Musealia

MUSEAL

s. m. adj. (neologismo construido por conversión en sustantivo de un adjetivo de uso reciente). Equivalente inglés: museal; francés: muséal; alemán: Musealität, museal (adj.); italiano: museale; portugués: museal.

La palabreja con la que nos vamos a pelear hoy tiene dos acepciones, según se la considere como adjetivo o como sustantivo. (1) El adjetivo “museal” sirve para calificar todo aquello que se relaciona con el museo a fin de distinguirlo de otros dominios (ejemplo: “el mundo museal” para designar el mundo de los museos); (2) como sustantivo, lo museal designa el campo de referencia en el cual se verifican no sólo la creación, el desarrollo y el funcionamiento de la institución museo, sino también la reflexión acerca de sus fundamentos y sus desafíos. Este campo de referencia se caracteriza por la especificidad de su alcance y determina un enfoque de la realidad (considerar una cosa bajo el ángulo museal es, por ejemplo, preguntarse si es posible conservarla para exponerla al público). La museología se puede definir como el conjunto de tentativas de teorización o de reflexión crítica referidas al campo museal o también, como la ética o la filosofía de lo museal.

1. Se señalará ante todo la importancia del género masculino, ya que la denominación de los diferentes campos (a los que pertenece el campo museal) se distingue (por lo menos en francés y en español), por utilizar el artículo definido masculino que precede a un adjetivo sustantivado (por ejemplo: lo político, lo religioso, lo social, sobreentendido el orden político, el orden religioso, etcétera). Por oposición, las prácticas empíricas se refieren generalmente a un sustantivo (se dirá la religión, la vida social, la economía, etcétera) aunque a menudo recurran al mismo término, precedido esta vez del artículo definido femenino (la política).

2. Lo museal designa la “relación específica del hombre con la realidad” (Stránský, 1987; Gregórova 1980). Toma su lugar principalmente al lado de lo político y, con el mismo título, de lo social, lo religioso, lo escolar, lo médico, lo demográfico, lo económico, lo biológico, etcétera. Se trata cada vez de un plano o de un campo original, sobre el cual se plantean problemas a los cuales corresponden conceptos. De esta manera, un mismo fenómeno puede encontrarse en la intersección de muchos planos, o para expresarlo en términos de análisis estadístico multidimensional, se proyecta sobre diversos planos heterogéneos. Por ejemplo, los OGM (Organismos Genéticamente Modificados) serán, en forma simultánea, un problema técnico (las biotecnologías), un problema sanitario (riesgos que involucran a la biosfera), un problema político (posturas ecologistas), etcétera, pero también un problema museal. En efecto, algunos museos de sociedad han decidido exponer los riesgos y los desafíos de los OGM.

3. Esta posición de lo museal como campo teórico de referencia abre considerables perspectivas para profundizar la reflexión, ya que el museo institucional aparece en adelante como una ilustración o una ejemplificación del campo (Stránsky). Esto tiene dos consecuencias: (1) No es el museo el que suscita la aparición de la museología, sino que es la museología, quien da fundamento al museo (revolución copernicana); (2) Esto permite comprender, como surgidas de la misma problemática, experiencias que escapan a las características habitualmente asignadas al museo (colección, edificio, institución) para hacer lugar a los museos de sustitutos, a los museos sin colecciones, a los museos “fuera de los muros”, a las ciudades-museo (Quatremère de Quincy, 1796), a los ecomuseos y aún a los cibermuseos.

4. La especificidad de lo museal, es decir lo que lo hace irreductible con respecto a otros campos vecinos, reviste dos aspectos: (1) La presentación sensible distingue lo museal de lo textual administrado por la biblioteca, cuya documentación se apoya en el soporte escrito (principalmente impreso: el libro) y requiere no sólo del conocimiento de una lengua, sino también del dominio de la lectura; esto procura una experiencia a la vez más abstracta y más teórica. En cambio, el museo no reclama ninguna de estas aptitudes. La documentación que propone es principalmente sensible, es decir, perceptible a través de la vista y a veces del oído, sin descartar los otros tres sentidos: el tacto, el gusto y el olfato. Esto hace que un analfabeto o un niño pequeño puedan siempre sacar algo en limpio de la visita al museo, en tanto que serían incapaces de explorar los recursos de una biblioteca. Explica también las experiencias producidas en las visitas para invidentes o disminuidos visuales, a quienes se ejercita en la utilización de sus otros sentidos – en especial el oído y el tacto – para descubrir los aspectos sensibles de los objetos expuestos. Un cuadro o una escultura están hechos para ser vistos y la referencia al texto (la lectura del cartel, si lo hay) viene a continuación y no es del todo indispensable. Se hablará entonces, a propósito del museo, de la “función documental sensible” (Deloche, 2007). (2) La puesta al margen de la realidad, porque “el museo se especifica separándose” (Lebenzstejn, 1981). A diferencia del campo político que permite teorizar la gestión de la vida concreta de los hombres en sociedad a través de la mediación de instituciones tales como el Estado, lo museal sirve para teorizar la manera en que una institución crea, por medio de la separación y la descontextualización, en suma, por la puesta en imagen, un espacio de presentación sensible “al margen de la realidad entera” (Sartre). Esto corresponde a una utopía, es decir, a un espacio totalmente imaginario, por cierto simbólico, pero no necesariamente inmaterial. Este segundo punto caracteriza lo que se podría llamar la función utópica del museo, ya que para poder transformar al mundo es indispensable poseer la capacidad de imaginarlo de otro modo, por lo tanto, de tomar distancia. He aquí por qué la ficción de la utopía no es necesariamente una carencia ni una deficiencia.

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