Qué Define Realmente a un Museo

Qué Define Realmente a un Museo

 

En la década de 1950, se abrió un debate sobre el mundo taxonómico: ¿fueron los lagomorfos (conejos, liebres, conejitos peludos…) un grupo filogenético homogéneo de características únicas? O, ¿era solo una colección de roedores aleatorios con alguna similitud superficial, pero que realmente no tenían nada especial en común? En 1957, el paleontólogo Albert Woods reunió pruebas físicas para llegar a la conclusión de que Flopsy, Mopsy y Peter sí constituían un taxón cohesionado. Woods publicó sus hallazgos en un simpático artículo titulado: ¿Qué pasaría si todo fuera un conejo?

Hoy podemos formular esta misma pregunta a los museos. El término «museo» se aplica a instituciones que representan una amplia variedad de tamaños y disciplinas. La mayoría posee colecciones, pero otros muchos no. Algunos contratan personal profesional capacitado mientras otros están a cargo de voluntarios con experiencia y conocimientos adquiridos sobre la marcha. Las casas históricas, los centros de interpretación, los zoológicos (mal que nos pese) y los acuarios son parte de esa familia. Sin embargo, las bibliotecas, las galerías de arte comerciales y las colecciones privadas, generalmente, se quedan fuera del grupo.

Cualquiera que quiera denominarse a sí mismo «museo» puede hacerlo. Hemos visto el término museo asociado a tiendas de jamón, atracciones de feria y, en algún caso, a un restaurante, todo esto sin mencionar los «museos pop-ups«. De hecho, la palabra «museo» cubre un universo tan desconcertante que es difícil saber exactamente qué tienen en común todas estas diferentes organizaciones. ¿Qué es lo que los hace ser lo que son? ¿Qué es, si es que es, un museo?

En muchas ocasiones se adopta un enfoque formalista «ICOModiano» para definir las características únicas que distinguen a los museos de todas las demás instituciones. Por supuesto, hay muchas cabezas pensantes que intentan este ejercicio, incluso se organizan eventos sobre el tema. El sitio web de la Asociación Estadounidense de Museos (2011) contiene una página titulada «¿Qué es un museo?», dónde podemos leer:

  • La afirmación de la AAM de que «el denominador común es hacer una ‘contribución única al público al recopilar, preservar e interpretar las cosas de este mundo'».
  • El Consejo Internacional de Museos (ICOM) declara que un museo es «una institución permanente, sin ánimo de lucro, al servicio de la sociedad y de su desarrollo, y abierta al público, que adquiere, conserva, investiga, comunica y exhibe, con fines de estudio, educación y disfrute, evidencia material de las personas y su entorno».
  • La Ley de Servicios de Museos y Bibliotecas describe un museo como «una agencia o institución pública o privada sin ánimo de lucro organizada de manera permanente con fines esencialmente educativos o estéticos, que, utilizando personal profesional, posee o utiliza objetos tangibles, los cuida y los exhibe al público de manera regular».
  • Y, de vuelta en al mundo no virtual, el American Heritage Dictionary define el término como «una institución para la adquisición, preservación, estudio y exhibición de obras de valor artístico, histórico o científico».

Todas estas definiciones pueden concretarse en media docena de «etiquetas» comunes:

  • Sin ánimo de lucro.
  • Permanente.
  • Abierto al público.
  • Servicio público (considerando la estética, el disfrute y, sobre todo, la educación).
  • Colecciones (que incluye la adquisición, la conservación y la investigación).
  • Exposiciones (que abarcan la comunicación y la interpretación).

Sin embargo, aunque estas características son de carácter descriptivo, no resultan incuestionables. Ninguna es exclusiva de los museos: escuelas, hospitales, bibliotecas, etc., son todas organizaciones permanentes, sin ánimo de lucro, que constituyen un servicio público. Hay entidades que nada tienen que ver con un museo y que, sin embargo, cuentan con colecciones e, incluso, con exposiciones. Ningún apartado de esta lista se destaca como la clara línea divisoria entre «museo» y el «no museo». La mitad de estos elementos ni siquiera son necesarios – un museo puede funcionar perfectamente sin ellos – y la esencia de lo museístico radica en una combinación única de los otros tres.

¿Un museo debe concebirse sin ánimo de lucro?

Por diversas razones legales, las organizaciones profesionales de museos solo admiten miembros sin ánimo de lucro. Pero ésto al mundo real no le importa. No hay ninguna razón por la que una empresa de mercado no pueda realizar las funciones de un museo tan bien, si no mejor (El Museo de la Familia de Walt Disney es una empresa que cobra 45 dólares la entrada a su mini exposición). Además, cualquier definición de «museo» que excluya las entidades con ánimo de lucro como el de Disney, el Museo del Espía o el magnífico Museo SPAM simplemente hará que no sean tomadas en serio. El que paga el violinista marca la melodía, y si el museo baila para el mercado público o para los donantes privados, para los responsables corporativos o la generosidad del gobierno, no existe diferencia alguna que podamos notar.

¿Permanente?

Esto concepto resulta algo confuso. Paul Martin, del Museo de Ciencias de Minnesota, explica: «los museos son un negocio; pueden hacerlos pero han fallado». Además, es posible imaginar una organización que realice trabajos de museo estableciéndose de forma temporal; una «institución pionera», si se quiere, que satisfaga una necesidad; hasta una agencia más sólida puede afianzarse. No hay ninguna razón por la que el trabajo de un museo deba ser menos válido simplemente porque se hace ad hoc en lugar de ad infinitum.

Abierta al público.

Nos parece adecuado, pero por razones que explicaremos más adelante. Por ahora, solo mencionaremos que un museo no es una colección o un club privado. El hecho de que solo las instituciones que están abiertas al público pueden denominarse correctamente «museos» podría derivar en otra posible pregunta de algún tiquismiquis: ¿significa esto que un museo deja de ser un museo cuando cierra sus puertas a las 19:00 hs.? Debe haber sido una gran prueba para sus pobres padres.

Esta no es una condición necesaria de una exposición y, por lo tanto, no es algo indiscutible de un museo. (Tenemos entendido que hay colecciones de investigación, principalmente en campus universitarios, que no están abiertas al público y, sin embargo, se llaman a sí mismas «museos». Uno pensaría que nuestras instituciones de educación superior serían más cuidadosas con el uso de las palabras).

Colecciones.

Está más que claro, las colecciones son algo maravilloso y fundamental. Pero afirmar que las colecciones y las actividades basadas en ellas son la característica definitoria de un museo es evidentemente erróneo. Nuestro universo está repleto de centros de ciencia, y para niños, sin colecciones. Han existido museos que no tenían colecciones permanentes y que, simplemente, suponían eventos expositivos montados a partir de préstamos. Muchos, ni siquiera realizan investigaciones; y para otros (bastantes), la «conservación» consiste en poco más que unos estantes de almacenamiento en una habitación oscura.

Un ejemplo de que las colecciones no son una parte definitoria de un museo lo encontramos en una exhibición que, irónicamente, trataba de demostrar que sí lo eran. Un museo que quería por encima de todo destacar su labor sobre su colecciones. La exposición principal abría de manera prominente con un cartel en el que se podía leer la siguiente cita:

Los museos existen en virtud de sus colecciones. De hecho, una colección es el sello distintivo de un museo, el criterio que lo distingue de cualquier otra institución científica, cultural o educativa. Priva a un museo de sus colecciones y ese museo dejará de existir. – C. K. Brain, Director, Museo Transvaal, Pretoria, Sudáfrica, 1990

Cuán absolutamente noble… Y, qué banalidad. A menos de tres metros de este letrero, que ilustraba el concepto de coleccionar, se podía ver un estante de teteras en miniatura, acumuladas por un miembro del personal como si se tratara de un pasatiempo. Bueno, si las colecciones hacen un museo, y si esta persona colecciona teteras, no hay duda, esto es un  museo… Las colecciones no lo convierten en un museo. ¡ Vamos! Dirán algunos. Eso no es una colección, es solo un montón de cosas traídas de casa y colocadas en un estante. Una colección está catalogada, conservada, comisariada. Error. Se puede contratar a alguien para que haga todas esas cosas. Eso no transformará su armario en un museo. Se tratará de una colección privada de un coleccionista privado expuesta en un espacio público. Incluso si se contratara a expertos para estudiar las teteras y publicar sus hallazgos para el bien de la sociedad, lo convertiría en una colección de investigación, pero no en un museo. El simple hecho de tener cosas no construye un museo. Es lo que haces con esas cosas lo que marca la diferencia.

Servicio público.

El museo existe – con colecciones y demás – para servir al público. Esto ha sido así durante siglos, desde que las colecciones reales abrieron sus puertas por primera vez públicamente. En las últimas décadas, el servicio público ha adquirido una importancia aún mayor, ya que los museos reconocen, en general, su necesidad de asistencia, financiación pública y buena voluntad. El difunto Stephen Weil escribió, de manera elocuente y extensa, sobre el imperativo moral del museo moderno de servir al público.

Nuestra forma principal de servir al público es a través de la educación. Se ha vuelto fundamental para prácticamente todas nuestras misiones. Sin embargo, aquí también debemos tener cuidado, porque la educación se da también en otros lugares, siendo las escuelas un ejemplo bien conocido. El aprendizaje informal y/o basado en objetos ocurre en bibliotecas, centros comunitarios, ferreterías e incluso en línea. El servicio público a través de la educación, si bien es fundamental para la definición de museo, no es suficiente por sí solo. (Últimamente, algunos museos han ampliado sus misiones de servicio público en un intento de convertirse en las nuevas «Plaza del Pueblo» o «bienes comunes de la información». Cualesquiera que sean los méritos de este enfoque, no agudiza nuestra definición. Porque las comunidades se han reunido durante mucho tiempo para abordar problemas e intercambiar información en cualquier variedad de entornos no museísticos. – Stephen Weil, emeritus senior scholar en Smithsonian Institution’s Center for Museum Studies.

Exposiciones, ¿la única verdad?

Hasta ahora, cualquier definición clara de «museo» sigue siendo vaga y difusa. Pero todavía nos queda una carta por jugar: las exposiciones son la característica definitoria del museo. Son las que se diferencian de cualquier otro tipo de organización de servicio público. Las exposiciones son nuestra forma de educar, son lo que hacemos con nuestras colecciones. Sí, también hacemos otras cosas, y esas cosas (investigación, publicación, divulgación, programación) son muy importantes, pero no exclusivas del museo. Solo éste crea exposiciones como medio principal para cumplir con su misión de servicio público. Por tanto, una definición más sólida de museo podría ser: una institución cuya función principal incluye la presentación de exposiciones públicas para el bien público. Un museo puede hacer muchas cosas, ahora bien, al igual que la educación, al igual que las colecciones, las exposiciones tampoco son exclusivas de ellos. Las bibliotecas tienen exposiciones, y también algunos aeropuertos; incluso Hard Rock Cafe tiene artefactos en sus paredes. Sin embargo, pocos los considerarían museos.

Un aeropuerto con una colección de arte en exhibición sigue siendo un aeropuerto; su propósito principal es el despegue y aterrizaje de aviones. Agregar exposiciones puede convertirlo en un lugar un poco más agradable para relajar la tensión entre cacheos de cuerpo entero, pero eso no cambia su función. Pero retiremos las exposiciones de un museo y, ¿qué tendremos? Quizás una institución de investigación, o una instalación de almacenamiento, o algún tipo de agencia educativa. Pero ya no será un museo, la naturaleza fundamental del lugar ha cambiado. Podemos tener exposiciones sin un museo, pero no podemos tener un museo sin exposiciones. Y esto nos lleva a otra pregunta: ¿qué es, si es que es algo, una exposición? Lo sabremos cuando lo veamos, pero ¿qué es? ¿Qué es una exposición?

Entendemos las exposiciones como un medio de comunicación. Y, como todos los medios, las exposiciones tienen características formales que las distinguen y las diferencian de las demás.

«Exhibir» es un verbo que significa mostrar o exponer. ¿Mostrar o exponer qué? Cosas. No imágenes de cosas o descripciones de cosas, sino cosas físicas. Y el uso de material físico real es lo que distingue a las exposiciones de los libros, la televisión, Internet, etc. Este requisito de tener «cosas» imprime a la exposición otras características esenciales. En primer lugar, una exposición es un medio. Este es el punto crucial. Ese material, objetos, elementos interactivos, accesorios, lo que se tenga, es dimensional, ocupa espacio. Y es ésto, más que cualquier otra cosa, lo que separa las exposiciones de todas las demás formas de comunicación: las exposiciones son un medio que hay que visitar y recorrer.

Por eso, una exposición deber ser una experiencia. Los visitantes no la reciben de forma pasiva, sino que experimentan la exposición con todo su cuerpo, con todos sus sentidos, compartiendo, explorando y moviéndose a través del espacio. Y la información que contiene la exposición, la educación de servicio público, les llega a través de todos esos canales. Además, la información no solo se presenta, sino que se integra. El espacio en sí y su contenido físico son significativos. La elección de los objetos, sus yuxtaposiciones, el ángulo de exposición, su ordenamiento, el entorno construido, el color de las paredes, el uso de la luz: cada faceta del entorno contiene un significado, al que los visitantes acceden a través de su experiencia.

Esto no sucede por accidente, sino a través del diseño. Una exposición es más que una sala llena de cosas, pero no nuestra sala de estar; es un espacio que exhibe cosas con un propósito específico: servir al público a través de la educación. Debe tener este efecto como su intención principal. Podríamos, entonces, sugerir la siguiente definición de la función más crítica del museo: «una exposición es un entorno físico diseñado para la experiencia del conocimiento integrado».

Dan Spock, director del Centro de Historia de Minnesota, ha señalado que la exposición es «el medio de los medios». Las exposiciones utilizan la palabra escrita, el sonido, la fotografía, la imagen en movimiento, la interpretación, la instalación y, más recientemente, la electrónica digital. Ha absorbido todo esto y, sin embargo, conserva su naturaleza inherente. Nadie confundiría jamás un programa de televisión con una exposición, ni una exposición con un libro. En la actualidad, se debate mucho sobre el papel de la tecnología basada en la web en los museos y si una exposición puede existir únicamente en Internet. Otros artículos de esta plataforma ha examinado estos temas. Pero desde una perspectiva formalista, la respuesta es clara. La característica definitoria de las exposiciones es que son físicas, su materialidad. Existen en tres dimensiones. Los sitios web, a pesar de todas sus maravillas, existen en dos. Son palabras e imágenes en una pantalla plana. Incluso si la tecnología háptica avanzara hasta el punto de crear una realidad virtual convincente, seguiría siendo solo eso: virtual, no real y, por lo tanto, no una exposición sino solo una representación bidimensional de otra cosa.

Por supuesto, hay más formas que las «erudíticas» a la hora definir las exposiciones o, para el caso, los museos. Otras propuestas e ideas proporcionarán otras definiciones, basadas en diferentes criterios. Pero, independientemente de cómo definamos eso que denominamos «museo», parece evidente que las exposiciones seguirán siendo su única característica indiscutible.

El debate sigue abierto.

Consultas: info@evemuseos.com

Recursos bibliográficos:

American Association of Museums. (2011): What is a museum? http://www.aam-us.org/aboutmuseums/ whatis.cfm

Woods, A. (1957): What, if anything, is a rabbit? In Gould, S. J. (1984). Hen’s teeth and horse’s toes. Nueva York: W.W. Norton & Co.

Eugene Dillenburg (2011): What, if Anything, Is a Museum? Michigan State University. Exhibitionist, nº de primavera 2011.

Foto principal: ArchDaily


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4 comentarios en «Qué Define Realmente a un Museo»

  1. Ótimo artigo! Outro dia minha filha pequena viu uma matéria na TV que divulgava uma exposição virtual e perguntou se aquilo que via era um jogo/game. O que me fez pensar que a interação visual que se dá na transição dos planos e ambientes virtuais de uma exposição que acessamos pela tela de nosso computador ou televisão é familiar as nossas experiências visuais e corporais como na sala de cinema ( considerando a narrativa linear) ou, para as crianças e jovens, com os videogames, com suas entradas e saídas em espacialidades múltiplas, em ambientes fechados, abertos, escondidos, submersos, construídos e descontruídos permanentemente. Como espectadores, estamos sentados, interagindo «apenas» visual e sonoramente, trata-se de uma experiência audiovisual, diferente da experiência numa exposição real. Outra questão instigante a considerar é que como públicos contemporâneos, urbanos e tecnológicos, carregamos estas experiências diversas – com o cinema, a televisão, os games, a leitura, a escuta da música – quando vamos a uma exposição real. É uma experiência dentro da outra.

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