden que a los animales no se les puede “agarrar” para que no se escapen, ante la mirada complaciente del padre con el carnet de padre suspendido.

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9. VIGILANTES HOSTILES: Entendemos que la cosas no está para tirar voladores y que ha habido recortes de sueldos muy serios que hacen que sea un trabajo ingrato por lo poco valorado, pero el visitante no tiene la culpa. Lo mismo ocurre con los vigilantes de seguridad que parece que han salido de una película de Chuck Norris. Y otra cosa: si nos encontramos solo nosotros visitando el museo, resulta muy incómodo que nos sigan de cerca de sala en sala. Nos gusta visitar los museos a nuestro aire y sin notar que nos están vigilando, en muchos casos siguiendo. Que no haya visitantes debe ser muy aburrido, pero hay que saber vigilar sin que se note la presencia continua del vigilante a nuestro lado.

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10. MANTENIMIENTO: Uno de los problemas que se reproduce en los museos con insistencia, sobre todo los locales, es que los audiovisuales no funcionan. Muchos de ellos están fuera de servicio. Nosotros siempre decimos lo mismo cuando se insiste en colocar proyectores potentes en los museos pequeños: que sepan que una bombilla de recambio de un proyector o retro-proyector cuesta 800 euros más IVA, mínimo. Es cierto que tienen muchas horas de vida pero es que hay que limpiar los filtros del aparato, de no hacerse así su duración cae en picado. Los filtros hay que limpiarlos con frecuencia señores responsables de los museos. Cuando se construye un museo, muy propio en los años previos a la burbuja, se pedía de todo sin tener en cuenta los gastos de mantenimiento. Nosotros insistíamos pero nada. Lo mismo que la manipulación de aparatos sofisticados que no todo el mundo puede hacer, hay que tener cuidado. Y lo que sea interactivo debe ser robusto, casi irrompible para que dure, si no se hace así…

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Por hoy lo dejaremos aquí. Seguramente en alguna ocasión venidera volveremos al tema, sobre todo en lo que tiene que ver con la aplicación de la tecnología a destajo sin justificación, otro de los males modernos. En ocasiones tirar de una palanca enseña más que un videojuego en pantalla gigante. Etcétera, etcétera…

10 Respuestas a “Las 10 Cosas que NO QUEREMOS en los Museos

  1. Reblogueó esto en De vacaciones y puentesy comentado:
    Nunca nos habíamos parado a hacer una lista de lo que no nos gusta de los museos y sin embargo es necesaria. Tras el choque frontal con el vigilante del palacio de El Pardo, la mala educación de turistas de nuestro grupo en Dubrovnik, el sablazo de más de un museo y la paciencia infinita que soportamos con los niños ajenos recientemente en el Museo Arqueológico de Madrid, se hacía necesario un artículo como este que compartimos de EVE Museología.

  2. Hace poco salió la noticia de que el Vaticano iba a mejorar las instalaciones de ventilación para la Sixtina. Hasta ahí todo perfecto. La sorpresa deviene al seguir leyendo el texto: se va a ampliar en un número desorbitado la cantidad de turistas que pueden acceder a ella en el mismo día… ¿Tiene algún sentido?

    También quería añadir el tema de las vitrinas. Si el museo es un edificio antiguo que ha sido restaurado y sus suelos son de madera, por favor señores museólogos que se las dan de mega-profesionales, anclen las estructuras al suelo para que al pasar a su lado no se muevan y caigan los objetos expuestos de su interior.

    • Gracias David por dejarnos tu comentario. Solo comentarte una cosa nada más: el tema de las vitrinas bamboleantes o vibrantes lo suscribimos, por supuesto. Es cierto que nosotros, los museógrafos, tenemos una responsabilidad sobre el continente de los museos y todo tiene que estar perfecto si se nos encarga que lo esté. Pero también debemos recordar que si el cliente, el museo, nos obliga a usar unas vitrinas antiguas, desfasadas, temblorosas y no hay nada que hacer para convencerles de que hay que cambiarlas o, lo que suele ser más común ahora, no tiene dinero para hacerlo, pues desgraciadamente las vitrinas se moverán al paso de la gente con el consiguiente peligro para las piezas u objetos. A nosotros no nos gusta nada que haya cosas que están “mal” pero hay veces que resulta imposible variar la realidad aunque se aproxime a los imprescindible. Un abrazo David.

  3. Sé que las cosas no están muy bien económicamente, y comprar vitrinas nuevas, o simplemente agregar un sistema de anclaje, supone un gasto monumental. Pero si los objetos están en peligro de hacerse añicos, mejor que se retiren de la exposición.

    En esta isla he visto algunos ejemplos, pero ni caso a las sugerencias.

    Eso me hace sospechar de la misteriosa desaparición de unos vasos canopes egipcios que poseía el MBBAA de Santa Cruz, y que nadie sabe dónde están, o eso me comunicaron. Mejor dicho, sí se sabe dónde están, pero a saber cuál es su estado, porque la frase en concreto que me dieron como respuesta a mi reclamación fue: “puffff si yo te dijera dónde está eso…”
    Miedo me da.

    Otro abrazo para vosotros/as

  4. Muy de acuerdo excepto en el punto ocho. Tienes que saber un poco donde entras, y si no lo sabes y vas con niños, tampoco cuesta nada preguntar en la recepción del museo con lo que te vas a encontrar, ¿no? Además, los animales disecados y los botes de formol de los que hablas han servido de mucho durante mucho tiempo… eso es ciencia… ahora tenemos gracias a la tecnología otros medios, pero creo que todo se debe apreciar por lo que es o ha sido. Además… claro que hay cosas más o menos agradables, pero creo que se puede hacer entender a los niños muchas cosas. Que sean pequeños no quiera decir que les tengamos que hacer tontos escondiéndoles cosas.

    • Gracias por tu comentario Berta. Apreciamos tu opinión aunque no la compartamos. Son muchos años de experiencia a nuestras espaldas con dedicación a la observación y a sacar conclusiones de todo lo que hemos visto alrededor del mundo. Lo que apuntamos es el fruto de esas conclusiones. Pero ya se sabe, cada uno cuenta el cuento como lo entiende. Un abrazo.

  5. …..en el apartado de educación me gustaría señalar la indignación que me producen esas personas que posan para fotos delante de las obras expuestas, impidiendo al resto de visitantes disfrutarlas…..en cuanto a los animales disecados y conservados en formol estoy de acuerdo con Berta Ros Torres, a mi personalmente me gustan, y además son piezas utilizadas durante siglos para estudiar la naturaleza, por tanto merecen estar expuestas, eso sí, entiendo perfectamente que en algunas personas puedan ocasionar cierta repulsión, especialmente en el caso de los niños……y finalmente me gustaría mencionar el buen funcionamiento de la Galleria Borghese en Roma, donde entran grupos reducidos, sin cámaras de fotos y ningún otro objeto, pudiendo disfrutar de sus exposiciones durante dos horas, un auténtico goce…….

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