Qué es un Museo Abierto

 

Los «museos abiertos», al aire libre, son más antiguos que los ecomuseos. El primero en aparecer fue el de Skansen, creado en 1891 por Artur Hazellius, mientras que el ecomuseo Le Creusot-Montceau lo fundó en 1971 Georges Henry Rivière. «Ser joven» implica una mayor energía y disposición para la innovación. Pero «ser mayor» aporta más experiencia y seguridad en su evolución – algo nada despreciable -.

Los museos al aire libre y los ecomuseos presentan muchas similitudes, pero también muchas diferencias. Observemos estas dos evidencias desde la perspectiva de GH Rivière, al menos la que tuvo en un principio: Rivière, en su clasificación de museos al aire libre, describió una evolución a partir de colecciones sin edificios, enfocándose en la conservación ambiental y la regeneración de su entorno. La idea inicial era simplemente elegir un emplazamiento y reproducir el entorno natural original en su momento histórico. Este fue el caso de los emplazamientos tradicionales originalmente creados por Skansen.

Rivière describe los primeros museos al aire libre (Tipo A) como: la «descendencia de la cultura del paisajismo convencional; bonita y atractiva en el mejor de los casos, poco realista en el peor». Todo esto se corresponde también con la «Declaración de Museos al Aire Libre (1957)»: emplazamientos, por regla general, compuestos de elementos de arquitectura popular y preindustrial: la vivienda de agricultores, pastores, pescadores, artesanos, comerciantes y trabajadores, con sus dependencias, lugares de negocios, tiendas y, en general, una variedad de ejemplos de arquitectura rural, urbana, secular, eclesiástica, privada o pública de este tipo».

La filosofía del museo al aire libre – centrada en los edificios y la cultura material – fue superada por las preocupaciones de Rivière sobre el medio ambiente natural. Los «Museos al aire libre Tipo B» de Rivière se crearon in situ, condicionados por sus características geológicas, climáticas, botánicas, zoológicas y ambientales originales. Estos nuevos conceptos fueron visibles en las conclusiones del simposio del Museo y el Medio Ambiente del ICOM en 1972. A pesar de que Rivière consideraba el museo al aire libre como un proyecto que iba más allá de la mera reconstitución de edificios, sus propuestas fueron criticadas por analistas sociales y políticos: «parecen forzados a presentar una imagen demasiado hermosa, demasiado clara y limpia del pasado, idealizando a sus grandes personajes y acontecimientos importantes, apelando demasiado a la nostalgia del visitante actual. Los museos al aire libre a menudo omiten o minimizan la cara más fea de la época que muestran, el arduo trabajo duro, la pobreza generalizada, la injusticia de la servidumbre, la esclavitud de la clase trabajadora y los estragos de las enfermedades. También tenían el problema de congelar un momento o un corto período de tiempo del pasado, de no mostrar el desarrollo y el flujo de la historia».

Sin embargo, ¿qué podemos decir respecto al otro «protagonista» – junto a Rivière – del «nuevo» movimiento museológico en el campo de los ecomuseos, Hugues de Varine? En su libro «Todo lo que querías saber sobre los museos al aire libre», escribe: «la gran diferencia es que el ecomuseo (o comunidad cultural, como a menudo se le llama, por ejemplo, en México) forma parte de un territorio donde el patrimonio vivo es administrado tanto como es posible por la propia comunidad, y ​​no se recoge ni se ‘conserva’ en el sentido museológico tradicional. Por el contrario, el museo al aire libre es un museo tradicional, que gestiona una colección de edificios y objetos en un entorno seguro, abierto a los visitantes, mientras que en los ecomuseos no hay público, solo habitantes. Es cierto que algunos museos al aire libre se consideran a sí mismos ecomuseos (como Marqueze o Ungersheim en Francia), o que algunos ecomuseos han ‘heredado’ un museo al aire libre (como Toten en Noruega), pero los principios y objetivos del ecomuseo son radicalmente diferentes».

De Varine añade: «muchos museos al aire libre, al menos en los países escandinavos y a nivel de aldea, fueron en realidad el resultado de una fuerte movilización comunitaria. Pertenecían a la gente y eran objeto de orgullo, otorgando una identidad a su comunidad. Los museos al aire libre más importantes se trasformaron en museos tradicionales, particularmente tras convertirse en una atracción turística y cuando su «colección» de edificios, objetos y entorno se volvieron tan importantes que su conservación, estudio y crecimiento se hicieron demasiado grandes como para ser preservados con la participación de la comunidad, considerada «amateur». Más recientemente, con las nuevas tendencias hacia el «patrimonio inmaterial» y el uso de TICs, se pidió a la gente local que hablara, comentara, guiara y registrara sus recuerdos. Pero no sabemos si estas personas son consideradas «informantes» en el sentido antropológico, o verdaderos propietarios culturales del patrimonio común. Existe la necesidad de una evaluación independiente. Nos tememos que muchos profesionales, con buena calificación antropológica y métodos de investigación, no consideran que los «nativos» tengan un verdadero conocimiento y merezcan estar asociados a la investigación y a la toma de decisiones. Comparar los museos ecológicos y al aire libre durante los años setenta del siglo XX podría ser completamente inútil, a menos que necesitemos discutir las perspectivas históricas de su desarrollo simultáneo desde la década de 1970. Ser más viejo y tener más experiencia brinda más confiabilidad a todas las operaciones. Entre otras, las ideas de los jóvenes penetraron la mentalidad institucional de los mayores: los museos al aire libre han cambiado lenta e irreversiblemente desde la década de 1980″.

El incorporación del interés por los objetos materiales a la vida cotidiana (que no es un fenómeno simple ni fácil de explicar) durante la década de 1980, dio un fuerte impulso a las misiones y visiones de los museos al aire libre. En primer lugar, tuvieron que transformarse en lugares que no solo eran estampas perdidas del pasado sin conexión real alguna con la vida contemporánea. Varias circunstancias influyeron en estos cambios: la expansión del impacto de la historia social, la «nueva museología» y los ecomuseos de Georges Henri Rivière y Hugues de Varine, la popularidad de los movimientos sociológicos y antropológicos en los estudios de la vida cotidiana – de «otros» distantes y exóticos a «nosotros», nuestro entorno inmediato y mundo moderno -, el coleccionismo contemporáneo (como la red sueca SAMDOK), el concepto, o incluso la filosofía de la historia viva y el desarrollo de interpretaciones performativas. La gran transformación llegó con la aparición de la socio-museología y la museología comunitaria, pero también como consecuencia de los desarrollos sociales y económicos causados ​​por la política de «Nueva Derecha», la teoría de las «post-sociedades» y los parques temáticos (Disneylandia es un símbolo ), las patrimoniales, los ecomuseos de Cyril Simard y las comunicaciones profundamente mejoradas y democratizadas. Por lo tanto, los cambios generales en la sociedad, la cultura y la museología también han sido visibles en los museos al aire libre. Pero, al parecer, estos museos, gracias a su simulación específica en 3D y posterior en 4D, pudieron adaptarse fácilmente a trasformaciones rápidas y dramáticas. El proceso se reflejó en la metáfora «el regreso de todas las musas a los museos» de Peter Lewis, ex director de Beamish. Las actividades profesionales requerían diferentes compromisos: el museo ya no podía responder a las solicitudes de la comunidad a través de un lenguaje científico, sino mediante comunicación e interpretación.

En su texto en el Anuario internacional 2013 «Museos al aire libre», Alexandar Davydov declara: «La exposición del museo al aire libre tiene una diferencia fundamental en comparación con el museo «de sala», que podría definirse como un texto -donde cada elemento en la exhibición es un jeroglífico -, cuyo significado depende del contexto de la exposición. En el museo de «sala» dominaba el principio de exposición. En el museo al aire libre el principio interior. La exposición del museo al aire libre es un modelo de ambiente cultural y natural de un grupo étnico definido en el momento de su exhibición. La naturaleza y la cultura, en este caso, podrían determinarse como partes intercomunicativas de la «etnosfera», término acuñado por Lev Gumilev. En este sentido, se define el museo al aire libre como un modelo de etnosfera, como una forma específica de entorno natural y cultural, que contiene un paisaje (geología, suelo, plantas y entorno natural), arquitectura popular e interiores (desde un asentamiento hasta una cuchara, una mesa), colores (desde el cielo vivo hasta los trajes populares), olor (olor a humo en una casa viva, etc.), sonidos (el sonido de las campanas o los sonidos de la naturaleza, como de pájaros, animales, etcétera), procesos de gestión de la naturaleza en vivo y patrones de comportamiento (profesionales que trabajan, como herreros, carpinteros de ribera, alfareros, etcétera, festivales folclóricos, etcétera). Todos estos detalles han tenido que ser tomados en consideración, si queremos crear una imagen viva de la cultura popular y operar con sentido y proporción pensando en los visitantes».

El presente y el futuro también se contemplan. La «Agenda del Patrimonio Cultural» fue el nombre de un proyecto de desarrollo que comenzó en 2001 en Suecia por los museos de sus condados, con la participación de las juntas administrativas de los condados y la Junta del Patrimonio Nacional. El objetivo era trabajar con la sociedad para renovar la dirección, el apoyo democrático y la eficacia del trabajo de cuidado del medio ambiente cultural. Hoy, en el 2020, la sociedad que estableció los valores básicos y los métodos de trabajo, en colaboración con las instituciones del patrimonio cultural, ya no es la misma, ha cambiado. Por lo tanto, se necesitan nuevos puntos de referencia para desarrollar el trabajo; se requiere un cambio de paradigma. En Año Nuevo de 2004 se publicó un manifiesto que podríamos resumir en tres puntos:

  • Tenemos un deber democrático, así como un espacio para discutir sobre nuestra sociedad. Este deber consiste en proporcionar una perspectiva histórica contemporánea y hacerlo de una manera que involucre y comprometa a todos.
  • Hemos de trabajar con la historia y el patrimonio cultural, y nuestra misión principal tiene que ver con las historias sobre el pasado que necesitan ser narradas para nuestra sociedad.
  • Trabajamos en el «aquí y ahora», y ante todo debemos considerar la sociedad actual y a nuestros contemporáneos.

Los comentarios de Skansen respecto a la Agenda del Patrimonio Cultural fueron muy positivos, sobre todo en lo referente al eslogan «Pensando en la gente (Focus People)». Se consideró que muchos de los pensamientos y ambiciones de la Agenda del Patrimonio Cultural expresaban una visión y un método de trabajo similares a los que hacía mucho tiempo se le habían atribuido a Skansen en su concepción de los museos al aire libre. El manifiesto de la Agenda del Patrimonio Cultural generó una plataforma ideológica para determinar comunidades culturalmente históricas. Las palabras como narrativa comprometida, la importancia de las personas y la perspectiva histórica contemporánea para el futuro serían la base del trabajo. Esta esencia fue recuperada cuando, en 2008, Skansen reformuló sus deberes, objetivos y visión, y a través de ellos se estableció que «el deber del museo al aire libre Skansen – centrándose en el visitante – es proporcionar información y experiencias sobre la cultura y la historia comunitarias desde el presente y mirando al futuro».

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