La Terapia del Arte en Museos

 

La terapia del arte estaba hasta hace poco tiempo relacionada con instituciones que únicamente permitían el acceso a miembros específicos de la élite social (Ioannides, 2017). Silverman (2010) explicaba que, si bien los museos se han considerado instituciones que benefician a la sociedad, solo recientemente se los ha considerado «agentes del bienestar y vehículos para el cambio social», cuyos beneficiarios deben tener múltiples identidades y orígenes diversos (p. 3). Con el paso de los años, los museos se han centrado más en los esfuerzos comunitarios y de justicia social. Sloan (2013) también afirma: «El ambiente del museo ha evolucionado dramáticamente en la última década, avanzando hacia un espacio más social e inclusivo con un mayor énfasis en la educación y la programación pública». El modelo conceptual de los museos se ideó en un primer momento como lugar de «curación y transformación», en una época en la que los educadores de museos hacían esfuerzos para involucrar de manera más significativa a su público (Hamil, 2016, p. 19). Actualmente, los museos trabajan para mejorar la vida de los miembros de su comunidad y responder a los problemas sociales de manera responsable (King, 2018; Sloan, 2013). Estas intenciones dieron paso a las primeras asociaciones entre educadores y terapeutas artísticos.

Sin embargo, la «terapia artística» parece ser exclusiva de la educación en los museos, ya que los terapeutas artísticos diseñan de manera consciente acciones destinadas a cumplir objetivos terapéuticos dentro de estas instituciones (Canas, 2011). Los educadores de arte, por otro lado, instruyen sobre la habilidad artística y la inspiración en cualquier espacio , sin la intención de provocar cambios emocionales o mentales en el alumno. Los terapeutas de arte están, además, capacitados para sintonizar con las necesidades y experiencias de los participantes, crear objetivos terapéuticos y establecer una buena relación con ellos, generando confianza y acercamiento (Canas, 2011). De esta manera, el vínculo es mucho más intencional, pudiendo también modificar el enfoque del proceso para cumplir mejor su misión terapéutica. Los terapeutas de arte, a su vez, crean y modifican directivas que desafían las percepciones, comportamientos y dinámicas sociales de los participantes (Canas, 2011). Según Hamil (2016) y Sloan (2013), los terapeutas artísticos prestan servicios a las comunidades de diversas maneras, complementando los programas existentes u ofreciendo una forma adicional de educación psicológica, manejo del estrés, compromiso social y / o autoexploración y afirmación. Estos servicios se definen caso por caso, dependiendo de lo que la comunidad en su conjunto necesite. Los terapeutas de arte aportan una programación única que ni los museos ni las galerías de arte podrían proporcionar, trabajando para cumplir con los roles de utilidad de los museos en su comunidad.

Rochford (2017b) utiliza un enfoque de pensamiento que parte de los sistemas de igualdad de oportunidades, con la idea de evaluar las similitudes entre museos, galerías de arte y la práctica de la terapia del arte. Como profesión impulsada por el cambio y centrada en la comunidad, la terapia del arte y las instituciones de museos y galerías de arte tienen muchos objetivos comunes que apuntan hacia el compromiso artístico y el trabajo de justicia social. King (2018) menciona que tanto los museos como los terapeutas de arte alientan a sus participantes a que se involucren en «un proceso visual, detallado y de interpretación» de las obras de arte y objetos de las colecciones del museo».

Kaufman y col. (2014) y Rochford (2017b) explican que los programas de terapia de arte en los entornos de museos ayudan a estos y a los terapeutas de arte a llegar a audiencias más diversas, contribuir a la conexión con el museo y mejorar la moral del personal y sus voluntarios. Sin colaboración, ambas entidades pierden la oportunidad de alcanzar sectores sociales que de otra manera no se habrían comprometido. Por otro lado, Rochford (2017b) considera que la terapia de arte y la colaboración con museos pueden generar beneficios económicos para estas entidades, otorgando fondos más sostenibles para la terapia de arte.

El vínculo formativo entre museos, galerías de arte y la acción terapéutica radica en la suposición de que los entornos y objetos del museo tienen un «potencial transformador y educativo» (Hamil, 2016, p. 22). Los museos se asocian frecuentemente con terapeutas de arte para aumentar la relevancia cultural dentro de sus comunidades y alentar a los nuevos miembros de las mismas a asistir a la programación del museo (Hamil, 2016). En un principio, puede resultar difícil imaginar sesiones de terapia de arte en un espacio comunitario público, ya que esto contrasta enormemente con los entornos considerados tradicionalmente terapéuticos. Aunque los programas existentes varían mucho en todos los aspectos, Coles y Harrison (2018) proporcionan un marco general para las sesiones de terapia de arte en el ámbito de los museos que pueden servir como punto de partida. Ambos investigadores identificaron cuatro partes en una sesión de terapia de arte basada en un museo:

  1. Reunirse en un espacio de estudio privado para presentar los temas de la sesión, compartir pensamientos y expresar emociones.
  2. Explorar objetos del museo y sus exposiciones.
  3. Volver a reunirse en el espacio de estudio para participar en la creación artística, en respuesta a la exploración del museo.
  4. Discutir la experiencia de la exploración del museo, hablando sobre el proceso de creación de arte y compartiendo obras de arte entre sí (Coles & Harrison, 2018).

Este sistema proporciona un punto de partida que permite comprender cómo las prácticas de terapia de arte y la configuración del museo son capaces de integrarse de manera natural.

Los programas de terapia de arte pueden usar estrategias comunes que ya existen en las actividades de los museos. Actualmente, muchos de ellos que no cuentan con servicios de terapia de arte ofrecen recorridos o eventos que educan a los visitantes sobre Estrategias de Pensamiento Visual (SPV). Al participar en SPV, los visitantes observan los elementos formales de las piezas del museo, sin conocer sus contextos históricos, títulos o artistas (Ishiguro et al., 2019). De este modo, los visitantes-participantes desarrollan una comprensión personal de las obras de arte sin tener influencia externa, lo que les permite conectar su vida personal con ellas. Además, participar en SPV y, en general, contemplar el arte ayuda a mejorar las habilidades de observación (King, 2018; Sloan, 2013).

Una de las primeras asociaciones entre museos y terapeutas de arte tuvo lugar hace 45 años e involucró la realización de videos con pacientes psiquiátricos de un hospital. A través de esta asociación, McNiff y Cook (1975) pudieron ayudar a esos pacientes a integrarse de manera segura en un entorno público mientras se relacionaban libremente con el museo, el proceso creativo y otras personas. Los facilitadores declararon que su programación permitía a los pacientes «progresar en la autoestima positiva, la expresión creativa y una mejor socialización» (Hamil, 2016, pp. 20-21; McNiff y Cook, 1975).

El Museo de Arte de Memphis Brooks, considerado uno de los precursores de la terapia de arte en museos, tiene como objetivo «enriquecer la vida de una comunidad diversa a través de una programación dinámica» (Hornby y Bobick, 2016, p. 154), en la que se incluye la terapia de arte. Se creó un programa diseñado específicamente para adolescentes tras salir de la escuela, que permitía a los participantes socializar entre sus pares activamente, proporcionando además retroalimentación para los procedimientos del museo. Esta acción promovió aún más la sensación de comodidad y respeto mutuo en el museo (Hornby y Bobick, 2016). El propósito del programa era que los adolescentes «se hicieran cargo de su propio aprendizaje y percibieran el museo como un lugar dónde eran bienvenidos y respetados como individuos creativos que podían hacer valiosas contribuciones ”(Hornby y Bobick, 2016, p. 154). El programa utilizó la evaluación continua de los participantes adolescentes para influir en su evolución a lo largo del tiempo (Hornby y Bobick, 2016). Una encuesta distribuida a los participantes y a sus padres al finalizar el programa piloto, reveló tres cuestiones principales:

  1. Socializar y fomentar amistades.
  2. Ejercer la autonomía individual y la colaboración grupal en relación con los procedimientos del programa.
  3. Conectarse con el museo más regularmente al finalizar el programa (Hornby y Bobick, 2016).

El programa de terapia de arte del Museo Brooks se compone de muchas partes cambiantes, como visitas guiadas por docentes, sesiones dirigidas por terapeutas de arte y exposiciones de trabajos realizados por los participantes (Rochford, 2017b).

El programa de terapia de arte del Museo Ruso pone su foco de atención sobre niños que viven con problemas físicos y mentales, situación que los predispone al aislamiento social (Peacock, 2012). Permite, además, que estos niños se conecten con otros miembros de la comunidad en su grupo de edad mientras participan en el proceso de creación artística. En 2006, el MoMA de Nueva York puso en marcha un programa para pacientes con Alzheimer llamado «Meet Me at MoMA», que presentaba «visitas guiadas y debates interactivos en sus galerías» (Rosenberg, 2009, p. 93). El Museo de Arte y Arqueología de la Universidad de Missouri-Columbia también ofrece un programa en el que los adultos con enfermedad de Alzheimer crean arte con la guía de un terapeuta artístico, y exhiben sus creaciones como parte de una exposición itinerante a modo de recordatorio visual de la existencia del grupo en las visitas al museo (Peacock, 2012).

Según Baddeley, Evans, Lajeunesse y Legari (2017), el Museo de Bellas Artes de Montreal se ha unido a expertos para proporcionar un espacio seguro a las personas con trastornos alimentarios y «crear arte generando imágenes corporales saludables» en sus instalaciones (p. 345). Los médicos en Montreal también pueden prescribir visitas al museo a pacientes que creen que podrían beneficiarse de la interacción social y la visualización de las exposiciones que los museos ofrecen (Mercer, 2018). Además, el Museo Conmemorativo del Holocausto organizó un programa para algunos de sus participantes, a fin de que pudieran crear arte como reacción al material explorado en las sesiones de terapia – después de recorrer el museo -, en un intento de aumentar la comprensión histórica y la empatía (Betts, Potash, Luke y Kelso, 2015). Los investigadores encontraron un mayor grado de empatía en aquellas personas que habían participado en la creación artística – en comparación con aquellas que no lo habían hecho -. Estos y otros programas existentes continúan generando formas diferentes e innovadoras en las que la terapia artística como profesión y los museos y galerías de arte como instituciones pueden beneficiarse mutuamente.

Otros museos y galerías con programación en terapia de arte o eventos similares son: la Galería Addison de Arte Americano, el Museo Amon Carter, el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA), ​​el Museo y Jardín de Esculturas Hirshhorn, el Museo de la Ciudad de Nueva York, el Museo de la Memoria y de la Tolerancia, el Museo Nacional de Arte de Veteranos de Vietnam, el Museo de Arte de Nueva Orleans (NOMA), la Colección Phillips, el Museo de Arte de Queens, y algunos más (Hamil, 2016; Ioannides, 2017; King, 2018; Peacock, 2012).

Recurso bibliográfico:

Natasha Chopra (2020): Art Therapy Programs in Museums and Art Galleries: A Program Proposal for Adolescents. Artículo. Herron School of Art and Design. Indiana University-Purdue University of lndianapolis.


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