Diseño de Exposiciones: La Sintaxis Espacial

Uno de los retos al que nos enfrentamos los diseñadores de exposiciones es que nuestro diseño se fusione con el espacio de manera sencilla y fluida. Este concepto es muy importante, ya que apoya la comunicación de una manera subconsciente, casi imperceptible. Una dificultad adicional a la hora de teorizar sobre el diseño de exposiciones, es la ausencia de un lenguaje común para los proyectos, que pueda ser utilizado para facilitar la comunicación y el entendimiento entre los diseñadores, educadores, curadores y otros profesionales planificadores de exposiciones (Hillier y Tzortzi, 2011; Macdonald, 2007; Stenglin de 2004 ). Describiremos a continuación algunos avances que han tenido lugar para lograr un lenguaje compartido, a pesar de que aún debe aparecer un vocabulario mucho más sencillo aplicado al diseño de las exposiciones y alejarnos de los “palabros” (Macdonald, 2007).

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Sintaxis espacial de la exposición

Denominamos así a una forma de describir, cuantificar y analizar las relaciones espaciales que se usan en la arquitectura y en el diseño urbano, incluyendo los edificios de los museos (Hillier y Tzortzi, 2011). La sintaxis espacial cuantifica espacios refiriéndose a sus relaciones entre sí y con los visitantes, ayudando a racionalizar determinados parámetros que puedieran ser posteriormente aplicados al diseño, como es el uso del propio espacio, los tamaños, las proporciones y la distancia entre los elementos expositivos (Hillier y Tzortzi, 2011).

Dos conceptos fundamentales para el diseño del espacio son la integración (cuanto más integrada esté la distribución, menor número de espacios se deberán atravesar para llegar a todas las demás áreas), y la conectividad (el número de otros espacios accesibles directamente desde un espacio determinado) (Hillier y Tzortzi, 2011).

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La visibilidad combinada entre los espacios (que puede ser diferente a la conectividad) también se ha utilizado como una medida de referencia (Choi, 1999; Rohloff, Psarra, y Wineman, 2009). Si bien la integración y la conectividad describen propiedades espaciales aisladas, el grado en que se relacionan positivamente contribuye a la compresión general de una distribución espacial determinada (Hillier y Tzortzi, 2011).

La mayoría de los estudios sintácticos del espacio del museo, se han centrado en las instituciones dedicadas a la exposición de arte, y en el grado en que sus propiedades arquitectónicas influyen en el flujo de visitantes (Choi, 1999; Hillier y Tzortzi, 2011; Rohloff et al, 2009;. Zamani y Peponis, 2010). Estos estudios nos muestran que el tráfico de visitantes en un museo se concentra en recorridos lineales más integrados, que es el medio más eficaz de moverse de galería en galería. Los edificios con un alto nivel de integración tienden a resultar más informales y dinámicos, ya que obligan a que los visitantes se crucen unos con otros y estén más en contacto entre sí (Hillier y Tzortzi, 2011).

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Por otro lado, el nivel de conectividad también es importante a la hora de definir la sensación general de espacios. La baja conectividad impone limitaciones a la circulación de visitantes; esto dificulta la creación de una exposición didáctica de narrativa lineal. El aumento de la conectividad proporcionará más opciones de recorrido y por lo tanto un mayor potencial para la elección y la exploración del visitante. Sin embargo, una muy alta conectividad puede ofrecer demasiada variedad de opciones, creando un diseño confuso que puede resultar complicado para el entendimiento de los visitantes (Hillier y Tzortzi, 2011).

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Hasta la fecha, los estudios de la sintaxis espacial en los museos, se han centrado principalmente en la relación de las propiedades sintácticas de esos espacios (como la conectividad, la integración y la visibilidad) con la observación del comportamiento del público, como puede ser el tráfico de visitantes en el edificio, el movimiento del visitante en un recorrido concreto, la ubicación y duración de su visita, dónde se detienen, etcétera (Choi, 1999; Hillier y Tzortzi, 2011; Kaynar, 2000;. Peponis et al, 2004; Rohloff et al, 2009;. Wineman y Peponis, 2009). Esta investigación es muy útil, ya que nos permite determinar cómo el espacio es utilizado por los visitantes, aunque esté limitada a la observación in situ del comportamiento del público en un momento temporal. Estudios más recientes han abordado este problema (Lu y Peponis, 2014), pero tienen la limitación de estar basados en modelos virtuales para la configuración espacial de la exposición. Además, cuando se considera la dinámica del visitante con relación a la exposición, la sintaxis del espacio se impone sobre los parámetros espaciales de un entorno, en lugar de estudiar cómo son las características individuales de los visitantes, algo determinante para dar forma a la percepción de ese espacio. Necesitamos, pues, investigar algo más para determinar cómo las medidas de sintaxis espaciales influyen en la percepción de los visitantes ante las exposiciones reales.

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“Isovistas” y espacio expositivo

Dentro del mundo de la arquitectura, el concepto de “isovista” se puede utilizar para caracterizar ambientes interiores. Un espacio expositivo es la extensión visible desde un punto de vista determinado en el espacio, punto de vista al que vamos a denominar isovista. La relación entre la distribución y el espacio que nos rodea, dependerá siempre de la forma de la sala. Para los espacios convexos, la isovista y la forma de la sala se funden (como en el caso de la interconexión de espacios en línea que se ven a golpe de vista). En estos casos, la isovista puede ser más amplia que el tamaño de la sala. Para los espacios cóncavos, la isovista será más reducida que la sala, con una distribución que sólo es visible por partes y no en un todo. La isovista en espacios cóncavos tienen límites invisibles que denotan la extensión que se percibe desde el punto de observación, sin poder ver más allá de los límites sólidos correspondientes a muros u otras barreras físicas (Stamps, 2007).

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Como si se tratara de dos dimensiones (altura y profundidad), las isovistas se pueden tomar desde diferentes niveles dentro de una misma habitación, cuando las diversas elevaciones tienen diferentes propósitos: Una isovista a nivel de los ojos medirá la zona que es visible desde un punto de vista de altura humana; una isovista al nivel de las rodillas medirá el área que es físicamente accesible. Los diferentes puntos de observación en la configuración de la exposición de planta abierta, determinarán dónde se crean las barreras al movimiento dentro de la exposición, aunque no afecten a la visibilidad de la misma (Wineman y Peponis, 2009).

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Las isovistas muestran su potencial como base para hacer estudios sobre las propiedades psicológicas de un espacio. Para la isovista, la profundidad y la concavidad del espacio parecen ser las propiedades más importantes desde un punto de vista psicológico, aunque se ha argumentado que las isovistas están limitadas, por el hecho de que se trata de un parámetro de sólo dos dimensiones, que no toma en cuenta la altura del techo, algo que consideramos un factor importante en la percepción global del espacio (Stamps, 2005a ; Stenglin, 2004). Por otra parte, la isovista describe una visión de 360° lineal, sólo una parte de lo que estará dentro de la línea de visión de un visitante mientras se desplaza a través del espacio de la exposición. De lo que ve un visitante y cómo lo interpreta, deberá depender la dirección que determinemos para su movimiento y su ángulo de visión (Lu y Peponis, 2014). Así, la isovista puede ser considerada como una descripción del campo de visibilidad, en el que se describe la diversidad de puntos de vista posibles tomados desde el aspecto de vista particular. Lo sabemos, resulta un poco galimatías, pero es lo que hay por el momento.

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Para los espacios de altura uniforme (como en la mayoría de los espacios de una exposición convencional) Franz y Weiner (2008) han propuesto y llevado a cabo pruebas mediante la investigación de una teoría “semántica” del espacio. Esto se refiere a las propiedades de las isovistas con relación al espacio y a la experiencia del visitante en la exposición: la amplitud espacial, la distribución, la complejidad y el orden de los contenidos, que son propiedades generales dentro de lo denominamos “psicología ambiental”. Si os parece, todos estos conceptos los estudiaremos más detalladamente en próximas entradas.

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