El Museo Sin Vitrinas

El nuevo Museo Nacional de Palestina es un monumento impresionante en honor a un estado que todavía no existe como tal. Diseñado por una empresa de arquitectura de Dublín, el museo en sí es singular y moderno, con muros cortina de vidrio, rematados por piedra caliza blanca lisa; todo el conjunto resulta muy angulado. Si lo observamos desde lejos, se parece a un búnker de baja altura que se alza sobre una colina al norte de Ramallah; en el interior, sin embargo, es ligero y abierto. Un jardín dispuesto en terrazas se extiende alrededor, con docenas de especies locales: almendros, higueras, menta y za’atar.

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En el día de su inauguración, sólo se echaba de menos una cosa: la exposición. Cuando los primeros y escasos visitantes llegaron al museo, se encontraron con un edificio vacío, sin nada en su interior. Los curadores estuvieron años planificando la exposición inaugural “Nunca Separados” (“Never Apart”), cuya temática giraba en torno a los objetos personales que los refugiados palestinos se llevaron cuando se vieron obligados a abandonar sus hogares. El problema de origen fue que el director del museo, Jack Persekian, renunció unos pocos meses antes de su apertura al público, debido a “discrepancias” con el comité directivo general del museo, y la exposición se pospuso sine die.

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La frustración del visitante ante un “museo vacío” que ha costado 24 millones de dólares, pudiera resultar un problema minúsculo, comparado con los múltiples conflictos que se viven en Palestina. La idea de construir el museo se concibió por primera vez en 1997, pero los planes pronto fueron suspendidos en medio de la violencia de la segunda intifada, o levantamiento palestino. Los organizadores no se hicieron cargo del terreno para la construcción del museo hasta el año 2013, y el proyecto, planificado para ser terminado en un año, se fue retrasando sucesivamente por una serie de sobrecostos y problemas de todo tipo.

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Los responsables del museo culpan de todos sus problemas a Israel, que controla la frontera ocupada entre Jordania y Cisjordania. Por poner uno de los muchos ejemplos de las razones del retraso, los sistemas de iluminación que se enviaron al museo desde Alemania, nunca pudieron cruzar la frontera, ya que el envío fue bloqueado por las autoridades aduaneras israelíes sin dar explicaciones. La empresa de jardinería de Jordania, por su parte, tampoco fue capaz de obtener una visa para cruzar la frontera, por lo que el responsable del proyecto de adecuación paisajística del museo se vio obligado a supervisar toda la construcción de los jardines usando un chat de vídeo.

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Todo fueron problemas, zancadillas y dificultades, algo que en realidad es muy común para todos los promotores de la zona. Bashar al-Masri, un acaudalado hombre de negocios que está construyendo la primera ciudad planificada de Palestina, realiza los pedidos con un mínimo de seis meses de antelación, de este modo puede hacer frente a los inevitables retrasos en la frontera. Al no disponer de grandes almacenes propios, bien surtidos de todo lo que se necesita para construir( desde cemento hasta mármol) , los retrasos y costes se disparan,  y a ésto se suman, además, todas las dificultades logísticas. Al menos, el museo está dirigido por una organización privada, lo que hace que se mantenga, por el momento, al margen de las pugnas políticas incesantes en la zona.

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Durante la última década, los palestinos han intentado construir las bases de lo que podría convertirse en un estado: Un cuerpo de policía, un banco central, etcétera. En la ceremonia de inauguración del museo, a la que asistió aquel sempiterno presidente “democrático” de Palestina, Mahmud Abbas (el que negaba el Holocausto), éste declaró que el museo era otro paso importante para la construcción del estado palestino. En su discurso dijo: “Lo único que nos queda ahora es declarar la independencia, lo que haremos todos juntos muy pronto”. Sin embargo, el proceso de paz está en coma, el gobierno de Israel es inquebrantable (desde hace un mes les han cortado el suministro de agua) y los palestinos están cada vez más divididos, sin remedio a la vista, entre lo que es ahora su gobierno y el grupo islamista Hamas, que controla Gaza.

35ee0b0f37c071dbe395572e35c1ae5dFran Méndez

Aquel día de la inauguración, pocos creyeron en las palabras de Abbas, y mucho menos los directores del museo. Sin un estado independiente, los 1,8 millones de personas que se encuentran en Gaza, no lo pueden visitar, ni tampoco los tres millones de refugiados que viven en los países vecinos y que tienen problemas mucho más importantes, como por ejemplo salvar sus vidas huyendo de Siria. Por todas estas razones y muchas más, los comisarios están planificando hacer una serie de espectáculos, vía satélite, para rellenar el vacío. Curiosamente, aquella primera exposición del Museo Nacional de Palestina sobre la historia de lo imprescindible, solo se pudo visitar en Beirut.

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Foto principal y para redes sociales: Bansky en Design Boom

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