Futuro Profesional en los Museos

 

Todas las expresiones de cultura son cambiantes. En algunos casos, esos cambios son dramáticos y abruptos, como lo que sucedió en la industria discográfica después de 1999, y en otros, se producen de forma gradual y secuencial. De cualquier manera, el resultado es el mismo: todo se halla en un estado constante de evolución y redescubrimiento. Ninguna forma de cultura, ninguna experiencia cultural, puede permitirse actualmente permanecer inmóvil. Como dice la famosa paráfrasis de la teoría de Darwin: “no son las especies más fuertes o más inteligentes las que sobreviven. Son las que mejor se adaptan a los cambios”. Y esto ocurre también con los museos. El mayor desafío al que se enfrentan los museos y sus profesionales hoy en día, es decidir qué esquema de su identidad de hace 150 años se queda en el camino, y qué otra caminará hacia un futuro brillante, enérgico y fundamentalmente relevante para nuestra industria.

En ningún aspecto este desafío es más evidente que en la cuestión de las capacidades profesionales. Los últimos 30 años en la historia de los museos representan la crónica de la profesionalización y de la modernización. Como algo positivo, nuestra actual industria es mucho más profesional, adaptable y representativa de lo que era en los años 70. Sin embargo- y no tan positivo-, en nombre de la codificación de la práctica profesional, corremos el riesgo de crear un “canon”, un cuerpo de “habilidades de museo”, que prive a personas brillantes, innovadoras y creativas de unirse a nuestra misión de crear fantásticos museos.  Así que las preguntas relevantes, al menos para nosotros, son:

  • ¿Qué tipo de museos queremos para el futuro?
  • ¿Cómo inspiramos a las nuevas generaciones para que nos ayuden a lograrlo?
  • ¿Cómo les damos las herramientas técnicas que necesitan para hacerlo bien?

Podemos reflexionar sobre el hit de Retronaut, la sorpresa y las sensaciones que recibimos cuando observamos las fantásticas fotografías “vintage” de esta plataforma. Todas las mejores experiencias creadas por las grandes marcas están basadas fundamentalmente en generar ese tipo de percepciones para sus clientes. Para Apple, se trata del clímax de la simplicidad y la funcionalidad sin restricciones. Las compañías de coches han desarrollado campañas de marketing que reducen años de evolución técnica y creación de prototipos al placer del aroma del interior de un coche nuevo. Aunque puede resultar increíblemente difícil expresarlo en pocas palabras, todos creemos entender cuál es el “éxito” de un museo fantástico. Es ese momento de descubrimiento que puede cambiar a una persona para siempre y que hemos denominado el Factor Wow!

Para nosotros, el éxito futuro de los museos consiste en no malgastar el tiempo pensando en lo que son y buscar lo que queremos que sean, reduciendo su eruditismo y ofreciendo a las personas una experiencia más simple, emocional y menos institucionalizada. Eso, creemos que es lo más importante que debemos conseguir, nutrir e inspirar en el profesional del museo del futuro: la convicción personal del valor de ese momento único que los museos regalan a las personas, la creencia de lo importante que son en un mundo complejo y caótico, con el compromiso de permitir que el mayor número de visitantes los experimenten.

Una investigación reciente de la Asociación de Museos del Reino Unido sobre actitudes y valores públicos hacia estas instituciones, reveló algo realmente importante acerca de nuestra industria museística: las personas confían en los museos. En un mundo en el que se sienten decepcionadas, olvidadas y traicionadas por muchas de sus instituciones públicas, los museos son una de las que han conservado el papel de entidades de confianza para la sociedad. El fundamento de esta confianza es la integridad y la profesionalidad, y si bien podríamos discutir durante horas si ese fundamento es tan firme como el público lo percibe, hemos de reconocer y aceptar el papel cívico que se encuentra en el corazón de nuestro trabajo.

Los museos no solo deben inventar experiencias. No observamos las cosas rotas y tratamos de unirlas nuevamente. En general, no distorsionamos los hechos para narrar la historia. Hacemos nuestro trabajo correctamente, porque esa es la mejor manera que tenemos de cumplir con la responsabilidad que la sociedad nos ha otorgado. Así pues, la creencia en la importancia de los museos en una sociedad civilizada, parte de un conjunto de valores que hacen que no tomemos el camino más sencillo, y que empleemos el tiempo necesario para hacer nuestro trabajo lo mejor posible. Esta actitud profesional – que en otras industrias se denomina deontología o imperativo cultural -, debe aparecer siempre en el código de ética de los profesionales de los museos.

Una vez que estos profesionales del futuro hayan conectado con la esencia de cómo debe ser un gran museo, necesitarán saber cómo administrar uno. La gestión y administración de colecciones son disciplinas técnicas: existen una serie de habilidades y conocimientos basados en casi un siglo de prueba y error, ciencia, conocimiento y comprensión profundos. La cuestión no está en que el profesional de nuestro museo deba abandonar este cuerpo de conocimientos profesionales, sino que lo respete, que sepa cuándo usarlo y cuándo prescindir de él. Tratada correctamente, la práctica profesional de la dirección de un museo no es más que una herramienta. Como un pincel en manos de un artista; lo que realmente importa es lo que se pretende expresar.

Cualquiera que sea la dirección en la que soplen los vientos políticos y económicos, lo más sensato es que nuestro sector adquiera un buen arsenal de habilidades “genéricas” de gestión, además de las habilidades más técnicas sobre el cuidado, interpretación y exhibición de las colecciones. Necesitaremos personas que puedan planificar, innovar y hacer presupuestos. Personas capaces de hacer crecer profesionalmente a otras personas. Que sientan que pueden moverse entre carreras y oportunidades, aportando ideas y perspectivas nuevas. Por este motivo, es muy importante el desarrollo de las nuevas materias de estudio de museos,  y de una cualificación especializada de las mismas, combinando las disciplinas de la práctica profesional con una comprensión más amplia de la gestión, el desarrollo estratégico, la creación de la experiencia, el cálculo presupuestario y el crecimiento.

Necesitamos ofrecer la oportunidad de descubrir una carrera en museos para la mayor cantidad de personas posible. Después de décadas de programas de “acción positiva”, como la “diversificación”, que buscan promover la carrera de museos en grupos específicos, hemos comprobado que el camino hacia la diversidad es ser una industria emocionante y bien remunerada. Sí, tenemos que decirle a la gente lo apasionante que puede ser una carrera en museos, pero también debemos asegurarnos de que la experiencia real de trabajar en museos esté a la altura de las expectativas. Una carrera en museos puede ser increíblemente gratificante. Es un trabajo que nos pone en contacto con muchas oportunidades para aprender sobre muy diferentes materias: mercadotecnia, administración de empresas, disciplinas temáticas, finanzas, política (“P” grande y “p” pequeña), recursos humanos, derechos de autor y mucho más. Existen pocas industrias que abarquen tan amplio espectro de habilidades.

Necesitamos entusiasmarnos con nuestra propia industria museística. Esto implica proporcionar diversos puntos de entrada – como recursos en aprendizaje -, que no requieran de un segundo grado superior, y aún así, apoyar a aquellos que deseen estudiar la teoría y la práctica de la museología. Implica, además, ser buenos empleadores, invertir en las personas y darles oportunidades para crecer y aprender.

Y sí, somos conscientes de que se trata de un mercado laboral sumamente difícil y competitivo, y parte de la razón de la carrera para la calificación en nuestra industria es la proporción de candidatos a puestos de trabajo. Pero si somos capaces de encontrar formas de transformar nuestro sector, para que pase de ser una tienda cerrada a una industria abierta y creativa, tendremos la clave para la diversidad profesional, para nuevas inversiones y, en última instancia, para ampliar nuestro trabajo y mostrarlo como una auténtica competencia en oferta cultural.

Sea cual sea la labor que se termine haciendo en los museos, el desafío siempre será el mismo: hacerlo bien, aprovechar cada oportunidad para mejorar las cosas, aprender de los que tienen más experiencia… Pero aún hay más. No te rindas, no te enojes ni te aburras. Los museos plantean cosas increíbles todos los días y se puede hacer más de todo esto para muchas más personas. Este es el mejor trabajo del mundo.

Los visitantes de los museos han cambiado y éstos se están adaptando para poder sobrevivir. Por eso, creemos que el éxito va a depender de tres cosas: habilidades, recursos y actitud. Se puede capacitar a las personas y mejorar sus habilidades; se les puede proporcionar recursos; pero de ellas depende la actitud para alcanzar el éxito. Es esta actitud, la creencia en el arte de lo posible, lo que sostendrá a un profesional de los museos a lo largo de su carrera.

Para terminar, podríamos hacer una lista con lo que consideramos fundamental para lograr ser un buen profesional de los museos:

  • Creer en el poder único de los museos para deleitar, inspirar y educar a todas las personas sin excepción.
  • Integridad personal y profesionalidad.
  • Una actitud positiva y la voluntad de aprender.
  • Conocimientos y habilidades técnicas sobre las colecciones.
  • Gestión más amplia y habilidades en recursos humanos.
  • Mantener el deseo de que todos los museos sean genuinamente democráticos, diversos, conectados y accesibles.


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