Museos de Arte en Línea: Folksonomía

 

Son ya muchos los museos que pretenden que las audiencias interactúen con sus colecciones e ideas en línea, si bien reconocen que, tanto los métodos tradicionales de comunicación como las exposiciones digitales, presentan un acceso y un diálogo con bastantes limitaciones. El apoyo al etiquetado social de las colecciones de museos, así como la accesibilidad basada en la folksonomía* resultante, abren las colecciones a nuevas interpretaciones que reflejan las perspectivas de los visitantes, y no las institucionales. Esta cooperación museo-público cierra la brecha entre el lenguaje profesional del curador y el idioma popular, lo que permite al visitante asimilar los significados y las perspectivas personales de las colecciones públicas. Para conseguirlo, se generan cada vez más colaboraciones entre los profesionales de la informática y los museos, desarrollando herramientas y técnicas y explorando la experiencia del etiquetado social y la folksonomía en el contexto de los museos de arte; cuestiones sobre investigación, prototipos y descubrimientos también son relevantes para otros dominios.

Los museos generan colecciones de objetos y obras de arte que encarnan el patrimonio cultural y natural de cada país, comunidad o expresión, a fin de preservar y transmitir su significado. La información sobre las colecciones a menudo es tan importante como los objetos en sí mismos: muchos de ellos adquieren significado solo a través de los pensamientos e ideas que se generan a su alrededor. Durante más de cinco décadas, los museos se han comunicado tradicional y presencialmente a través de exposiciones, catálogos, publicaciones, conferencias, visitas, actividades y programas, explorando su potencial para crear un acceso a las colecciones mediado por la tecnología. Los programas en línea de los museos se han desarrollado dentro de un contexto museológico de creciente apertura, reflejando una creciente conciencia sobre los diversos roles de los museos en una comunidad amplia. Sin embargo, las colecciones en línea no han demostrado ser suficientemente atractivas  para el público en general.

Las secciones de los sitios web de los museos que muestran colecciones en línea tienden a ser de autoría, de exposición lineal y con bases de datos no interpretadas. Los materiales creados tienen la «voz» erudítica típica del museo que se comunica mal con su público. Las exposiciones en línea representan normalmente el punto de vista curatorial endogámico, con una total ausencia creativa y con planes pedagógicos que expresan lecciones elitistas, utilizando, incluso, entornos de aprendizaje interactivo de «libre elección» que se desarrollan con un mensaje específico y único en la mente del museo. En contraste, las bases de datos de las colecciones describen, por lo general, objetos individuales (según autor, tamaño, materiales, uso, procedencia, etcétera) sin contexto alguno y de forma desvinculada de las obras relacionadas. Las colecciones de los museos están compuestas, en esencia, por objetos que resultan todos muy similares para un «ojo no entrenado». Consideremos, por ejemplo, sillas, textiles, o la ubicua obra sin título del arte moderno. Se requiere el conocimiento y la perspectiva (u orientación) de un especialista para distinguir una obra de la siguiente, o para  entender lo que se está observando en las pantallas. Si bien las bases de datos en línea del museo aportan muchos detalles importantes para el académico, la cosa resulta muy diferente para el espectador normal y corriente, que demanda explicaciones necesarias que no se mencionan en absoluto.

Ni el autor, ni el modelo de base de datos de información de las colecciones en línea, completan suficientemente los objetivos didácticos de los museos que deberían permitir el uso y la comprensión de los objetos a su cargo. Las colecciones están disponibles, pero no son todo lo accesibles al gran público que debieran. Interpretar una obra de arte requiere salvar la distancia entre el lenguaje profesional y curatorial de la historia del arte y las percepciones del visitante, algo que queda patente a la hora de realizar búsquedas de recursos de arte en los buscadores (incluso con faltas de ortografía). Normalmente, la documentación del museo de arte histórico está escrita por y para los historiadores del arte, centrándose en el ámbito académico. Para que las colecciones de arte sean más accesibles, esa información debería representar las perspectivas de otros muchos sectores. La folksonomía, es el sistema de «clasificación socialmente construida» que resulta de la creación del «etiquetado social», donde el público en general proporciona «palabras clave» o «tags» que son compartidas en línea, consiguendo así que los museos de arte puedan llenar vacíos en la práctica actual de documentación digital. Este tipo de iniciativas ofrecen un medio adicional de acercamiento al arte que probablemente podría mejorar la perspectiva institucional de sus recursos en línea.

Existen estudios que nos muestran que las expectativas profesionales difieren significativamente de aquellas que provienen de «personas normales». En el Museo Metropolitano de Arte, los primeros estudios hallados muestran una variación significativa entre la documentación de las colecciones existentes (artista, fecha, medio, medio, dimensiones e iconografía) y las descripciones que los espectadores normales y corrientes emplean para describir los elementos visuales de una imagen a partir de lo que «literalmente’ representa». En una prueba previa que hizo el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York con un grupo de voluntarios, se observó que lo que el curador había descrito difería bastante de las palabras empleadas para definir una imagen determinada. Si bien la diversidad de formas en los términos nos plantea cuestiones sobre sinonimia, ortografía y vocabulario controlado -elementos que caracterizan las reflexiones sobre la utilidad de la folksonomía-, está claro que representan muchos conceptos que no aparecen entre aquellos que proponen los profesionales del museo.

La evidencia anecdótica también muestra que los catalogadores «profesionales» encuentran la descripción básica de los elementos visuales sorprendentemente difícil: durante el ejercicio planteado por el MET, un curador mostró una incomodidad significativa durante una tarea de descripción. Cuando se le preguntó qué iba mal, declaró: «todo lo que sé no se ve en la imagen». Dejar de lado el conocimiento previo puede ser difícil y podría desviar los intentos de los museos para ofrecer este tipo de descripción por sí mismos.

Tenemos muy claro que los museos quieren que sus comunidades se conecten a sus colecciones. Los proyectos que trabajan en esta línea, como «Cada objeto tiene una historia«, alientan al público a interpretar obras de arte, colocándoles en una narrativa personal. Basados ​​en la teoría educativa constructivista, que enfatiza sobre la creación de significado personal y sobre un enfoque centrado en el usuario en cuanto al desarrollo de experiencias en línea y en el museo, estos proyectos se esfuerzan por ofrecer un compromiso único y convincente con las obras de arte. El etiquetado social se hace necesario en los museos porque encarna estas filosofías de aprendizaje autodirigido: el etiquetado es un diálogo entre el espectador y la obra, y entre el espectador y el museo. Una etiqueta debe representar la afirmación de que una obra de arte adquiere un significado para cualquiera. El etiquetado ofrece una forma de conectarnos directamente con las obras de arte, de poseerlas, dotándolas de significado. Asimismo, permite a los usuarios expresar perspectivas personales y asociaciones entre los diferentes objetos. Los pequeños esfuerzos individuales confluyen en una vía única a través de un contexto complejo. Adoptar estas perspectivas alternativas representa una solución interesante para los museos, ya que refleja una comprensión cada vez mayor de estas instituciones dentro de una comunidad diversa, cuyo deseo es integrarse en su compromiso con lo social.

El etiquetado en el contexto de un museo puede diferir de los marcadores sociales, debido a los tipos preexistentes de relaciones sociales. Etiquetar proyectos podría ayudar a fomentar y mantener vínculos con grupos especializados, como voluntarios y docentes, o a apoyar el trabajo de maestros y estudiantes. En lugar de buscar la motivación por el interés personal -tan típico en los dinosaurios de los museos-, se activa el altruismo social. Esto se refleja, por ejemplo, en la forma en que el Cleveland Museum of Art se vincula con su herramienta de etiquetado en línea: «Ayuda a otros a encontrar este objeto«. Este tipo de estrategias también han demostrado ser muy valiosas en el Powerhouse Museum, donde el proyecto Electronic Swatchbook recopila los términos pero no los implementa de inmediato (en una aparente violación de uno de los roles de etiquetado social para brindar retroalimentación inmediata).

Lo que distingue al etiquetado -como una forma de participación del visitante- de otros tipos de programas de museos «interactivos» es que la «fuerza» no se halla en la institución sino en cada persona. Es el visitante el que inicia y completa la experiencia. El etiquetado es una inversión personal en las colecciones. Podemos imaginar fácilmente las visualizaciones impulsadas por las etiquetas (como las visualizaciones de datos de Chudnov de un blog que utiliza Starlight), con navegaciones «voladoras» (como la de Digital Depot en el Museo Boijmans van Beuningen en Rotterdam) que exploran las relaciones con la documentación existente del museo; u otras herramientas «divertidas» como el Flickr Tag Fight. Compartir etiquetas comunes, u ofrecer una «muestra» de obras de arte basada en suscripciones de etiquetas, también podría facilitar la exploración personal de las colecciones y ofrecer conexiones más activas entre los museos y sus visitantes en línea.

(*) Folksonomía (en contraste con «taxonomía»): es una indexación social, la clasificación colaborativa por medio de etiquetas simples en un espacio de nombres llano, sin jerarquías ni relaciones de parentesco predeterminadas.

RECURSO UTILIZADO EN LA REDACCIÓN DE ESTE ARTÍCULO:

Jennifer Trant y Bruce Wyman (2006): Investigating social tagging and folksonomy in art museums: steve.museum.


Si quieres recibir nuestro newsletter y nuestros artículos por correo electrónico, rellena y envía el boletín adjunto, por favor, completando el campo correspondiente en el formulario de inscripción que encontrarás a continuación. Tu dirección de correo electrónico (asegúrate por favor de escribirla correctamente), será utilizada exclusivamente para enviarte nuestros newsletters y artículos, pudiendo darte de baja en el momento que quieras.

Tus comentarios son muy importantes para nosotros

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.