Objetos Nativos y Percepción Sensorial

Los objetos que provenían de tierras exóticas ofrecían a los europeos la posibilidad de experimentar un contacto seguro, pero potente, con los “otros mundos” de donde procedían. Poco importaba en muchos casos cuáles eran los usos y significados reales de dichos objetos y artefactos en sus propias sociedades; lo que interesaba eran más bien las formas en que podían confirmar las representaciones occidentales de las culturas no occidentales, y servir de trampolín para disparar la imaginación occidental. Así, por ejemplo, se creía que lo que se percibía como rasgos distorsionados y exagerados de las máscaras y estatuillas nativas correspondía a una sensualidad igualmente distorsionada y exagerada. Una lengua colgante, o unos ojos saltones en una máscara o estatua, invitaban a reflexionar sobre la naturaleza glotona o lasciva de la sociedad que generaba esos iconos.

Jellyfish Heart

Aunque a menudo estimulan las sensaciones viscerales de horror y disgusto, los objetos y artefactos indígenas poseen además el potencial de inspirar sentimientos más elevados. Un ejemplo interesante de ello es la reacción del escritor del siglo XVIII Horace Walpole ante un “quipu”, un dispositivo de grabación empleado por los incas. El quipu estaba elaborado a partir de un conjunto de cuerdas anudadas de diferentes colores colgadas de una cuerda maestra (quipumaker). La posición y el tamaño de los nudos, así como la diferencia de colores, sirvieron para referir la información que los incas consideraron digna de mención, desde la población hasta las oraciones.

El quipu era un medio muy sensual, con un toque y ritmo atractivos en la atadura de los nudos, e involucraba una amplia gama de colores y patrones (Classen 1993b: 125). No era plano y lineal, como aparece recogido. En el Código del Quipu, Marcia y Robert Ascher escriben:

“Las cuerdas del quipumaker no presentan superficie en absoluto… Un grupo de cuerdas ocupa un espacio que no tiene una orientación definida; como el quipumaker conectaba cuerdas entre sí, el espacio se definía por los puntos donde se unían las cuerdas… Las posiciones relativas de las cuerdas se configuraban por sus puntos de unión, y es la posición relativa, junto con los colores y nudos, que hacen que la grabación sea significativa. Esencialmente, el quipumaker debía tener la capacidad de concebir y ejecutar una grabación en tres dimensiones y con color (Ascher y Ascher 1981: 62).

My Modern Met

Intrigado por el quipu que le había sido enviado por un coleccionista de antigüedades, Walpole pudo ver en él posibilidades de nuevos lenguajes sensoriales, como el lenguaje de colores o el táctil, con el que se podían tejer poemas y rimas de nudos. Escribió a su corresponsal que tratar de entender el colorido quipu era como tratar de “mantener un diálogo con un arco iris con la ayuda de su gramática, un prisma, porque aún no he descubierto cuál es el primer o el último verso de cuatro líneas que cuelgan, como capas de cebollas” (Walpole 1965: 261-3).

Inspiration.de

Walpole sigue imaginando la naturaleza de un lenguaje de colores, pensando en la posibilidad de hacer juegos de palabras a través de matices superpuestos, o de expresar esos matices a través de variaciones delicadas en la sombra. “Un bermellón debe denotar una pasión más débil que un carmesí, y un pajizo será mucho más tierno que uno que se acerque al naranja” (ibid.).

Las cualidades táctiles del quipu inspiraron ensueños similares en Walpole. “Percibo que es un lenguaje muy suave”, escribió, “aunque al principio enredé el poema y arruiné las rimas.” De hecho, Walpole dijo estar “tan complacido con la idea de anudar versos, que es mucho más preferible que anagramas y acrósticos, que si tuviera que comenzar la vida de nuevo, usaría una lanzadera en lugar de una pluma “(ibid).

Weare Place

Finalmente, el quipu, con sus hilos impregnados de antiguos olores, llevó a Walpole a reflexionar sobre el tema de un lenguaje olfativo. Escribio:

“¿Por qué no debería haber un lenguaje para la nariz?… Una rosa, un jazmín, un jonquil y una madreselva podrían significar las vocales; otras vocales podrían ser representadas por otras flores. El Jazmín del Cabo, que tiene dos olores, nació como diptongo. ¡Qué encantador sería oler una oda de un ramillete y oler el pañuelo con una canción favorita!” (ibídem.)

En este vuelo de fantasía, Walpole obviamente no estaba accediendo a ninguno de los significados indígenas codificados en el quipu. Tampoco lo pretendía. Solamente sabía que el quipu fue utilizado como un dispositivo de grabación por los incas. Manejar esta forma multisensorial de “escritura” sirvió a Walpole como estímulo para desarrollar ideas sobre las correspondencias sensoriales que estaban de moda en Europa, y que encontrarían una mayor elaboración en el movimiento simbolista del siglo XIX (Classen, 1998). Sin embargo, su contacto físico con el quipu acercó potencialmente a Walpole a su significado indígena en , al menos, un sentido. Walpole fue capaz de concebir que los diferentes aspectos sensoriales de este instrumento podrían usarse para codificar información, una noción que luego sería suprimida por interpretaciones etnográficas más visualistas del mismo.

 Isabel Muñoz

Significativamente, los coleccionistas y viajeros europeos no solo trajeron a casa muestras de las culturas que habían concido, sino que con frecuencia nos las representaron. Así, en el siglo XVIII, Lady Mary Worsely Montagu encargó un retrato de sí misma en traje turco después de sus extensos viajes por Turquía;  y el botánico Joseph Banks fue pintado con una capa de tela de corteza polinesia a raíz de sus exploraciones en el Pacífico Sur. En esta última pintura, Banks sostiene una esquina de la capa en una mano y la señala con la otra, para que reconozcamos la capa como prueba tangible de sus viajes y nos sintamos invitados indirectamente a sentir el curioso tejido (Thomas 1991: 142- 3). Incorporar los pueblos de otras tierras mediante la vestimenta permitió a los europeos fingir un conocimiento íntimo de sus culturas y jugar con la fascinación europea por “volverse nativos”. Pero sólo fue éso, un juego, pues los observadores de esta farsa así lo entendieron; aunque los adornos eran exóticos, las sensibilidades europeas subyacentes estaban intactas.



Fotografía principal: My modern Met

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