5 Principios Básicos de la Didáctica en los Museos

5 Principios Básicos de la Didáctica en los Museos

 

Los museos, en estos últimos años, han ido modificando progresivamente sus funciones, introduciéndose cada vez más en la actividad didáctico-educativa. Esta corriente de nuevos planteamientos no es nueva. En los museos norteamericanos, como hemos mencionado en ocasiones, existe ese interés por la didáctica museológica y museográfica desde principios del siglo XX, y desde entonces han seguido desarrollando programas educativos. Hasta la década de 1930, estos programas se dirigían a las escuelas públicas, y cada museo preparaba diversos programas para desarrollar en el interior del museo. Desde ICOM (international Council of Museums), se acordó que los museos deberían desarrollar funciones específicas relacionadas con la educación y la difusión cultural, y que tenían que contar con un espacio determinado dentro del museo que podrían denominar «Departamento de Educación y Acción Cultural».

Los destinatarios de todo este planteamiento son los diversos colectivos de usuarios del museo, y aún cuando su oferta se suele centrar  – normalmente pero no siempre – en los niños y jóvenes, su acción se orienta, en realidad, a todo tipo de público. Se diseñan programas que comprenden visitas guiadas al museo, edición de hojas de aprendizaje y maletas didácticas, organización de talleres o laboratorios, proyección de películas y vídeos. También se organizan espacios especiales dentro del museo: salas para niños; programas educativos para cursos escolares concretos; diseño y producción de exposiciones itinerantes; jornadas monográficas, conferencias, divulgación, actos… Los museos deben mantener vocación didáctica si realmente quieren ser museos modernos, sin renunciar a ninguna de estas opciones relacionadas con los más jóvenes, pero sin olvidar al resto del público. Por otra parte, el montaje de las exposiciones permanentes debe atender a los principios básicos de la didáctica, y no quedar reducido sólo a una sala en «modo isla». El diseño de los contenidos de todo museo, sin excepción, debe basarse en lo que conocemos como los principios didácticos referidos al público; que son cinco:

1. Hay que dirigirse al público con mensajes diferenciados. No todas las personas tiene la misma capacidad de comprensión. Por ello, si queremos acceder a todos los niveles de entendimiento, debemos esquematizar, usar dibujos, obviar tanto texto. Esto facilitará la comprensión, captando la atención del visitante sobre cada tema, sin aburrirlo ni agobiarlo.

2. El público debería poder comprobar que ha aprendido cosas. Esto es muy importante, ya que no hay nada mas estimulante para el visitante del museo que se esté dando cuenta de que está aprendiendo cosas nuevas durante la visita. La percepción del progreso personal se convierte en un regalo si el museo es capaz de provocar esa sensación en el público. Normalmente estas comprobaciones se hacen a través de preguntas, enigmas que necesiten respuesta, soluciones que hay que buscar y encontrar a determinados problemas. Deberían existir también los autotests y recursos para ponernos a prueba,  sin perder de vista lo lúdico en ningún momento.

3. Conviene dirigirse a cada segmento de público de forma diferente. Este principio hace referencia al hecho que no todos los sectores del público son iguales, obviamente. Dichos sectores van desde el erudito, catedrático de universidad , especialistas de todo, hasta el abuelo que va con su nieto a visitar el museo con el consabido miedo a que el niño se aburra. Existen recursos para encajar los contenidos a todos los niveles de comprensión, llamando su atención con titulares como: «Para saber más…», que permite ampliar información a aquellos que lo necesiten; hacer preguntas también ayuda, las estrategias son variadas.

4. A nadie le interesa resolver problemas que jamás se planteó. Los enigmas sólo resultan divertidos para aquellos que tienen una idea clara respecto al mensaje que intenta trasmitir la exposición. Subir el nivel de comprensión de la exposición es un error, las personas se aburren aunque hagamos felices a los tres eruditos. Colocar una pregunta o sugerir un problema es la mejor forma de iniciar una explicación, pero siempre de manera que puedan formar parte del escenario en parte conocido por el visitante. Así, textos que empiezan por: «¿Sabe usted como…?», pueden acercar al visitante a un objeto más eficazmente que mediante una larga explicación sobre la importancia del mismo.

5. La visita siempre debería contener una cierta opcionalidad. A todos nos gusta elegir. En el museo,siempre son mejores los circuitos de recorrido abierto que cerrado. Lo cerrado genera ansiedad por terminar, por salir del circuito. Los circuitos abiertos dan la sensación de que controlamos la situación, sobre todo si vamos acompañando a niños. El peor enemigo del visitante medio, son las largas galerías que llevan a otras galerías aún más largas y que, de salirnos de ahí, corremos el riesgo de perder el hilo de la exposición. Una opción razonable es que, a pesar de presentar al visitante un recorrido abierto, exista cierta dirección dentro de la exposición, aunque ésta pase prácticamente desapercibida. Son soluciones de diseño museográfico puras.

Resumiendo, para terminar:

  •  Hay que dirigirse al público con mensajes diferenciados.
  • El público debería poder comprobar que ha aprendido cosas.
  • Conviene dirigirse a cada segmento de público de forma diferente.
  • A nadie le interesa resolver problemas que jamás se planteó.
  • La visita siempre debería contener una cierta opcionalidad. Nos gusta elegir.

En un próximo artículo os hablaremos de los principios didácticos referidos a la exposición como unidad.


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