Finanzas y Museos: Desafíos Más Allá de las Crisis Económicas

 

Las crisis económicas afectan a las finanzas de los museos, tanto directa como indirectamente. Pueden sufrir restricciones debido a recortes en los gastos en cultura dentro del gobierno y enfrentarse, además, a una reducción en los ingresos que provienen del sector privado, dado que disminuyen los recursos para el patrocinio y el apoyo directo de la cultura por parte de personas y empresas. Hasta la fecha, no se han realizado estudios exhaustivos sobre cómo las crisis económicas han afectado al sector museístico. Asumiendo este vacío de información, resumiremos la investigación sobre sus finanzas  argumentando que existen dependencias estructurales que les generan problemas financieros.

Para poder debatir sobre el tema, sería conveniente detallar la estructura financiera general de los museos. Como organizaciones formales que son, pueden dividirse en privados y públicos, y en organizaciones con y sin ánimo de lucro dentro del sector privado. Los museos basan sus actividades en una combinación de ingresos (Martin, 1994; Hutter, 1998), entre los que se incluyen los obtenidos por las contribuciones públicas o privadas (Schuster, 1998; Fedele y Santoni, 2006). Los principales tipos de ingresos son asignaciones, ingresos ganados, subvenciones públicas o privadas, donaciones, patrocinios, ingresos de lotería (en el caso del Reino Unido) y fondos de dotación (Toepler y Dewees, 2005). Como ingresos ganados estaría los procedentes de la venta de entradas, ventas en tiendas de museos, ventas en restaurantes y cafés, licencias y tarifas de alquiler y depósito.

Las regulaciones de deducción fiscal o desgravación para donaciones y patrocinio, al igual que los niveles de apoyo público directo e indirecto al sector, varían significativamente de un país a otro (Hughes y Luksetich, 1999; Schuster, 1999; Leclair y Gordon, 2000; Negussie, 2006; McIsaac, 2007; Hughes y Luksetich, 2008; Rushton, 2008). El apoyo general público y privado ha aumentado en las últimas décadas – aparte de un período a principios de la década de 1990 – (Bises y Padovano, 2004; Bodo y Spada, 2004; Selwood, 2001; Månsson, 2008), y está claro que, tanto las reducciones como las ayudas en el sector cultural, están políticamente orientadas (Moen, 1997).

La venta de activos (colecciones y edificios), supone una opción más para que los museos generen ingresos. Sin embargo, resulta algo controvertida, y en muchos museos públicos europeos no hay posibilidad de hacerlo por cuestiones éticas (Montias, 1973/1995; O’Hagan, 1998). Las condiciones de los donantes también pueden restringir esas ventas.

La situación financiera de un museo depende, obviamente, del equilibrio entre ingresos y gastos, pero la relación entre ambos dista mucho de ser sencilla (Johnson y Thomas, 1998; Camarero y Garrido, 2008). La complejidad de las finanzas del museo viene dada por la intrincada relación que existe entre los ingresos obtenidos de las tarifas de entradas y los niveles generales de apoyo público (Steiner, 1997; Darnell, 1998; Prieto-Rodríguez y Fernández-Blanco, 2006; Peacock y Rizzo, 2008). El precio de las entradas a veces viene regulado por los directores públicos e, incluso, puede estar prohibido.

Los gastos del museo responden a tres segmentos principales: personal, instalaciones y activos, y actividades – este, último suele ser menos reseñable que los otros dos -. Los costos y los gastos a menos están vinculados a los activos materiales en forma de colecciones, y tienden a aumentar con el tiempo, incluidos los costos de mantenimiento y conservación. El creciente apoyo público a los museos europeos en las últimas décadas se correlaciona con un aumento en los costos de las instalaciones y la seguridad, en el mismo período de tiempo (Babbidge, 2000; Lindqvist, 2007). En general, los gobiernos y otros financiadores actuales exigen más accesibilidad a los servicios públicos del museo, como condición para este apoyo. Esa accesibilidad a menudo implica una alta inversión inicial y costos de funcionamiento, además de que las actividades del museo tienen altas demandas en aspectos cualitativos y educativos. Todas estas medidas, lejos de asegurar una posición financiera más sólida, aumentan los costos de las actividades del museo, que no quedan totalmente cubiertas por las tarifas de las entradas. Este dilema se ha resuelto a largo plazo, bien mediante la creación de donaciones, bien mediante asignaciones garantizadas públicamente (Martin, 1994).

Además de los factores internos, existen otros, externos, que afectan a las finanzas de nuestros museos. La competencia, el número de museos en un mercado en particular, representa un factor externo. Su creciente aumento conlleva una competición por los fondos, a menos que el gasto público y privado para este tipo de instituciones crezca al mismo ritmo (Morris, 2007). Por otro lado, las opciones más frecuentes para proteger el patrimonio cultural diverso hacen que diferentes activos físicos de un país o región compitan por la financiación. Otro factor externo seria el enfoque de los políticos y los donantes para la creación de nuevos museos, en vez de apoyar las actividades de los ya existentes. Tanto donantes como políticos parecen preferir el apoyo a la construcción de un edificio para un museo, sin atender a los costos de funcionamiento. Los desafíos financieros de los museos no van únicamente ligados a las fluctuaciones de la economía, evidentemente, ya que se relacionan, además, con la acción política y el devenir del apoyo privado a la cultura y las artes.

Las regulaciones burocráticas también pueden afectar la gestión financiera. La imposibilidad de los museos públicos de «traspasar» un superávit de un año fiscal al siguiente, por ejemplo, dificulta el equilibrio a largo plazo de las finanzas (Lindqvist, 2007). Además, el cambio frecuente de directores – según los ciclos políticos -, así como de los miembros de la junta, o de los propios políticos gobernantes, ha demostrado tener un efecto negativo en la gobernanza a largo plazo de los museos, ya que presentan puntos de vista diferentes (si los tienen) sobre el propósito y los objetivos de los museos. El deseo de querer dejar cada uno su huella en la política del museo puede causar una enorme inconsistencia en la gestión de éste.

La financiación de los museos y su vulnerabilidad económica se debe investigar con el objetivo principal de encontrar soluciones óptimas. Existen numerosos manuales sobre recaudación de fondos para museos que se basan en las posibilidades de los museos individuales para desarrollar su combinación financiera y maximizar los ingresos. Mientras que el impacto de una crisis económica puede medirse claramente por el desempleo, el PIB y las estadísticas de actividad empresarial, resulta difícil entender cómo se ven afectados los museos, como sector.

Una cuestión importante, en este contexto, es saber si el ciclo económico influye en las finanzas del museo más allá de la financiación basada en las relaciones con las partes interesadas – o dentro de estos marcos -. Se ha demostrado que los factores que impactan en las finanzas de un museo pueden o no estar vinculados al ciclo económico (Börsch-Supan, 1993; Frey y Meier, 2006; Skinner et al., 2009). El mercado de valores y la esfera empresarial no son partes interesadas en los museos, pero afectan a sus finanzas. Las fluctuaciones en el mercado de valores, y especialmente en los ingresos o pérdidas de individuos y organizaciones en inversiones en acciones, también repercuten, finalmente, sobre los recursos líquidos disponibles para el apoyo directo e indirecto a los museos.

Por lo tanto, las asignaciones dependen en cierta medida del ciclo económico, ya que los ingresos tributarios tienden a disminuir en tiempos de recesión y a aumentar en los de auge económico, si bien los políticos finalmente deciden qué áreas priorizar anualmente en el proceso presupuestario. Los gobiernos también pueden estabilizar sus ingresos fiscales diversificando su base impositiva y, por lo tanto, hacerlos menos vulnerables a los cambios en la economía. Getzner (2002), en un estudio sobre el gasto público en cultura en las últimas décadas, señala que las decisiones políticas afectan al sector cultural tanto o incluso más que las variaciones del ciclo económico –  de los flujos de ingresos obtenidos, solo una pequeña parte se ve directamente influida por los cambios en el ciclo económico -. Por otro lado, las donaciones a menudo se realizan con capital o activos generados durante un período de tiempo más largo, y rara vez se basan en consideraciones económicas a corto plazo. El patrocinio es el único tipo de ingreso que depende directamente de los cambios en el ciclo económico. Constituye, generalmente, un compromiso a corto plazo de las empresas o personas, a pesar de que las instituciones culturales tratan de establecer que esos compromisos con las empresas sean a largo plazo (Alexander, 1996; Frey, 1998; Lindqvist, 2003, 2008). Las inversiones de dotación suelen basarse en productos del mercado de valores que generan ingresos para los museos y tienden a que el compromiso directo del mercado fluctúe con el ciclo económico. Sin embargo, a diferencia de la participación directa en el mercado, las posibilidades de distribuir el riesgo son mayores con una donación.

Las donaciones privadas, normalmente, dependen más directamente del ciclo económico que las asignadas a través de organismos públicos, ya que estas últimas se generan a partir de impuestos, y no de inversiones en el mercado de valores. En general, las condiciones para las subvenciones son fundamentales a la hora de recibir dinero de organismos públicos y privados; un ejemplo de ello es que las actividades generales de un museo, en un año concreto, tienen un mayor impacto en sus capacidades para recibir subvenciones que el ciclo económico.

Son varios los investigadores que han estudiado las carteras financieras y la vulnerabilidad en el sector sin ánimo de lucro, y han sugerido soluciones para hacer sus finanzas más estables (Krug y Weinberg, 2004). Chang y Tuckman (1991) identifican cuatro factores que contribuyen a la vulnerabilidad financiera de las organizaciones sin fines de lucro:

  1. Gestión inadecuada del patrimonio.
  2. Concentración de ingresos.
  3. Mala estructura administrativa.
  4. Márgenes operativos bajos o negativos.

Aunque Chang y Tuckman analizaron organizaciones sin ánimo de lucro en los Estados Unidos, varios de los factores que identificaron como importantes para unas finanzas sólidas son aplicables a los museos de países con un apoyo público más sustancial. Sin embargo, existe una diferencia significativa entre los museos que reciben asignaciones públicas y los que cuentan con una dotación privada. Los primeros, no pueden generar un excedente en sus actividades que se base en asignaciones. Esto significa que la estructura de costos para los museos que operan como organismos públicos no puede fundamentarse en los márgenes operativos como estabilizador financiero, algo que sí pueden hacer los museos privados. Una vez más, encontramos diferencias nacionales y regionales con respecto a las limitaciones específicas de los museos públicos, pero la independencia formal económica y organizacional no significativa en las condiciones de gestión financiera es similar a las de los museos privados sin ánimo de lucro. Lo importante en este contexto es que Chang y Tuckman no mencionan específicamente los cambios de la economía cuando discuten de los factores que influyen en la vulnerabilidad financiera de nuestros museos. En línea con Chang y Tuckman, Carroll y Stater (2008) han demostrado que la diversificación de ingresos aumenta la estabilidad financiera en los museos, aunque con márgenes decrecientes. Entnlmer (1996) identifica una serie de estrategias de reducción financiera en las organizaciones artísticas y culturales de Australia:

  • Reducciones de costos.
  • Cabildeo político.
  • Cooperación entre organizaciones culturales.
  • Reducción de personal.
  • Refinanciamiento de deuda.
  • Comercialización.
  • Reubicación.

La crisis económica del 2008 ha tenido un importante impacto negativo en la vida de las personas. En el caso de los museos, ha supuesto consecuencias más graves para las organizaciones que dependen directamente del apoyo corporativo e individual. Las economías son redes intrincadas, con flujos de capital y recursos que evolucionan cíclicamente, a pesar de que algunas caídas y auges son más fuertes que otros. Aunque la economía política fluctúa con los cambios en el ciclo económico, sus recursos se distribuyen de acuerdo con las preferencias políticas, más que por consideraciones puramente económicas. Los desafíos financieros del sector de los museos están más relacionados con cuestiones estructurales o políticas que con el ciclo económico, lo que significa que el trabajo de gestión financiera estratégica puede ayudar a reducir la vulnerabilidad relacionada con las fluctuaciones del ciclo económico.

Se pide a los museos que sean más autosuficientes financieramente alejándose de los gobiernos, pero la identidad y función social de los museos no se basa solo en consideraciones económicas. Los museos de hoy están cada vez más obligados a dar cuenta de su relevancia, efectividad y eficiencia por parte de más grupos de partes interesadas (Barman, 2007). Los museos responden a estas demandas para fortalecer y asegurar la legitimidad y la financiación a largo plazo, tanto como organizaciones individuales como sectoriales. Este es el otro lado del equilibrio económico de los museos; es preciso disponer de una identificación más clara de los beneficios para las partes interesadas, algo que ciertamente generará un mayor apoyo a largo plazo.

Al mismo tiempo, los desarrollos a nivel macro en el sector de los museos contrarrestan potencialmente los esfuerzos de estos. Hablamos de desarrollos que incluyen una mayor competencia entre museos debido a un aumento en su número total. Las ambiciones y actividades cualitativas museísticas generalmente buscan lograr objetivos que van mucho más allá de las realidades financieras de los museos individuales y del sector en su conjunto. El aumento de los costos de seguridad (pandemia) y las preferencias de los donantes para financiar inversiones de capital en lugar de gastos operativos, así como las restricciones del sector público sobre la planificación financiera, afectan al equilibrio económico de los museos, sin referencia directa al ciclo económico. Por otro lado, las cifras de asistencia dependen más de las tarifas de entrada y del nivel de interés por las exposiciones que del ciclo económico.

Resumiendo, la complejidad de la gestión financiera de los museos está relacionada con los numerosos objetivos y demandas de sus actividades, y con los flujos de ingresos que no siguen los modelos económicos con ánimo de lucro. Esto significa que no siempre es posible que los museos reduzcan o cambien sus actividades cuando los ingresos aumentan, ya que tienen obligaciones con la sociedad y otras partes interesadas. Por otro lado, los costos fijos son altos y solo están parcialmente relacionados con el número de visitantes. Cuanto más específicas son las demandas de los interesados, más son los museos con una autonomía administrativa limitada. Por todo ello, la gestión financiera de los museos no está relacionada, o solo en un grado muy limitado, con las fluctuaciones en el ciclo económico; se enfrentan a desafíos más severos a largo plazo.

Además de los factores internos de complejidad, existen otros externos en el sector del museo:

  • Aumento de la competencia debido al creciente número de museos.
  • Menores niveles de subvención pública al patrimonio.
  • Prioridades políticas cambiantes.
  • Gran interés en el establecimiento de nuevos museos por parte de donantes y políticos.

Paradójicamente, el interés por los museos es mayor que nunca, pero esto no hace que el sector sea rico y estable. Los desafíos financieros siguen siendo motivo de preocupación. Las partes interesadas se centran en la administración financiera a largo plazo. Por ello, los museos deben prepararse para lo peor; una gestión a 10 años, por ejemplo, hará que sean mucho menos vulnerable en tiempos de crisis.

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