Patrimonio Cultural y Comunidad Participativa

 

Coloquialmente hablando, el término «bien común» describe un «bien» específico que es compartido, que no pertenece a nadie en concreto y que puede beneficiar a muchos, o a la mayoría, de los miembros de una comunidad determinada. Esta idea también la podemos aplicar al patrimonio cultural que, en última instancia, es propiedad de  la humanidad y se conserva para nosotros y las generaciones venideras, bajo fideicomiso, en museos y entidades del patrimonio cultural. Si hablamos de agua, aire, medio ambiente, nos referimos a bienes comunes en un sentido global, pero si nos fijamos en el centro histórico de una ciudad, un monumento, un museo local, un jardín público o un paisaje, estamos haciendo alusión a bienes de los que nos beneficiamos todos en particular. Por otro lado, una comunidad puede ser clave para el desarrollo local, contribuyendo a mejorar la calidad de vida de la misma y generando, finalmente, integración, cohesión social y un sentido de pertenencia.

Sin fuente

Tal y como se definió en su día en la conferencia “Patrimonio común: hacia una gobernanza participativa del patrimonio en el tercer milenio”, organizada por la Presidencia italiana de la UE: “como bienes comunes, los recursos del patrimonio requieren un marco evolutivo de múltiples funciones y de sabia gobernanza. Se debería reconocer el papel de todos los actores públicos y privados, así como los derechos de los grupos de ciudadanos interesados en participar activamente en el mantenimiento, la gestión y el desarrollo de los bienes patrimoniales en común».

Hablar, por tanto, de los recursos patrimoniales como bienes comunes, plantea inmediatamente dudas sobre la definición y los límites del término «comunidad» o «comunidades de interés» que, con diferentes grados de formalidad y participación, identifican y se responsabilizan cada vez más de lo que es valioso para ellos, definiendo y reconfigurando el concepto de patrimonio.

Contemporary Art Daily

La Convención Marco sobre el Valor del Patrimonio Cultural para la Sociedad, firmada por los estados miembros del Consejo de Europa en 2005 en Faro, Portugal, define una «comunidad del patrimonio» como «las personas que valoran los aspectos específicos del patrimonio cultural que son preciados para ellos/ellas». En el contexto de la acción pública, la literatura actual hace referencia a la variedad de comunidades existentes que se deben tener en cuenta al desarrollar procesos participativos relacionados con el patrimonio cultural:

  • Comunidades de origen: aquellas en las que, en el caso de los museos, se originan las colecciones.
  • Comunidades de usuarios: se refiere a los visitantes a un sitio patrimonial o al museo.
  • Comunidades interpretativas: contribuyen activamente en el proceso interpretativo y de creación de significado del patrimonio según las teorías construccionistas.
  • Comunidades contemporáneas y comunidades de práctica: las más activas y participativas en todos los terrenos del patrimonio cultural y en todo momento.
  • Comunidades de interés: definidas como una «red informal, auto-organizada de pares, con diversas habilidades y experiencia en un área de una práctica profesional, unida por el deseo de sus miembros de ayudar a los demás (compartiendo información), bajo la necesidad de avanzar en su propio conocimiento (aprendiendo de otros).
  • Comunidades virtuales o comunidades en línea: surgen como resultado del uso de la Web 2.0, donde la producción creciente de contenido generado por el usuario puede, en principio, llevar a la fusión de todas las comunidades mencionadas anteriormente.

Amoeba Group

Como consecuencia de todo lo anterior, al referirnos a las prácticas participativas, nuestro campo de acción se amplía enormemente, con el fin de abarcar «las aspiraciones de los grupos de población que pueden no estar vinculados por el idioma, un vínculo étnico o incluso un pasado compartido, pero sí por un compromiso intencional hacia objetivos específicos». Por estas razones, el concepto de participación no es nuevo en los museos y en el contexto del patrimonio. El movimiento de la «nueva museología» comenzó en la década de 1960, preocupándose fundamentalmente por la democratización de las prácticas de los museos y destacando la importancia de la participación de la comunidad en todos los aspectos del trabajo museístico.

Colossal

Por otro lado, el término «museo integrado», que hace referencia a una institución que toma en cuenta los problemas sociales y políticos y actúa como un instrumento dinámico de cambio social, se acuñó en 1972 en la Mesa Redonda de la UNESCO en Santiago del Chile, destacando la importancia y el desarrollo de los museos en el mundo contemporáneo. Directa o indirectamente influenciada por la Declaración de Santiago, se desarrollaron nuevos modelos de museos en otras partes del mundo (ecomuseos en Francia, museos de comunidades indígenas en América del Norte), que mostraban un fuerte compromiso y participación de las comunidades locales. En la década de 1980, la Nueva Museología (André Desvallées, 1980 y Peter Vergo, 1989) contribuyó, de manera efectiva, a la discusión sobre los aspectos de la inclusión social, el acceso y la representación en el trabajo de los museos.

CJWHO

Sin embargo, fue más recientemente, con el libro «El Museo Participativo» (2010) de Nina Simon, cuando el paradigma participativo se exploró completamente en sus implicaciones teóricas y prácticas. Este libro presenta una clasificación interesante de las prácticas participativas en cuatro tipos que son relevantes, no solo para museos, sino también para una amplia gama de contextos del patrimonio:

  • Proyectos contributivos: aquellos donde se solicita a los visitantes que aporten objetos, acciones e ideas limitados y específicos a un proceso controlado por la institución.
  • Proyectos de colaboración: en los que se invita a los visitantes a actuar como socios activos en la creación de proyectos institucionales que se originan y,finalmente, son controlados por la institución.
  • Proyectos co-creativos: en ellos, los miembros de la comunidad trabajan conjuntamente, desde el principio, con miembros del personal institucional, para definir los objetivos del proyecto y generar el programa o exhibición en función de los intereses de la comunidad.
  • Proyectos alojados: aquellos donde la institución entrega una parte de sus instalaciones y/o recursos para presentar programas desarrollados e implementados por su público.

Ingrid Kool Clarke

Si bien las iniciativas relacionadas con los tipos de proyectos contributivos o colaborativos son bastante frecuentes (participación del público en la planificación y producción de exposiciones, a través de grupos focales; creación de grupos asesores que representan a diferentes segmentos de la comunidad local, sus necesidades e intereses antes de la apertura de nuevas galerías o de un nuevo museo; la invitación de «traer / donar su objeto» dirigida al público para contribuir al aumento de las colecciones del museo), a medida que nos acercamos al final más participativo del continuo, donde no solo la participación, sino la responsabilidad compartida entra en juego, los ejemplos tienden a escasear. Tampoco parece que encontremos muchos cuando se pasa de las actividades de la casa (exposiciones, educación) a las funciones de la etapa posterior (recolección, conservación,) que en la mayoría de los casos todavía se consideran dominio exclusivo de los profesionales. Los enfoques participativos deben ser específicos en su contexto y adaptarse a las circunstancias, dependiendo de los diferentes recursos del patrimonio, pero también de si tratamos con proyectos contributivos, colaborativos, co-creativos y organizados, o de base.

Fotolog

En el informe redactado para la Fundación Paul Hamlyn en 2010 titulado «¿De quién es el pastel de todos modos?», después de examinar 12 museos en todo el Reino Unido, Bernadette Lynch llegaba a la siguiente conclusión: décadas de financiación pública para aumentar el compromiso y la participación de las comunidades en los museos del Reino Unido, han producido muchos ejemplos de prácticas innovadoras, pero no han logrado incorporar el trabajo participativo en el tejido institucional de estas organizaciones. En algunos casos, sucedió todo lo contrario: los fondos proporcionados fuera de los presupuestos básicos para llevar a cabo actividades participativas, han contribuido a mantenerlos en la periferia de la organización. Y cuando la financiación externa ya no esté disponible, se podría concluir que también el trabajo participativo llegará a su fin. La investigación de Lynch mostró todos los límites y escollos del trabajo participativo ante una organización que no lo considera un valor fundamental: la desilusión de los miembros de la comunidad que sienten que su aporte no es realmente valorado; su resentimiento y frustración al darse cuenta de que su contribución se utiliza simplemente como un medio para sellar los planes existentes; la insatisfacción del personal en las relaciones con sus socios comunitarios, etcétera. Sin embargo, también revelaba que la actual crisis de financiación puede ser una oportunidad para que algunos museos vuelvan a focalizarse en su comunidad local y trabajen con ellos de una manera verdaderamente colaborativa.

The Dublin Simon Community

El voluntariado es probablemente el ejemplo más común y directo de participación pública o comunitaria en la vida de una institución cultural. Organizaciones como National Trust en el Reino Unido, dependen en gran medida de grupos (normalmente personas mayores) que ponen en marcha programas para capacitar, motivar y retener a sus voluntarios, contribuyendo a su desarrollo personal y profesional de manera equilibrada y compensada para ambas partes. Sin embargo, para acomodar la contribución de esta fuerza laboral no remunerada, las organizaciones culturales todavía tienen que hacer sus ajustes. En 2007, el proyecto VoCH, Volunteers for Cultural Heritage, financiado por la Unión Europea, investigó el fenómeno a nivel europeo, identificando diferentes tipos de trabajo voluntario, las áreas en las que participan los voluntarios culturales y observando el cambio que se está produciendo en las organizaciones que los albergan.

Ray-Ban

Las conclusiones son que, lejos de ser un simple reemplazo del personal remunerado, un voluntario «cuesta» en términos monetarios y de tiempo, reclamando ajustes organizativos que no deben subestimarse. De hecho, para que este programa de voluntariado sea efectivo, debe plantearse bien, con el apoyo de una visión clara y un plan de futuro que satisfaga las necesidades, visión y misión de la organización, involucrando al personal en todos los niveles y en todas las etapas. Asimismo, es preciso contar con los recursos adecuados, conocer el contexto implícito y trabajar en asociación con agencias externas. Se requiere, además, apoyo interno para garantizar que los profesionales del patrimonio cultural y los administradores entiendan los beneficios de implicar a los voluntarios en su trabajo. El valor de trabajar con voluntarios va más allá del simple logro de una tarea. Cuando las organizaciones culturales incluyen voluntarios, se involucran partidarios clave en su visión y misión. Los voluntarios, a su vez, son defensores muy valiosos de un museo o sitio de patrimonio, aportando pasión y compromiso a la forma en que se comunican con el público habitual y el potencial. Se trata, pues, de un grupo que puede jugar un papel muy importante como «puente» entre las organizaciones del patrimonio y el resto de la comunidad, algo mucho más relevante que ser simplemente un instrumento para hacer frente a la falta de recursos financieros y/o humanos.

Red Cross

Para concluir, mencionar que el argumento clave consiste en considerar que el patrimonio lo constituyen y definen las personas, y que adquiere y desarrolla un significado si esa interacción continúa: «… es necesario entender el patrimonio en su contexto más amplio, como un escenario para el cambio y desarrollo continuos, y a través de los procesos culturales y socio-económicos en curso. En ese proceso, la narrativa histórica podría tener una importancia creciente no solo para las interpretaciones y representaciones museológicas, sino también para una comunidad local donde el pasado histórico podría estar también interrelacionado con todo tipo de desarrollo social».



Si quieres recibir nuestro newsletter, y/o la bibliografía y recursos asociados al artículo de hoy, pídenoslo en el boletín adjunto, dejando claro que solicitáis la bibliografía y los recursos asociados al artículo, por favor. Si quieres recibir los artículos por correo electrónico completa el campo correspondiente en el formulario de inscripción que encontrarás en la cabecera de esta página. Tu dirección de correo electrónico será utilizada exclusivamente para enviarte nuestros newsletters, pudiendo darte de baja en el momento que quieras.

5 Respuestas a “Patrimonio Cultural y Comunidad Participativa

  1. Pingback: Patrimonio Cultural y Comunidad Participativa — – Mediarteducation·

  2. Pingback: Patrimonio Cultural y Comunidad Participativa — EVE Museos e innovación – O PATRIMÓNIO É NOSSO·

Tus comentarios son muy importantes para nosotros

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.