Por Qué Visitamos los Museos

 

Se estima que, a nivel mundial, aproximadamente mil millones de personas visitan algún tipo de museo cada año – datos pre-pandemia – (Author y Colleague, 2014). Entre las preguntas que nos hacemos están: ¿qué motivación tuvieron esas personas para visitar museos? En un día cualquiera, ¿qué estimula a una visita a un museo frente a vivir otra forma de experiencia de ocio? La motivación para el ocio, según Lapointe y Perreault (2013), es un concepto «polisémico», es decir, que tiene muchos significados, algo que lo hace difícil de definir y de medir. El objetivo número uno sería, por tanto, determinar lo que, en el contexto actual, se entiende por «motivación». Se puede definir «motivación» como el propósito subyacente, ya sea iniciado por fuerzas internas o externas, o ambas (cf., Vallerand y Thill, 1993), que hace que una persona considere que una visita a un museo es una buena idea, algo que podría satisfacer sus necesidades de ocio o las de su grupo social.

Se ha invertido una cantidad considerable de tiempo y esfuerzo en comprender lo que motiva a las personas a visitar los museos. Como ya hiciera anteriormente Author (2009), varios investigadores han tratado de encontrar una respuesta, aunque el marco dominante sigue siendo demográfico. Cada vez se reconoce más que, si bien el público visitante puede ser clasificado por categorías demográficas, estas correlaciones raramente arrojan información significativa sobre las verdaderas razones de la visita. En definitiva, son pocas las veces que visitamos un museo por ser hombres o mujeres, o por pertenecer a una población mayoritaria o minoritaria; suele tener que ver, más bien, con motivos relacionados con nosotros mismos, influenciados por las experiencias vividas – incluidas las vinculadas al género o la raza / etnia -; estas categorías por sí mismas son demasiado generales y de gran alcance como para resultar realmente útiles a la hora de comprender cómo y por qué individuos específicos toman las opciones de ocio que toman.

La mayor parte de las investigaciones están basadas en entrevistas exhaustivas con el público que visita los museos. En base a los análisis de estas entrevistas, se ha establecido un conjunto de esquemas de categorización. Por ejemplo, la investigación sobre visitantes realizada por Theano Moussouri (1997) en el Reino Unido, propone seis categorías de motivaciones que, según ella, reflejan las funciones que se percibe que un museo cumple en la vida social / cultural de los visitantes:

  1. Educación.
  2. Entretenimiento.
  3. Evento social.
  4. Ciclo de vida.
  5. Lugar.
  6. Problemas prácticos.

Zahava Doering y sus colegas de la Institución Smithsonian trataron de comprender mejor qué motivaba a las personas en sus visitas a los diversos museos Smithsonian. Desarrollaron una lista empírica de experiencias que creían que captaban mejor aquello que los visitantes del museo generalmente encontraban satisfactorio en el museo (Pekarik, Doering y Karns, 1999). Separaron las experiencias en cuatro categorías distintas:

  1. Experiencias con objetos: centradas en algo externo al visitante, por ejemplo, ver lo «real» o ver cosas raras o valiosas.
  2. Experiencias cognitivas: basadas en los aspectos interpretativos o intelectuales de la experiencia.
  3. Experiencias introspectivas: tienen que ver con sentimientos y experiencias privadas, como imaginar, reflexionar, recordar y conectar.
  4. Experiencias sociales: centradas en las interacciones con amigos, familiares, otros visitantes o personal del museo.

Jan Packer, también ha investigado la relación entre la motivación y el aprendizaje del público de los museos. Describió las experiencias de 300 visitantes, repartidos de 100 en 100 en un museo de historia australiano, una galería de arte y un acuario, respectivamente. En lugar de simplemente preguntarles sobre el porqué de su visita, Packer les pidió que calificaran los resultados que esperaban obtener de la misma. Un análisis factorial de las respuestas resultantes reveló cinco categorías de motivaciones, que ella etiquetó como:

  1. Aprendizaje y descubrimiento.
  2. Disfrute pasivo.
  3. Restauración.
  4. Interacción social.
  5. Realización personal.

Tomando un enfoque diferente, la firma de marketing británica Morris Hargreaves McIntyre (2004) recopiló datos sobre cientos de visitantes del Tate Museum de Londres. También utilizando el análisis factorial, segmentaron a los visitantes en ocho categorías basadas en una serie de variables, principalmente psicográficas pero también demográficas, etiquetándolas de la siguiente manera:

  1. Aficionados.
  2. Actualizadores.
  3. Hedonistas.
  4. Investigadores.
  5. Auto-mejoradores.
  6. Espaciadores sociales.
  7. Observadores del sitio.
  8. Familias.

Finalmente, abordando las motivaciones desde una perspectiva ligeramente diferente, podemos pensar que las personas visitan los museos para satisfacer cuestiones relacionadas con sí mismas, asociadas a la relación entre sus propios roles y necesidades y las posibilidades que perciben del museo. Inicialmente, basándose en una serie de entrevistas longitudinales en profundidad con 50 visitantes de un centro científico (Author y Colleague, 2006; 2010), y finalmente verificado mediante un análisis detallado de más de mil visitantes de zoológicos y acuarios (Author y Colleagues, 2008), se han creado cinco amplios dominios relacionados:

  1. Exploradores: visitantes impulsados ​​por la curiosidad con un interés genérico en el contenido del museo. Esperan encontrar algo que capte su atención y alimente su aprendizaje.
  2. Facilitadores: Visitantes con motivación social. Su visita se centra principalmente en mostrar a otros.
  3. Buscadores de experiencias: visitantes que se sienten motivados porque perciben el museo como un destino importante. Su satisfacción se deriva principalmente del mero hecho de haber «estado allí y hecho eso».
  4. Recargadores: Visitantes que buscan principalmente tener una experiencia contemplativa, espiritual y / o restauradora. Ven el museo como un refugio del mundo del trabajo diario y un lugar donde poder relajarse mientras están rodeados de cosas hermosas e inspiradoras.

Independientemente del modelo que se utilice, no hay duda de algunas cosas. En primer lugar, a pesar de clasificar a los visitantes en categorías diferentes, con etiquetas diferentes, surgen similitudes sorprendentes en todas estas investigaciones. En segundo lugar, en cada uno de los estudios, los investigadores determinaron que las personas visitan los museos por una amplia variedad de razones, solo algunas de las cuales se relacionan con la edificación del contenido de la exposición. Existen visitantes de museos cuyas motivaciones de visita son principalmente sociales ; para otros, se trata, principalmente, de razones estéticas o restaurativas; o los hay que utilizan los museos principalmente con fines recreativos y experimentales, por ejemplo, el deseo de poder decir «He estado allí». Estos individuos a menudo se agrupan de manera despectiva en la categoría de visitantes de «cantidad / entretenimiento», pero esa simplificación pierde totalmente el sentido. Si se profundiza lo suficiente en lo que motiva a las personas a visitar museos, algún aspecto del interés «cognitivo» siempre forma parte de la ecuación, aunque claramente el beneficio de «aprendizaje» del museo es más pronunciado en unas que en otras.

Se sugiere también que todos los visitantes de los museos son conscientes de que se trata de entornos educativos – no confunden los museos con los parques temáticos -. Algunos vienen a aprender explícitamente; otros lo hacen de un modo implícito, pero ¡todos van a aprender! Aunque claramente los museos sustentan muchos beneficios de ocio, el aprendizaje de libre elección surge como un resultado anticipado importante de prácticamente todas las experiencias de sus visitantes. Afirmar que el aprendizaje es, en algún nivel, una de las razones por las que la gente visita los museos, no implica que el público no esté igualmente motivado por otros motivos ( algunos de contenido específico)

Aparte del hecho de centrarse exclusivamente en el contenido de la exposición, existe una evidencia considerable de que las motivaciones de los visitantes influyen directamente tanto en su comportamiento en el museo como en su creación de significado saliente (por ejemplo, Author, 2010; Briseno-Garzon, Anderson y Anderson, 2007; Leinhartd y Knutson, 2004; Packer 2006; 2014; Rounds, 2004). Esto no es tan sorprendente en si, como postulan Doering y Pekarik (1996; Pekarik, Doering y Karns 1999); tenemos la idea de que es probable que los visitantes acudan a un museo con una «narrativa de entrada»  que sirva para reforzarse a si mismos, dirigiendo tanto el aprendizaje como el comportamiento, ya que las percepciones de satisfacción estarán directamente relacionadas con las experiencias que resuenen con esa narrativa.

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