Qué es el Cubo Blanco

 

La noción de ese espacio «neutral», un lugar sin expresión ni mensaje, en el que se expone arte, es denominada como el «cubo blanco». El cubo blanco había sido concebido como la extracción de la arquitectura de la escena para una mejor comunicación entre el arte y el espectador, o para remarcar y realzar la narrativa o la expresión de la obra de arte en exhibición.

El propósito de aplicar este concepto de espacio expositivo es alcanzar un punto donde el contexto desaparece y aparece únicamente el arte, lo primero y más importante. Si nos preguntáramos «¿cuál es la cualidad de ese espacio en blanco?», la respuesta sería: la «simplicidad», respuesta que hemos tomado prestada de Michael Craig Martin, quien fue miembro del jurado del concurso para seleccionar a los arquitectos para la Tate Modern. La simplicidad es el único elemento clave para darle valor a los espacios enmarcados en el concepto de cubo blanco. Martin señala que «la aparente simplicidad centra la atención sin distracciones en la realidad directa del objeto, la relación del objeto con el espacio en el que se observa, la relación del espectador con esta experiencia».

Aesthetic Magazine

Lo que sucede con la simplicidad, como afirma Fiona Kearney, es que el espacio debe resultar completamente insignificante, de modo que la gente se concentre realmente en la experiencia de entrar en contacto con una obra. Según Kearney, el cubo blanco sugiere la ratificación eterna de esta simplicidad, manteniendo una neutralidad que puede ser denominada «forma pura ideal».

Sin embargo, creemos que el espacio de exposición debe diseñarse como una composición musical o una obra teatral, utilizando una gran variedad de elementos y recursos que propongan una narrativa clara y accesible, donde  cada pieza, obra u objeto tenga una importancia vital en la forma de establecer el resultado final. Al utilizar estos elementos, la desaparición arquitectónica para potenciar la narración del objeto y su impacto en el visitante podría constituir una herramienta que permitiera comprender mejor esa pieza de arte o el objeto expuesto. No obstante, tal como señalaron Michel Foucault y muchos historiadores y críticos de la arquitectura que lo siguieron, el espacio nunca se halla vacío, nunca es neutral, siempre está saturado de cualidades. Este espacio blanco – y también llamado «neutral» – no es tan inocente, y posee el poder de otorgar un cierto tipo de valor y significado a lo que contiene.

Artsy

Reesa Greenberg, en su artículo titulado «The Exhibition Redistributed», parafrasea a Brian O’Doherty con relación al cubo blanco, diciendo:

«[…] se identificó este hermetismo de esterilidad en 1976 denominado el fenómeno del «cubo blanco». Él admite que ninguna galería, nunca entonces o ahora eran en realidad un cubo blanco. El cubo blanco sigue siendo un ideal».

Así pues, los teóricos de la arquitectura de los museos han llegado a la conclusión de que la mayoría de los casos de cubos blancos son ejemplos de falsa neutralidad, donde la arquitectura intenta ocultarse para apoyar el arte al que aloja. Por otro lado, la “indeterminación” del espacio de exposición no se resuelve, sino que se aleja. Se aleja hasta llegar a crear un espacio de exposición diseñado para establecer una «relación dialéctica amable» entre éste y el objeto exhibido.


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