COVID-19: La Era de los Sueños Curatoriales

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En tiempos de crisis, es importante que le dediquemos tiempo a explorar cómo pueden centrarse los museos en conceptos fundamentales como diversidad, equidad, accesibilidad o inclusión, y en la necesidad de participar de las decisiones y planes que se tomen para enfrentarnos a la pandemia de COVID-19. Vamos a compartir contigo las reflexiones de Erica Lehrer y Shelley Ruth Butler sobre cómo los museos pueden involucrar a las comunidades en la acción crítica sobre su trabajo y su propósito, como parte de las iniciativas digitales con que cuentan.

A medida que los museos de todo el mundo han ido cerrado (temporalmente) sus puertas en respuesta al distanciamiento físico requerido, muchos de ellos se han unido para desarrollar nuevas formas de mantenerse en contacto con la sociedad. Estas iniciativas «sin museo físico» se centran en el desarrollo de exposiciones en línea, recorridos virtuales y otras actividades creativas. Todo se hace pensando en generar estrategias que mantengan al público comprometido con nuestros museos, entretenido e inspirado, y también, por qué no, con la idea de rebajar el grado de ansiedad disfrutando de contenidos relajantes. Son propuestas admirables, incluso cruciales, concebidas en un periodo de crisis social sin precedentes. Podríamos argumentar que está surgiendo, además, la  oportunidad de que los museos piensen en sí mismos, profundicen más en lo que son, en lugar de dedicar toda su atención a elegir los «contenidos destacados» y exposiciones permanentes que pondrán en línea. Del mismo modo que la pandemia está dejando al descubierto – a nivel mundial y nacional – importantes desigualdades, los museos deben reconocer que ellos mismos se hallan inmersos en un tejido social que parece estar lamentablemente deshilachado (más de dos terceras partes de las personas en el mundo no disponen de una conexión regular a Internet). Al tiempo que anticipamos los efectos sociales e institucionales de la pandemia, merecería la pena formularnos la siguiente pregunta: ¿cómo podemos nosotros, en calidad de museólogos, curadores, visitantes de museos y miembros de la comunidad, involucrarnos con el futuro de nuestros museos?

Por otro lado, esta es una inmejorable situación para que los museos piensen en sus colecciones, buscando la forma de convertirse en un estímulo conectado con un compromiso creativo que ofrezca soluciones a los problemas apremiantes de nuestras comunidades: la igualdad social, el aumento del populismo y el calentamiento global, los problemas institucionales internos – como la restitución de objetos a sus orígenes -; y también para profundizar en el conocimiento de nuestras comunidades o trabajar en la igualdad de género, entre otras cosas.

Gracias al activismo comunitario, la erudición crítica y una cultura pública cambiante, muchos museos se han vuelto más democráticos en las últimas décadas, alejándose de su papel de servicio a la élite para ayudar en la mejora del orden social. El proceso está en curso, y se ha intensificado recientemente en muchos países gracias a lo que se ha denominado la «descolonización institucional», rompiendo los lazos con los donantes que nada tienen que ver con la mejora de la situación del mundo. ¿Permite este momento de distanciamiento forzado proporcionar nuevos ángulos de visión sobre estas complicadas discusiones? ¿Pueden los museos «empujar» al público en cuarentena a presionar contra los prejuicios arraigados sobre ellos, a comprometerse críticamente con sus colecciones y a ofrecer ayuda para reinventar nuevas formas de relacionarse con la audiencia?

Las exposiciones naturalizan modos particulares de mirar el mundo, pero también pueden abrir caminos para nuevas formas de observar lo que nos rodea. Las relaciones del público con los museos, como norma, es didáctica, facilitando el uso de su espacio para provocar una reflexión más radical y crítica, sin distinción de edad o condición. Instamos a los museos a ver el «estado de excepción» actual no solo como una restricción (que obviamente lo es), sino como un momento para experimentar. Pueden ofrecer, por ejemplo, un software de diseño que permita que las exposiciones se vuelvan a seleccionar en una plataforma web o se subtitulen con nuevos textos interpretativos. Los espectáculos imaginados podrían ser comisariados por aspirantes a curadores, críticos de museos, estudiantes y grupos comunitarios. El juego interactivo en línea en desarrollo Occupy White Walls, esquiva a los guardianes del mundo del arte al permitir a los usuarios no solo seleccionar exposiciones virtuales, sino también construir y poblar museos virtuales completos. Los programas que rompen con las taxonomías tradicionales podrían abordar temas tan apremiantes como la empatía, la interconexión global y la calidad viral de las ideas, las vulnerabilidades del envejecimiento, la muerte, las nociones de enfermedad y atención médica, o el porqué de la desigualdad.

¿Qué podrían hacer los museos para conectar, mantener y, lo más importante, diversificar sus audiencias durante esta crisis? ¿Están dispuestos y pueden abrir sus colecciones y archivos de una manera profunda para apoyar replanteamientos más radicales? ¿Podrían anticipar el recuerdo y el duelo de este evento actual? ¿Cómo pueden centrarse, otorgar derechos y fijar la atención sobre las personas marginadas, cuya precariedad se ha vuelto ahora mucho más visible? Este es también el momento de considerar cuán accesibles son realmente los museos para una amplia gama de ciudadanos en diversos contextos nacionales, ya sea de forma digital o analógica.

Estamos comprobando cómo estudiantes, investigadores, artistas, docentes y curadores son capaces de diseñar exhibiciones imaginarias poderosas y conmovedoras para museos específicos en línea y para espacios cívicos, como aeropuertos, hospitales, festivales, y centros comerciales. En un momento en que socializar en público pone en peligro a nuestras comunidades, podría ser estimulante soñar con formas innovadoras de reunir objetos, arte, conocimiento y personas. Los maestros podrían utilizar recorridos virtuales por el museo para inculcar habilidades críticas a sus alumnos, aumentando el sentido de propiedad. Los miembros de la comunidad podrían recibir micro-subvenciones para movilizar colecciones de museos, o para ensamblar otras nuevas, e inventar exposiciones que abordaran creativamente los problemas que les conciernen. Las asociaciones museo-universidad y los experimentos comunitarios son cada vez más comunes e importantes, pero a menudo se desprecian exponiéndolos en galerías apartadas. Con todos los bienes inmuebles del museo, ahora de repente virtuales, nos encontramos ante un momento propicio para centrar nuestra atención en este tipo de iniciativas.

Sin duda, imaginar las exposiciones que queremos visitar, incluso diseñarlas en el ciberespacio, no podrán reemplazar los cambios físicos reales y concretos dentro de las paredes de nuestros museos, ni en sus colecciones ni en la atención directa de su personal. Pero como afirmaba recientemente la activista social Naomi Klein, citando al economista Milton Friedman,: “solo una crisis, real o percibida, produce un cambio real. Cuando se produce esa crisis, las acciones que se toman dependen de las ideas que están ahí». Lo que soñamos hoy podría convertirse en realidad mañana, evitando un retorno a lo convencional – como suele hacerse -, posiblemente ya desfasado después de la crisis. Esperamos que los líderes de los museos aprovechen este cambio inesperado en nuestras relaciones – y entre ellos- con el tiempo, el espacio y la tecnología, y sirva para invitar y apoyar a una más amplia gama de personas, con el fin de profundizar en el compromiso crítico y creativo con sus colecciones y contenidos. Si lo hacen, cuando vuelvan a abrir sus puertas, el público acudirá a ellos con un nuevo entusiasmo y esperanza.

Recurso Bibliográfico:

Erica Lehrer y Shelley Ruth Butler (2020): Curatorial Dreaming in the Age of COVID-19. American Alliance of Museums.


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